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La cama: el secreto de la buena vida

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Toño Morala | 16/04/2018 A A
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La cama: el secreto de la buena vida
Reportajes Sin descanso no hay posibilidad de vida, sin cama no hay posibilidad de descanso
Decían los abuelos de antaño… “La cama es el mejor invento de la vida”. Imagino que sería por aquellos fríos del invierno y aquellas siestas de verano antes de hacer varias labores tanto del campo como otras. Y a los chavales, que poco nos gustaba, sobre todo en verano, pero la cosa era así. En invierno y, dentro de la cama, madre nos metía el ladrillo caliente envuelto en papel de periódico para calentar parte de las sábanas y sobre todo los pies… andábamos todos al resol del ladrillo para calentar lo antes posible y acurrucarse entre los hermanos, que a veces dormíamos tres o cuatro en una cama de 1,05 o 1,20. Si eran fiestas, las navidades, venían los primos y demás familia; y había que arreglarse como se pudiera. Pero ella, la cama, era la que se llevaba todos los apretujones, alguna patada o metedura de codo en las costillas; era ella, la que soportaba el leve peso de los chavales delgados como velas; era ella, la que sostenía el jergón de paja, o de hoja de maíz, o el colchón de lana; dependía de zonas y de los posibles de las familias; pero eso sí, mantas, sobre todo aquellas de pura lana fabricadas por las buenas gentes de Val de San Lorenzo, entre otras, que con su buen calor arropaban los sueños de las gentes. Allá por la mañana, la madre venía como una escopeta a despertarnos… y casi siempre decía lo mismo: - ¡Venga que tengo que hacer la cama antes de hacer otras labores…! A veces nos abría la ventana y salíamos de la cama, nos vestíamos deprisa para bajar, desayunar e ir para la escuela, mientras quedaba ella arriba ventilando y haciendo las camas, que era una maravilla como quedaban después de hechas. Con aquellos colchones de lana, no era fácil el hacer una cama y que quedara vistosa, había que ahuecar el colchón, desentumecer la lana de la noche anterior… cuatro apretones de la madre que aún era joven y aquello volaba como los pájaros en el otoño, qué gran habilidad la de las madres para hacer las camas; a las abuelas, ya casi las camas no se las dejaban hacer, pues las espaldas ya tenían demasiado trabajo sobre ellas, así y todo, muchas, también las hacían y a callar, que algunas, también mandaban lo suyo.

Dormimos o nos esforzamos en hacerlo durante un tercio de nuestra vida, incluso más. Los esquimales, durante el largo invierno polar, permanecen en la cama casi la mitad del día Dormimos o nos esforzamos en hacerlo durante un tercio de nuestra vida, incluso más. Los esquimales, durante el largo invierno polar, permanecen en la cama casi la mitad del día, por eso la cama o el artificio o bastidor que se tenga como tal, ocupa dentro del universo mobiliario un lugar esencial. El libro de nuestra vida queda de alguna manera enmarcado por hitos temporales, y la cama está presente en ellos. Las primeras camas fueron simplemente montones de hierbas o plantas amontonadas sobre el suelo, una de las más antiguas se encuentra en la cueva Sibudu en Sudáfrica que data de más de 70.000 años. Camas más elaboradas se encuentran en Escocia en el III o IV milenio a.C. pertenecientes al yacimiento de Skara brae en el que se han encontrado camas de piedra, las cuales se supone que se rellenaban para hacerlas más cómodas. Camas ya más comunes se encuentran en el imperio asirio y egipcio hechas de madera y algunas revestidas en oro, las cuales tenían apoyos para la cabeza y otras tenían los pies en formas de patas de animales. En Grecia se hacían a partir de tiras de cuero mientras que en Roma se solían hacer con cobertores de lana, fieltro o lino.

