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La hucha

La hucha

OPINIóN IR

06/12/2016 A A
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La hucha
Cuando éramos pequeños quien no tenía en su casa una hucha, aquella hucha donde metíamos la propina que nos daban nuestros abuelos, nuestros padres, nuestros tíos, aquello que tanto se estilaba.

Esas costumbres las hemos ido perdiendo, por el contrario, estos últimos años, no paramos de hablar de la hucha de las pensiones. Ese invento del cual parece que depende el futuro de miles de nuestros mayores. Pues nada más lejos de la realidad, nunca antes las pensiones dependieron del nivel de llenado de una hucha. Que no nos asusten con estas especulaciones, las pensiones deben estar garantizadas de una u otra forma, ya sea vía impuestos o cotizaciones de los trabajadores en activo, y no del estado de ese artilugio llamado hucha.

Ya está bien de jugar y especular con nuestros mayores y sus pensiones, para captar adeptos y votos. No está mal que haya un fondo de reserva, hucha o como queramos llamarlo, pero en ningún caso puede ser el maná que garantice el bienestar de los jubilados. Eso se garantiza de otra forma como siempre se ha hecho. La hucha se llena y se vacía a gusto del gobernante, unos la han llenado y otros la han vaciado. Es decir, algunos han preferido desviar su dinero para pagar deuda, para los recortes que exige la equivocada política europea de austeridad y recortes, pero eso no significa que las pensiones estén en juego, solo faltaba. De lo contrario significaría el estallido social, el lío de la marimorena, el escenario donde empezarían a rodar cabezas. Algo similar a la toma de la Bastilla en la Revolución Francesa.

Entre col y col, especular con el asunto de las pensiones beneficia a muchos sectores, entre otros la banca y los seguros, por aquello de fomentar la contratación de los fondos y planes de pensiones. Pero alguien en su sano juicio, puede pensar que con los empleos precarios y sueldos míseros que ahora tenemos en España, la mayoría de los trabajadores pueden ahorrar para tener en el futuro un plan de pensiones o jubilación, de donde no hay leche no se puede ordeñar.
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