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La leyenda de los siete molinos de Garrafe

La leyenda de los siete molinos de Garrafe

UN VERANO SIN LUCHA IR

Florencio Díaz, El Molinero de Garrafe, una de las primeras leyendas de la lucha. Ampliar imagen Florencio Díaz, El Molinero de Garrafe, una de las primeras leyendas de la lucha.
Fulgencio Fernández | 25/07/2020 A A
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La leyenda de los siete molinos de Garrafe
Un verano sin lucha El Molinero de este pueblo del Torío fue una de las primeras leyendas de la lucha y padre de 7 hijos, molineros y luchadores, repartidos por numerosos molinos de la provincia
El ‘corro de los lunes’ de la Romería de las Manzanedas siempre tiene un sabor especial. Ya en el mes de septiembre, cuando la competición encara su recta final, con muchos público después de una romería multitudinaria, a la sombra del Santuario... han pasado muchas cosas en este corro, el único que elige un lunes. Allí se han decidido Ligas, allí han tenido muchos luchadores su primera oportunidad, han ganado su primer corro y otros han elegido este lugar para intentar algunas gestas. En este corro de las nprobó suerte por primera vez npara luchar en pesados; también lo hizo años después Tomasuco o Rubo, saltando de medios a semipesados.

Aquí duró una final entre Rambo y Óscar más de una hora y raíz de ella se decidió limitar los tiempos para evitar la repetición de estas situaciones.

Y aquí se vivía con relativa frecuencia hace un siglo una situación que se daba muy pocas veces, el desafío de una familia contra todos los presentes. Lo hacía Florencio Díaz, El Molinero de Garrafe, y sus siete hijos molineros: «El Molinero y su familia contra todos», se atrevía a decir.

Y es que a este molinero, decía su hermana Pilar, «no había quien le pusiera la espalda en el suelo». Aunque realmente Florencio había nacido en Palazuelo de Boñar, «por las cosas que tenía la vida de entonces, sobre todo la de los molineros, que se movían de un molino de la familia a otro, según las necesidades del trabajo».

Florencio, hijo y hermano de luchador, fue uno de los primeros mitos de este deporte ya que había nacido en 1890 por lo que las gestas que se le recuerdan en los años 30, como el Campeonato Provincial logrado, lo hizo ya con más de 40 años, una edad muy longeva para aquellos tiempos y, recuerda su familia, «cuando puede que ya estuviera enfermo pues falleció en 1939 después de una larga enfermedad».

Florencio había sido el gran luchador de las primeras décadas del siglo XX, añadiendo a sus condiciones deportivas « su nobleza, humanidad y buen carácter», según recordaba José A. Robles en su tesis sobre la lucha leonesa, añadiendo que « Destacaba por su envergadura y peso cercano a los noventa kilos pero fue más que un luchador, era un auténtico atleta y gimnasta capaz de realizar un salto mortal para descolgar con los pies la gorra del techo del molino, desplazarse a pie más de treinta kilómetros para luchar en un corro o coger un costal de trigo de ochenta kilos debajo de cada brazo. Los reconocimientos llegaron hasta ser el primer deportista en ser homenajeado individualmente en un artículo en la prensa de 1929, ya al final de su vida deportiva».

Otros luchadores que defendieron el nombre de Garrafe por los corros fueron Chuchi, el campeón de ligeros, Isaac, seleccionado para un Europeo de Luchas Celtas’ u Óscar Viñuela, campeón provincial en el año 2000 derrotando en la final a Héctor El Divino.
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