Los hombres primitivos, al igual que algunas tribus, se acomodaban en lechos de hojas secas y pieles o cualquier otro material que les aislara del suelo y les diera un poco de confort. En aquella época, la tribu dormía en masa sobre el mullido para combatir el frío y para sentirse más protegidos frente a los depredadores. En el s IV a.c. los faraones egipcios descubren ya los beneficios de elevar una estructura a forma de cama. En Egipto, la posición del jergón era un símbolo de la posición social; así mientras el faraón colocaba el suyo a una altura mediante un armazón de madera, la gente común dormía en cualquier rincón. Más adelante, los griegos, primando la belleza a la comodidad, desecharon el mullido y fabricaban piezas de descanso con madera, piedra o mármol a las que acoplaban una sencilla estructura, que consistía en tiras de cuero entrelazadas y telas. Los etruscos, hicieron también lujosas camas parecidas a las de los griegos. Las camas romanas, hasta la disolución de la República, se caracterizaban por su enorme sencillez, después sobrepasaron en esplendor a las griegas y etruscas. En la época romana se recuperó la figura del “colchón” y se mejoró, añadiendo como relleno -en principio- paja y después lana de Mileto y finas plumas de ave con las que también rellenaban cojines y almohadas. El “colchón” servía para dormir por la noche, reclinarse o recibir visitas durante el día y tumbarse en él mientras se comía. En la Europa Occidental, después de Jesucristo y hasta finales del s. XII, desapareció el lujo en las camas. En la época de Carlomagno, como prueba de distinción, se compartía la cama con el compañero de armas o con el huésped a quien se quería honrar, sin que la esposa del que recibía se marchara a otro lecho. En las camas se acostaba, a veces, toda la familia junta, siendo por ello de tamaños muy grandes. Durante los s. XII y XIII prácticamente todos los castillos y mansiones señoriales tenían camas, pero los dormitorios como tales no se configuraron hasta el s. XVIII. Hasta ese momento las camas estaban en la sala y se utilizaban durante el día como divanes. Por la noche se separaban con cortinajes. De esta forma apareció el dosel que colgaba de un armazón que se apoyaba en cuatro postes colocados en las esquinas de la cama. Durante la Edad Media, las colgaduras indicaban la posición económica y las de las clases acomodadas tenían importantes bordados. Las camas también fueron aumentando de tamaño hasta que en el s. XV, adquirieron proporciones enormes sobre todo entre la realeza. La ostentación exagerada, que caracterizaba las camas de épocas anteriores, fue desapareciendo cuando se empezaron a fabricar camas en series al alcance de todas las clases sociales. El armazón de hierro fue introducido por los franceses a finales del s. XVIII y se erigió como modelo en muchos hogares europeos.

Los hombres primitivos, al igual que algunas tribus, se acomodaban en lechos de hojas secas y pieles u otro material que les aislara del suelo y les diera un poco de confort Los maoríes neozelandeses dormían en esteras hechas con corteza de madera y los japoneses sobre colchones rellenos de algodón, futones enrollables que se apoyaban directamente sobre un suelo de tatamis hecho de paja de arroz prensada, viendo la armonía de sus cuerpos parece esta una buena costumbre que han sabido mantener hasta nuestros días, como se puede comprobar al visitar los Ryokanes. En Nueva Guinea, las camas eran de madera y tenían cabeceras talladas con cabezas humanas que vigilaban a los espíritus malvados. En algunas zonas de África, el pie es la parte más importante de la cama. En el continente americano, existían dos elementos básicos para dormir que aún subsisten y son; el petate y la hamaca. El petate designa una estera hecha de tiras entretejidas de hojas de palma que sirve para sentarse y acostarse sobre ella. La hamaca describe un lecho colgante, generalmente de red, con una malla abierta y suelta y algunas veces hecho con tela. Muy común en pueblos y ciudades ha sido también el catre de tijera que se compone de dos largueros y cuatro piezas cruzadas sobre los que se apoya cuando se despliega. Los nómadas de Oriente Próximo, utilizaban también como lecho, odres llenos de líquido con el fin de atemperar la frialdad del suelo. El primer colchón de lana que llegó a Europa lo hizo tras las cruzadas. Esto se debió a que los europeos adoptaron las costumbres árabes de dormir sobre cojines. Hasta el siglo XIX, fueron los colchones más utilizados. Fue a mediados de este siglo que el alemán Heinrich Westphal inventó el muelle de acero que posteriormente sería utilizado para fabricar colchones. Posteriormente se inventaron los muelles cónicos y comenzaron a usar fibras naturales para los acolchados y como amortiguación a los muelles. Los colchones de lana fueron populares en Europa hasta bien entrado el siglo XX. En algunos países, existía la figura del colchonero que era un profesional que viajaba de pueblo en pueblo aireando, rellenando y ahuecando los colchones de lana, pero esa es otra historia… y si están en la cama, les deseo felices sueños.
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