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La fuente de Llamacueva, la que mana agua, historias y leyendas

La fuente de Llamacueva, la que mana agua, historias y leyendas

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Fulgencio Fernández | 15/03/2021 A A
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La fuente de Llamacueva, la que mana agua, historias y leyendas
Tesoros de los lunes Esta fuente en el pueblo cabreirés de La Cuesta, es el rincón hasta el que nos conduce Iván M. Lobo, secretario del Instituto de Estudios Cabreireses y buen conocedor de este mágico rincón, pues forma parte de su propia memoria infantil
Seguramente lo mejor que tienen las redacciones de los periódicos es que, de vez en cuando, hasta ellas llega, por cualquier medio, una carta que pide ‘amparo’, cobijo, para sus sueños, sus ideas, un libro arrumbado en un cajón, una injusticia que nadie soluciona... Si no abres esas cartas, escuchas a quien en ellas vive, no tiene ningún sentido lo que haces.

Un día, ya en tiempos del correo electrónico, hace unos años, comenzaron a llegar correos de una empresa de ingeniería, de un joven ingeniero, pero no hablaban de esa profesión sino de su tierra. El remitente era un cabreirés con ganas de contar que Cabreira (a él le gusta más, y sin el La) existe, vive y tiene futuro. Era Iván M. Lobo, de La Cuesta, y le preocupaba todo: el habla de Cabrera, el patrimonio, la geología, que los carteles estuvieran en cabreirés, la música tradicional, los oficios, la historia, las tradiciones... pero, sobre todo, las gentes de Cabrera y el futuro, por el que quería trabajar. Le interesaban tanto las gentes que en el origen de alguna de sus preocupaciones, como los Campaneiros, estaba la memoria y los recuerdos de las vecinas ancianas de su pueblo o su propia abuela Ludivina (así lo dicen en Cabrera), de la que hoy nos habla Iván, yo diría más bien que hoy guía sus recuerdos.

Han pasado unos años. Iván es hoy el secretario del Instituto de Estudios Cabreireses, activo miembro de la Fueya Cabreiresa y la Fixuca, se ha convertido en defensor y excelente de las mascaradas de invierno, tiene mucho que ver con la reivindicación y presencia del cabreirés en carteles y relatos... un largo etcétera que tiene una excelente plasmación en el ambicioso programa de futuro que no hace mucho presentó el Instituto de Estudios Cabreireses, en el que trabajan con entusiasmo.
¿Los sinsabores? Para otro día.

La Fuente de Llamacueva

Con estos antecedentes parece evidente que el rincón elegido por Iván M. Lobo, su tesoro, iba a estar en Cabrera, probablemente en La Cuesta, su pueblo.

- ¿A dónde vamos?
- A la fuente de Llamacueva, en La Cuesta.
- ¿Desde cuándo forma parte de tu vida este paraje?
- Desde siempre. Hay un camino a la salida del pueblo de La Cuesta, dirección noroeste sale el camino del cementerio o de los “praos” de Llamamisines. De rapaces siempre usábamos ese camino para escaparnos en bicicleta de la zona urbana, si así pudiera llamarse, para adentrarnos en un camino donde todavía de pequeños escuchamos a los carros chillones ir a por hierba a los “praos”, y donde cuando fuimos alcanzando edad, fuimos con el tractor de algún vecino a realizar la misma tarea.

Contaban que un niño cayó dentro del agua sin que el resto pudieran sacarlo. Estuvo varias horas con las piernas sumergidas, generándole para toda su vida una minusvalíaReflexiona M. Lobo sobre cómo utilizaban aquel camino, la presencia del cementerio y lo que significa en nuestros pueblos... «Es curioso como el propio ser humano se pone límites pero a la vez los rompe según la valentía que le proporciona la experiencia. Nosotros mismos decidimos que no podíamos pasar más allá del cementerio, para ampliar posteriormente hasta el ‘chalet’ una vivienda situada a las afueras de la localidad en el mismo camino. Poco duró ese límite que ampliamos hasta una curva que hacía el camino donde siempre se formaba un gran charco de barro por el paso de un “regueiru”. Pero la osadía de los niños, y sobre todo la curiosidad, nos permitió decidir que había que seguir por el camino que no sabíamos a donde llevaba, solo a las leyendas que contaban en casa».

Y el camino llevaba al lugar que hoy elige como su rincón, la fuente de Llamacueva. «Un día, al fin, llegamos a ella, un manantial situado bajo una peña, a modo de cripta. De la propia piedra mana el agua que con el paso del tiempo ha formado un cuenquín donde sorber un agua que se nos antojaba deliciosa, no por el sabor, sino por el lugar tan espectacular. Para llegar a este paraje, había que dejar el camino y adentrarte entre las tierras de labranza hasta llegar a las peñas. Vigilada esta fuente por un arco de rosas silvestres, había que descender y dar la vuelta para entrar en esta especie de caverna natural».

Ya ha adelantado Iván que es un lugar especial, refugio de historias y leyendas, cuentos... «Al mismo lado del camino, en una zona húmeda, se formaba una zona que los rapaces llamábamos la ‘cama de agua’, porque crecían terrones tan densos en la superficie que nos permitía ponernos de pie y bailar con el terreno. Al parecer, contaban los vecinos del lugar con el fin de que no nos acercásemos, que unas generaciones anteriores a la nuestra, ya jugaban en la misma zona, y uno de ellos cayó dentro del agua sin que el resto pudieran sacarlo. Esto provocó que estuviera varias horas con las piernas sumergidas en el agua, generándole para toda su vida una minusvalía. Este hombre que vivía a la entrada del pueblo se dedicó a ser zapatero, y así tener un oficio que le proporcionó una vida digna».

Pero, recuerda, «no era la única historia que nos contaban nuestras abuelas de aquel fantástico paraje, las serpientes eran las mayores protagonistas de esa zona. Es creencia general y muy común en Cabrera que las culebras y las víboras maman tanto de las vacas, como de las mujeres. Mi abuela Ludivina me contaba como las culebras tienen un mamar muy dulce de tal forma que hipnotiza. Su narración sobre las ‘sierpes’ siempre era la misma, que iban con el ganado o con la veceira, y la mujer se quedaba dormida dando de mamar al bebé, la culebra aprovechaba ese momento con gran astucia, para separar al niño de la madre, mamar ella de la mujer y meter la cola en la boca del niño que sigue también dormido. Era común también que me contase que si dejaban en esta zona un plato de leche recién muñida de las vacas, se acercasen culebras y sobre todo víboras a beber tan preciado tesoro».
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