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La disculpa

La disculpa

OPINIóN IR

06/12/2021 A A
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La disculpa
Habla el ABC del día 18-11-21 del ¿extraño? caso de una familia que retira el féretro de una mujer nonagenaria, cuyas exequias se estaban celebrando, en la iglesia de Cardona, diócesis de Solsona, por culpa de que el sacerdote oficiante se niega a decir la misa en castellano habiéndoselo así pedido los familiares. Y más que los detalles en sí del hecho, incluyendo que el sacerdote fuera uno de los 300 curas católicos firmantes del manifiesto que declaraba legal el ‘referéndum’ de 2017 de desconexión de Cataluña del estado español, este cronista quiere fijarse en la disculpa del tal para continuar la misa en castellano: «Es que no tengo los libros».

Y lo que, en principio pareciera un simple dislate, no hace otra cosa más que agravar la situación, pues en una zona de Cataluña en la que el castellano, al menos para ciertas edades de población, es casi mayoritario, nada menos que la Iglesia que tiene como fundamento la caridad, ese maravilloso concepto que la ha hecho resistir durante siglos, reconozca que ni siquiera se preocupa de que esos feligreses puedan participar en sus oficios con su idioma propio. Tampoco vamos a entrar en que la diócesis de Solsona esté en este momento sin obispo por culpa de que el titular se ha casado con una vidente o algo por el estilo y es motivo de escándalo en la prensa.

Total que, una vez más la realidad, la religión y la política, se han vuelto a enredar en una madeja con la que algunos pretenden seguir tejiendo un porvenir que se presenta turbio. ¡La disculpa, siempre la disculpa! Nada de hablarlo a fondo, de reflexionar, de dialogar; no como proclamaba Zapatero para luego terminar imponiendo su criterio. Pero siempre nos quedará la disculpa. Como aquel hojalatero-leñador, personaje de Fulgencio, que cajoneaba la provincia reparando paraguas y estañando sartenes y cazos, y al que en Cármenes lo hicieron observar un avión a reacción que cruzaba el cielo sobre Bodón, rumbo hacia el Norte, y él sentenció la situación de esta manera: ¡Hay que ver lo que somos capaces de hacer los mecánicos! Y yo, hoy porque no traje los alicates, que si no…

Aunque la fe no tiene disculpas, al lado de esos sacerdotes politizados tenemos otros, como algunos que el cronista conoce y cuya amistad comparte, que antes de desoír la petición de esa naturaleza de un feligrés serían capaces de resucitar al muerto. Y es que, si hasta el Espíritu Santo se equivoca alguna vez (pregúntenselo, si no, al Padre Isla de Vidanes y al cardenal Malvezzi) jamás pondría una disculpa semejante. ¡No traje los libros!
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