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"La cultura occidental ha roto los lazos con la naturaleza"

"La cultura occidental ha roto los lazos con la naturaleza"

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Yayo Herrero cierra el ciclo de conferencias ‘Con los ojos en la tierra’. | CLARA ELÍAS Ampliar imagen Yayo Herrero cierra el ciclo de conferencias ‘Con los ojos en la tierra’. | CLARA ELÍAS
Joaquín Revuelta | 15/03/2019 A A
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"La cultura occidental ha roto los lazos con la naturaleza"
Cultura Yayo Herrero, una de las voces autorizadas del ecofeminismo en Europa, clausura este sábado en la Fundación Cerezales Antonino y Cinia el ciclo de conferencias ‘Con los ojos en la tierra’
Con motivo de la exposición ‘Aquí eran los ojos los que hablaban’, que establece un diálogo entre las obras de las artistas Fina Miralles y Rita Ponce de León y que podrá visitarse hasta el 31 de marzo, la Fundación Cerezales Antonino y Cinia ha programado un ciclo de conferencias que dio comienzo el pasado sábado con la intervención de la profesora de Historia del Arte en la Universidad Autónoma de Madrid, Patricia Mayayo, y que este sábado concluye con la presencia en la sede de la Fundación de la antropóloga Yayo Herrero, quien a partir de las 12:00 horas, con entrada libre hasta completar el aforo, impartirá una conferencia que lleva por título ‘Miradas ecofeministas para revertir la guerra contra la vida’. En opinión de Herrero estamos atravesando una profunda crisis estructural y en el origen de esta crisis está la desvinculación de la economía y la política respecto a la materialidad de la tierra y de los cuerpos. En su intervención de hoy expondrá cómo se produce esta guerra contra la vida y explorará vías y recorridos a realizar con el fin de revertirla, tomando como ejes las propuestas sinérgicas del ecologismo y el feminismo.


No es fácil encontrar una Fundación de estas características enmarcada en medio del mundo ruralYayo Herrero visita este sábado por primera vez la sede de la Fundación Cerezales Antonino y Cinia, cuya labor conoce a través de la web oficial. «Me parece un proyecto excelente y muy poco convencional. No es fácil encontrar una Fundación de estas características enmarcada precisamente en medio del mundo rural, en un pueblo pequeñito, y eso yo creo que lo hace todavía mucho más interesante», sostiene esta antropóloga, educadora social e ingeniera técnica agrícola cuyo campo de investigación se centra en la crisis ecológica actual derivada del modelo de desarrollo y producción capitalista. Herrero confiesa no conocer en profundidad la obra de las dos artistas que exponen en Cerezales, Fina Miralles y Rita Ponce de León, si bien asegura que «en los últimos años me he ido acercando muchísimo más al diálogo de la naturaleza y de todo lo que trabajamos sobre la crisis ecológica y social con el arte, y para mí ha sido todo un descubrimiento, porque muchas de estas cosas habitualmente, por lo menos yo, las trabajamos en una perspectiva muy racional, desde el reconocimiento, desde la exposición, y realmente acercarte a todas estas realidades de la naturaleza que nos sostiene desde la mirada artística, desde la creatividad, hace que te acerques con unos lenguajes completamente diferentes a los lenguajes de la razón que complementando todos son tremendamente efectivos y son capaces de mover otros resortes, otros afectos, otras convicciones, y me parece interesantísimo», señala Herrero.

La investigadora madrileña no cree exagerado esa parte del título de su exposición de este sábado en la sede de la Fundación Cerezales Antonino y Cinia en la que asegura que estamos ‘en guerra contra la vida’. «Creo que estamos exactamente en esa situación. Estamos ante un calentamiento global que es un antropogénico, que lo que nos dice la comunidad científica para ver con más angustia y más urgencia es que de no afrontar cambios muy radicales en la organización de los sistemas económicos disponemos prácticamente de doce años antes de que suban las temperaturas medias globales por encima del umbral y que puede hacer muy complicada la vida de muchos seres humanos en la Tierra. Si a eso le sumamos que nos encontramos ante una crisis de energía y materiales donde organismos como la Agencia Internacional de la Energía, por ejemplo, reconocen que ya en el año 2006 se alcanzó el pico del petróleo, es decir, el momento de máxima extracción de petróleo a la vez y que hemos construido un modelo económico globalizado que es absolutamente dependiente del petróleo, y si añadimos además el declive de los recursos pesqueros, la pérdida de biodiversidad, etc, bueno yo creo que estamos en una situación de verdadera encrucijada, que no es que ponga en riesgo el planeta, porque el planeta y la bioesfera tirará adelante como lo hizo en tantas crisis anteriores, pero lo que hace es colocar a la humanidad y a muchos otros seres vivos en una situación verdaderamente compleja», asegura la activista.


