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La canallada anda suelta en España

La canallada anda suelta en España

OPINIóN IR

01/06/2021 A A
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La canallada anda suelta en España
España es un país apetecible para muchas personas. Unas tienen la cabeza sobre los hombros, son conscientes, razonables, amantes del bienestar y el progreso, la cultura, la patria, los valores, el diálogo, el consenso, la ciencia y un sinfín de aspectos positivos que hacen una nación importante en el panorama internacional. Por lo tanto, respetable y respetada, naturalmente en una democracia moderna que sirve de canalización de tendencias, objetivos y reformas siempre dentro de los cauces y reglas que le da la Ley de Leyes, con separación de poderes, sin intromisiones raras de uso de las instituciones para el medro personal y el destierro de banderías, ambiciones, corruptelas y uso del poder para implantar, vía democracia bastarda, los intereses inconfesables de la ruina y la dictadura autoritaria del signo que sea.

Pues bien, lo que está sucediendo en nuestra nación no nos gusta en absoluto porque una serie de personajes anodinos, incongruentes, con poca sustancia de conocimiento o casi ninguna, atrabiliarios e interesados, parece que desean implantar algo que ya lo han ensayado en otras ocasiones y les ha resultado un bodrio afortunadamente, contra la voluntad de una mayoría cualificada que no desea dar marcha atrás, oír alocuciones caudillistas sin mucho fundamento, sentirse desasistido en ocasiones graves como es la defensa de los intereses españoles en el concierto mundial, aumentar el gasto público de forma desmesurada e insolente, presionar a la clase media y trabajadora con impuestos y además no saber a dónde van destinados, asistir al telediario de las querellas, denuncias y foros de la corrupción, imputaciones sin fundamento para el desprestigio de aquellos que se dedican a tareas políticas y que resultan incómodos al poder y permitir que grupos minoritarios implanten leyes a su gusto por medio de una mayoría que no representa la realidad de España y con muñidores que lo que desean es deshacer la unidad política y territorial con alarde y sin rubor.

Un desatino completo que refleja una actuación autoritaria sin parangón hasta la fecha y que no es difícil comprobar en el espectáculo lamentable de la práctica parlamentaria.

No se trata de establecer la influencia en el barrio por medio de pandas autoritarias que no dan cuenta a nadie de los hechos que ponen en funcionamiento y que cuando son lamentables se los atribuyen a otros y ellos se lavan las manos y no dan cuentas democráticas. Todo ello se traduce en un lamentable aumento de la irresponsabilidad cívica que se traduce en un gamberrismo casi endémico, en que los que vienen en patera sin intención de integrarse usan los lugares que se les destinan para su estancia de forma gamberril y sin respeto, que las minorías se aprovechan de los fondos de las subvenciones para desarrollar formas poco acordes con la organización que nos hemos dado y que los políticos con pocas luces aprovechan la ocasión para implantar sus chiringuitos sin rendir cuentas al pueblo al que se deben. Esto se traduce en algo insólito, lamentable y digno de una actuación investigadora por parte de quien proceda de hechos tan lamentables como los sabotajes que se han producido en el Hospital de El Zendal de la Comunidad de Madrid donde se han deteriorado enchufes eléctricos, han desaparecido elementos esenciales de reanimación, se han obstruido inodoros con material sanitario y otras lindezas que deberían ser castigadas rotundamente por la justicia y condenadas por todo el arco parlamentario. Hay que ser un mal nacido para mezclar churras con merinas, desahogar su malestar ideológico sobre un Hospital que se ha puesto en marcha para solventar el problema de la pandemia y que es modelo, junto con el de IFEMA, en su momento, incluso mencionado por la OMS y que, esencialmente, trata de salvar vidas en un momento crucial.

En estos momentos de emergencia nacional la ideología debería estar en un cuarto oscuro y todos juntos remando como verdaderos patriotas para conseguir que el enemigo común, que es el virus chino, ahora ya británico, sudafricano, brasileño y un etc. numeroso, sea vencido por las vacunas que también sus vendedores y compradores andan liados en un baile de mercado del estraperlo propio de pueblos fenicios. Esperemos que la cordura se abra paso en este concierto internacional lleno de signos de cambio que algunos ni se enteran que se les viene encima como un auténtico torbellino que va a derribar muchos mercados persas.
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