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La intemperie

La intemperie

OPINIóN IR

18/01/2021 A A
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La intemperie
Quedarse sin vida social puede que para muchos sea como quedarse a la intemperie. Volver a un modo de vida antiguo y campesino en el que el pensamiento y los sentimientos contaban poco, siendo desplazados por los quehaceres diarios, lo que se llamaba entonces «los trabajos y los días». Pero en la vida intelectual cuentan, y mucho, los sentimientos y el pensamiento mismo. Y por eso, esta pandemia y sus reclusiones sociales terminan por atacar el ecosistema mental de quienes, añorando los valores individuales, escuchan que los políticos necios, al hablar de la vacuna, hablan de «inmunización de rebaño» y todas esas lindezas. Son muy pocos los que agradecen un tanto este regreso a la vida a la intemperie, y entre ellos, algunos ancianos siderales como los que describe nuestro Luis Mateo Díez en su reciente libro del mismo título.

Habla el poeta Joan Margarit que «el tema de la poesía siempre es la intemperie». Si lo sabrá él, que escribe siempre como si estuviese calculando la estructura de una pérdida. También suele repetir que «la verdad es de muy difícil acceso». Y tanto en lo primero como en lo segundo está de acuerdo este cronista para quien la arrasadora pandemia se ha juntado con la devastadora impronta de la edad, produciendo ambas un efecto rebote que le lleva a dar las gracias a la vida por haber llegado hasta aquí, a pesar de todo.

Como quien pone pie en pared y se revuelve contra sus perseguidores; como quien ha ido construyendo su casa a su medida y con sus propias manos, con adobes hechos en familia y secados al sol de la inclemencia, y cuando llega el turbión escucha el crujir de las vigas de chopos que eran suyos, plantados por su mano en la ribera, así de fuerte se puede llegar a sentir quien nada tiene, y nada envidia, y nada añora, cuando todo a su alrededor parece sometido al fuerte impacto de un terremoto. Porque sabe que aferrarse a la verdad es una garantía. Aunque la verdad «no siempre es bella…pero siempre es un consuelo».

Después de haber sobrevivido a los silencios de la posguerra, y al adoctrinamiento de los sacerdotes, cómplices muchos de ellos de la perpetuación de la ceguera franquista, ninguna pandemia puede sacarnos a nosotros los colores, ni acobardarnos ante la amenaza de la muerte. Por eso estamos en condiciones de animar a la población, a la intemperie, a luchar contra este mal, repartiendo entusiasmo y fuerzas a diestro y siniestro, y recordando que de otras mayores hemos salido y que también saldremos de esta.

La intemperie de rebaño, dirán algunos.
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