Las economías y las políticas deben ser transformadas para que pongan en el centro la vidaEn una sociedad tan informada e informatizada como la actual resulta un tanto paradójico que nos volvamos insensibles ante estos problemas que acaba de exponer y que ponen en riesgo el futuro de la especie. «No deja de ser curioso que en una sociedad que se autodenomina sociedad del conocimiento, que tengamos información disponible desde hace ya décadas de que vamos a una situación compleja y que sin embargo no se haya actuado. Yo creo que se mezclan elementos distintos. Pienso que nuestra cultura, sobre todo la cultura occidental, como que ha roto simbólicamente los lazos con la naturaleza; es decir, muchas personas no se conciben y no se perciben a sí mismas como ecodependientes, no acabamos de ser conscientes de que absolutamente todo lo que necesitamos para sostener la vida procede en último término de la naturaleza. Pareciera como que la economía, los expertos, la tecnología, pueden resolver absolutamente cualquier problema, cualquier carestía, cualquier disfunción. Nuestra cultura se ha acostumbrado a mirar la naturaleza desde la exterioridad, como si estuviéramos fuera de ella, desde la superioridad, como si los seres humanos fueran completamente superiores, dominaran el conjunto de los procesos de la naturaleza, y también desde la instrumentalidad, comprendiendo la Tierra como una especie de almacén siempre a disposición del crecimiento económico, del progreso o de lo que los seres humanos quieran. Yo creo que vivimos una temporada, a pesar de todo el conocimiento que tenemos, de verdadero analfabetismo ecológico, donde pensamos que un proceso irreversible de la naturaleza que se deteriora va a poder ser reparado. Y luego pienso que muchos medios de comunicación y también a veces la mirada o la transmisión que se hace desde sectores políticos y económicos lanzan un mensaje en el que por un lado advierten y por el otro tranquilizan, en el sentido de decir: no se preocupen que hay muchas personas expertas actuando».

Sobre lo que puede aportar el ecofeminismo a la reversión de esta situación, Yayo Herrero considera que por de pronto aporta una mirada distinta. «Los pilares de esta corriente de pensamiento lo que plantean y recuerdan es que por un lado los seres humanos somos ecodependientes pero por otro recuerda también que los seres humanos también dependemos de otras personas. Los seres humanos tienen un cuerpo que nace, envejece, que de vez en cuando enferma, un cuerpo que debe de ser cuidado a lo largo de toda la vida pero sobre todo en algunos momentos del ciclo vital; es decir, sin mucho trabajo de cuidados es imposible que una persona en solitario sobreviva desde el momento en el que nace. Y ese ha sido un trabajo que históricamente han realizado y siguen realizando mayoritariamente mujeres. Se hace en el ámbito de los hogares, donde las mujeres que lo realizan, las amas de casa, su aportación ni siquiera merece el nombre de trabajo, se llama sus labores, y donde las personas que lo realizan de forma pagada habitualmente tienen los trabajos a veces más despreciados, más invisibilizados y menos valorados de todo el mercado laboral. Digamos que hemos construido una economía y una política que no miran las relaciones con la naturaleza, las relaciones materiales, e invisibiliza también las relaciones de dependencia y de cuidado», asegura Herrero, para quien esto hace «que hayamos construido una política y una economía que está focalizada en el crecimiento económico y éste no tiene por qué tener como prioridad el mantenimiento de las vidas humanas».

Para Yayo Herrero lo que viene a decir el ecofemismo es que «necesitamos transformar las economías y las políticas para que pongan en el centro la vida; es decir, que tengan como primera prioridad la satisfacción de las condiciones de vida de los seres humanos, hablamos de alimentos, de vivienda, de abrigo, de condiciones de participación, de recibir y también dar los trabajos de cuidados adecuados para cada momento del ciclo vital, y pensar de esta manera obliga a reorganizar economías y políticas con una lógica bien diferente».

Preguntada si las nuevas tecnologías juegan a favor o en contra de todo este proceso, la activista ecofeminista considera que resulta ambivalente y contradictorio. «En algunos casos las nuevas tecnologías sin duda acercan información, conectan gente, permiten la articulación, eso es una cosa que está clara, pero en otros casos aíslan a las personas y las hacen vivir permanentemente conectadas a pantallas y desconectarse quizás del entorno concreto y real que nos rodea. Por otro lado, las nuevas tecnologías tienen un problema de fondo importante que nos impele digamos a pensar en su uso y en su extensión y es que las nuevas tecnologías son de todo menos inmateriales. Para que existan nuevas tecnologías hace falta extraer cantidades enormes de minerales de la corteza terrestre, utilizar cantidades ingentes de recursos que están declinando y que también pretenden ser utilizados para otras cosas. Luego el debate de un uso medido, austero y prudente de las nuevas tecnologías también es un debate necesario y que está pendiente», concluye la antropóloga madrileña.
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