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La casa del arte

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Ángel García con Rosa Hernández y Carmen (Mayka) ante uno de sus juegos de ajedrez artesanales. | MAURICIO PEÑA Ampliar imagen Ángel García con Rosa Hernández y Carmen (Mayka) ante uno de sus juegos de ajedrez artesanales. | MAURICIO PEÑA
Fulgencio Fernández | 27/03/2022 A A
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La casa del arte
LNC Domingo Los García Hernández, en Trobajo del Camino, son una familia en la que caben casi todas las artes y artesanías. Ángel, el patriarca, es maestro en la talla de madera;Rosa, la matriarca, cultiva la difícil repostería textil; su hija Carmen se decantó por el vidrio y la otra, Noelia, es una reconocida ilustradora. El ajedrez, como arte y deporte, también ‘vertebra’ a esta singular familia
Rosa nos explica la dirección de su casa en Trobajo del Camino, con el número de la calle, pero al llegar resulta mucho más fácil sabiendo a qué vamos: «No le des más vueltas, es aquí». Y es que sobre el portal, en la terraza superior, luce una bella vidriera, algo poco habitual.

Salvo que sea, que lo es, el hogar de los García Hernández, una casa de artistas y artesanos por los cuatro costados, en diversas especialidades, con artistas de pies a cabeza. Vamos con un repaso partiendo del árbol genealógico: Ángel García, el patriarca, fue (y es, aunque jubilado) un reputado tallista de madera; Rosa Hernández, la matriarca, se decantó por un género menos conocido, la repostería textil; las dos hijas (Carmen y Noelia) tienen una afición artística común, la ilustración, y una de ellas, Carmen, trabaja habitualmente el vidrio, es la autora de la vidriera que nos sirvió de guía hasta la casa.  

Ángel, el patriarca, nos sirve de hilo conductor de la historia familiar. Ya está jubilado y enfermo desde hace años de Epoc (Enfermedad pulmonar obstructiva crónica) no se separa del oxígeno que le da vida y agradece su dedicación al arte que le mantiene «activo y entretenido», y con muy buen humor e ironía. Ante una broma a la que no responde sobre la marcha dice pocos segundos después: «Sí la cogí, pero hay momentos en los que bastante tengo con respirar, después ya hablo».

Le viene muy bien esta actividad que mantiene pues siempre ha sido Ángel García, muy conocido en Trobajo del Camino, un personaje muy activo e implicado, lo que le llevó a ser concejal de Cultura en San Andrés del Rabanedo, mostrando su indisimulado orgullo por inaugurarse en su legislatura la que era la primera escuela de Música y a la que bautizaron con el nombre de Ángel Barja que, explica, «fue un ser extraordinario, al margen de gran músico».

Ángel, que siempre fue maestro tallista de madera, regentó su propio taller primero en Trobajo y después en León (en la calle Fernández Cadórniga) antes de sumarse a la aventura familiar del taller que los García Hernández tuvieron en Valverde de la Virgen. «Ángel siempre estuvo muy reconocido en el gremio, le llamaban para impartir muchos talleres», nos cuenta Rosa para evitarle el trago de tener que hablar de su propio trabajo.

Ángel mantiene, pese a su enfermedad crónica, una intensa actividad en diversos campos. De un lado es una seña de identidad muy familiar unos juegos de ajedrez gigantes que ha hecho a mano, tanto el tablero como las piezas. «Hay varios por ahí, para los hijos y otros familiares, y éste, en el que juego con el nieto», explica el artesano, aficionado a este juego en el que su hijo Ángel —profesor en el Trepalio— es profesional, tiene el título de monitor nacional desde hace 25 años y es un estudioso de aplicar el ajedrez en la Educación, de hecho coordinó el Proyecto de Innovación Educativa ‘Nos comemos a beRsos’, una experiencia que resultó ganadora en el V Congreso GSD de ‘Pedagogía y Aplicaciones del Ajedrez en el Aula’.

La actividad de Angel ‘padre’ abarca a otros muchos campos. Ha publicado cinco libros —«y tengo en el cajón más de una docena inéditos»— que le han ilustrado sus propias hijas, Carmen y Noelia García Hernández, ha inventado una especie de baraja-trivial en la que todas las preguntas se refieren a algo tan vinculado a Trobajo como el Camino de Santiago, que le da apellido al pueblo, y, tal vez el proyecto más curioso, está escribiendo un libro con el que busca entrar en el libro Guinnes de los récords al ser el texto con más panvocálicas; es decir,   que contienen todas las vocales. «Quiero acabar con esa leyenda de que solo murciélago tiene las cinco vocales . Yo ya voy por 1.131 y aún no he acabado».  

Y como Rosa nos echó una mano para que Ángel no tuviera que hablar de su trabajo, él lo hace valorando el de Rosa, un oficio artesanal tal vez menos conocido: «Ella es repostera textil, lo que los clásicos llamaban tapices de mula porque en sus orígenes se utilizaban para bordar los escudos de armas en las postas de sus caballos». Con el tiempo pasaron a usos nobles, ornamentales y populares. De hecho Rosa, que tiene en el salón de casa una preciosa pieza que reproduce el calendario agrícola de la Basílica de San Isidoro, nos cuenta que «entre otras cosas, he bordado muchos mantones para el ramo, para las hijas, las nueras y por ahí tengo otros tres, pero ya no me apetece mucho, ya le he dado mucho a la aguja», reconoce esta artesana que también regentó una tienda en la que vendía muchas piezas suyas.

En todos esos libros que Ángel García ha ido publicando las ilustraciones también «nacen en esta casa del arte», son de sus hijas Carmen y Noelia. «Las dos son ilustradoras, aunque la que más se dedica a ello es Noelia (García Hernández)» que ha ilustrado, entre otros, algunos de los libros infantiles de Vanessa Díez, como el de ‘La Vieja del monte’.

Se dedica más porque Carmen, Maika en familia, cultiva otra rama artística, el vidrio, y hay un buen número de vidrieras suyas repartidas por muchos puntos. «Estudié en la Escuela de Arte y realmente me enganchó», explica la artesana que en la actualidad tiene el taller en su propia casa.
Y es que hay casas que son puro arte.
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