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La despoblación y las promesas

La despoblación y las promesas

EL BIERZO IR

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Ramón Cela | 11/11/2018 A A
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La despoblación y las promesas
Rincones Olvidados Si los mandamases hicieran la ‘repoblación cerebral’ y la concentración parcelaria, nos pusieran eso que llaman internet y no nos cobraran contribución durante tres o cinco años a pueblos muy pequeños, podríamos hacer muchas cosas
Es frecuente leer declaraciones de políticos que con asiduidad hacen a los medios informativos. Cada poco, se puede apreciar que dicen que se van a tomar medidas y los incrédulos, siempre pensamos, si son para un nuevo traje o simplemente, para paliar la despoblación que sufren absolutamente todos los pueblos, ya no solo de nuestra provincia, sino de todo el planeta Tierra.

El problema es grave, pero mucho más graves son las enfermedades y cada vez es mayor la esperanza de vida de la población. Cualquiera que piense un poco, se dará cuenta de que este último es debido a la atención y estudios que se realizan para que nuestra salud sea cada vez mejor y, sobre todo, más llevadera.

Con los pueblos, pasa un fenómeno curioso, los políticos hacen promesas y promesas, como si estuvieran en campaña electoral y cada vez con más intensidad, porque si con estas se arañan unos votos, siempre son bienvenidos al granero. Pero los bercianos y los procedentes de otras poblaciones pequeñas, ya estamos muy curados de todas las promesas que unos y otros nos ofrecen cada día y que vienen a ser como cuando a los sufridos mineros, les decían esto o lo otro y ninguno admitía las culpas, sino que se las echaba a sus antecesores.

Naturalmente, esto ya no viene de ahora y ya Don Manuel Azaña, decía, y con mucha razón, que las promesas de los políticos y en épocas electorales, se hacen para no cumplirlas, pero algunos pueblerinos como yo, no somos capaces de asimilar este tipo de manifestaciones fáciles, porque en los pueblos todavía queda gente a quien creer y, como nuestros conocimientos, no son dignos de master ni de tesis y mucho menos de La Autónoma, seguimos creyendo en la gente honesta, que sin duda alguna, queda, mientras que por el rabillo del ojo, miramos, no sin cierto desdén a quienes dicen lo que estamos seguros de que no va a ser cierto.

El ejercicio de la crítica es relativamente fácil, pero a la ver qué se critica, se deben aportar soluciones y como algunos no somos ni deseamos ser políticos, a veces les podemos ofrecer algunas soluciones, que como en todo, pueden resultar un enorme fracaso, pero si echamos mano a los proverbios pueblerinos, nos dicen qué: No se equivocan quienes no hacen nada y en esas están muchos de nuestros más afamados políticos.

Entonces, una propuesta de un pueblerino como yo sería que nuestros mandamases piensen un poco como si ellos fueran los que habitan en los pueblos, es decir, que se hagan una repoblación cerebral y ya metidos es estos pequeños pueblecitos digan: Si tengo seis..diez pequeñas parcelas fruto de las herencias venidas de padres a hijos, en las ciudades, se les llamaría minifundios, mientras que aquí en los pueblos, les llamamos ruina permanente, porque ya en pleno siglo XXI, por mucho que se empeñen los mandamases, yo no voy a coger una azada y partirme el alma de sol a sol.Entonces, sentado a la sombra de una higuera, me quito el sombrero y pienso, o sueño, porque ya lo dijo alguno antes que yo, que los sueños…sueños son. Si tuviera esas pequeñas huertas, todas unidas con un pequeño motocultor, podría trabajarlas en menos tiempo menos esfuerzo y tendría tiempo para limpiar los árboles del monte, porque puede venir un loco o yo mismo y prender fuego para poder recoger las castañas con más facilidad.

Esa, podría ser una opción, pero si mientras quito la piel a un higo, sigo pensando, puedo encontrar otras muchas más y una de ellas es que si el mandamás de turno dedica unos pocos eurines en hacer cuadrillas de trabajadores forestales, se quemarían muchos menos árboles y mi familia podría subsistir con un poco de aquí y otro poco de unos jornales que buena falta nos hacen.

Si sigo pensando, se me ocurre que... si los mandamases fueran más inteligentes, se darían cuenta de que con subvenciones no se arregla nada, porque eso es lo fácil, más bien, lo facilón, porque no se dan cuenta que aquello que no cuesta sudor no tiene valor y entonces, como ya nadie se chupa el dedo, es mejor no trabajar que desgraciarte las manos y el cuerpo, ya que lo que ellos llaman ayudas, a veces, si lo son, pero para fomentar la vagancia.
Así, llego a varias conclusiones y hasta es posible que algún político se desternille con la risa y me digo: si los mandamases hicieran la repoblación cerebral y la concentración parcelaria, nos pusieran eso que llaman internet y no nos cobraran contribución durante tres o cinco años a pueblos muy pequeños, podríamos hacer muchas cosas, como queserías , recogida y sembrado de plantas medicinales, pequeñas granjas y hasta, si me apuran pequeñas industrias artesanales, porque si se hacen en grandes poblaciones, sin tiempo para nada, aquí que no hay ni Metro ni Autobuses, lo que nos sobra es tiempo.

Y…puestos a pedir. Si tuviéramos unas carreteras, unas humildes carreteras, podríamos concentrar a nuestros hijos en un pueblo equidistante a varios de los alrededores y tener una escuela propia, pero claro…( me acabo de caer de la piedra en que estaba soñando). Si los mandamases no son capaces de ver que desde el Puente de Sotelo de hormigón armado, construido hace más de veinte años a esta población distante poco más de un kilómetro, hoy está cegado el camino por la desidia y la vegetación, nos ahorraría más de quince kilómetros y sería un momento bajarlos a la escuela a Villafranca o a Trabadelo. O si desde Aira da Pedra asfaltaran el camino, se comunicarían con Burbia y así, no pensaríamos en marchar con lo puesto en busca de un futuro mejor, no para nosotros, sino para nuestros hijos. Claro, pero eso sería una de las muchas intervenciones que se podrían hacer con poco coste, pero quizás, los mandamases piensen que el pensar mucho …desgasta las neuronas.
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