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La magia de traer niños de París

La magia de traer niños de París

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| 19/06/2019 A A
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La magia de traer niños de París
Mira que son listos los lobos –«el animal más listo que hay después del Papa y su señora», según Santiago el pastor– y nadie los libró de estar en peligro de extinción, de entrar en la lista roja del patrimonio animal.

Mira que es grande y poderoso el oso pardo y vio cómo cada año eran menos en libertad, cómo casi se quedaban de osos de feria en parques nacionales o para que Revilla presumiera de su potencia reproductora.

Mira que es bello el vuelo del águila imperial, pero algún día tiene que bajar del cielo y en la tierra le acechan los mismos peligros que a quienes tienen vuelos menos espectaculares, los mismos venenos.

Mira que buscan con ahínco los fotógrafos poder plasmar imágenes de corzos y ciervos caminando como bailarines del lago de los cisnes, pero el potente objetivo descubre en su piel la sarna o en la noche se escuchan sus estertortes por intentar respirar ante ese bicho que se cuela en su cuerpo y le roba el oxígeno.

Habría muchos casos similares. Ninguno logró recuperarse como hizo aquella cigüeña abatida por las escopetas del hambre cuando emigraba a África, que fue expulsada de los pináculos de la Catedral, lanzada a los vertederos... y, sin embargo, cada día eran más, cada día son más.

La magia de seguir creyendo que los niños vienen de París... en cigüeña.
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