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La España siguiente

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06/12/2018 A A
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La España siguiente
Cuando todos creíamos que la Constitución se rompía por Cataluña resulta que tras las elecciones en Andalucía el bloque constitucionalista debería firmarse en Sevilla. Es la propuesta de Susana Díaz para intentar a la desesperada mantener su sultanato tras la victoria más amarga de la historia de las amargas victorias. La inesperada fuerza con la que entra Vox en las instituciones ha resucitado ese concepto de ‘cordón sanitario’ político con el que el bipartidismo juega para salvar los muebles. Cada vez que se abren las urnas, y quizá solo por eso haya sido Andalucía, las costuras de los que hasta ahora habían sido los grandes partidos condenados al turnismo saltan por los aires.

El PSOE descubrió en Vox la forma más cruel de venganza contra con un PP que en su momento alentó a Podemos para fragmentar la izquierda. Sin embargo, aun rota en tres pedazos la derecha, a este sanchismo obsesionado por las venganzas no le sale bien ninguna porque las sirve bien calientes y ya dijo Gandhi aquello de «ojo por ojo y el mundo acabará ciego».

Hoy la Constitución Española cumple años y por Andalucía le ha empezado la crisis de los 40. Va a ser un año duro para la Carta Magna que a esta edad empiezan a doler los artículos y solo con tocarse el preámbulo es capaz de adivinar si va a cambiar el tiempo. Este 2019 multielectoral va a sufrir mucho, que cada vez que los ciudadanos votan se le abren las tintas. Porque las elecciones empiezan a ser para nuestro sistema democrático como una revisión médica, y le pasa eso que siempre dice mi madre: «Al médico mejor no ir, no sea que te encuentren algo». Parece que los ciudadanos le encuentran cosas a esta Constitución Española cuando, bien sea a la izquierda o a la derecha, los partidos que apuestan por profundas reformas están en auge y los que insisten en que alcanzado el éxito es para toda la vida no dejan de caer. O quizá solo voten inconscientemente contra la rutina.

Esta semana se publicaba uno de los unicornios para Castilla y León como es una entrevista con el presidente de la Junta. Juan Vicente Herrera apostaba más por volver al espíritu de la Constitución que por abordar las reformas. Ambas son compatibles y de hecho lo deseable sería que las reformas que necesite nuestra Constitución se abordaran con el espíritu de consenso que inspiró la Transición. Algo arduo complicado, estoy de acuerdo en eso con Herrera, en esta política de lapos que con tal de sobrevivir alienta monstruos que crecen desbocados devorando los votos de las viejas siglas. Se acomodaron en los parlamentos los que proponen un referéndum para Cataluña y la tercera República y ahora empiezan su reconquista por Andalucía los que llevan en su programa la recentralización de competencias y la desaparición de las autonomías. A estos últimos los llaman enemigos de la Constitución pero no creo que lo sean ni más ni menos que los anteriores. No me extraña que a Herrera le duela el autonomismo, que a sus desvelos ha dedicado la vida. Considera que el sistema de las autonomías «funciona bien». Funciona, que no es poco, a pesar de los desequilibrios en la financiación, las injusticias históricas y las 17 varas de medir la educación o la sanidad según las peculiaridades de cada territorio.

La Constitución Española cumple 40 años como el mayor éxito colectivo de nuestro país. Como símbolo de reconciliación y concordia. Pero de éxito también se muere y la evolución es la única manera de no terminar engullido por cualquier especie mejor adaptada. El cambio llegará «por las buenas o por las urnas» decía no hace tanto Albert Rivera. Por los votos, por los votos precisamente está mudando de piel esta España.
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