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La calle triste

La calle triste

OPINIóN IR

13/09/2019 A A
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La calle triste
La modernidad impone peatonalizar los centros de las ciudades. En principio, si se analiza desde un punto de vista histórico: ¿Qué son las ciudades sino el sitio de los ciudadanos, que nacieron sin coches ni cualquier otro adminículo de ayuda de transporte, ya sea animal o mecánico?

Hasta ahí bien, porque lo cierto es que, sobre todo por el coche, se ha cambiado el diseño de las ciudades núcleos más orientados a ordenar la circulación que la vida y funcionamiento de los ciudadanos de a pie.

Pero es esta una situación que existe y que no se puede obviar… ni tampoco castigar.

Peatonalizar y devolver la calle a los que la viven está bien, pero peatonalizar por peatonalizar, no. A veces porque no es necesario y, a veces, porque, si no se estudia bien qué hacemos con los coches, y el coche también existe, ¡y vaya si existe!, a lo peor generamos más problemas de los que arreglamos.

He vuelto de vacaciones y me he encontrado con la calle Ordoño, no voy a decir que peatonalizada, pero sí ‘reordenada’.

Y mi primera impresión es que, como los peatones siguen yendo por las aceras, y por la calzada casi ningún vehículo, la calle ha perdido un montón de vida. Está fría, cual calle en domingo mañanero de invierno.

Es curioso: los coches parecían congestionarla, sí, y resulta que, instintivamente, se les echa de menos.

No sé cómo les habrá ido a los comercios, y eso que las peatonalizaciones suelen mejorar ese aspecto y, si no, que se lo pregunten a los de la Calle Ancha, que, a pesar de sus protestas durante las obras, les vino Dios a ver. Tengo curiosidad.

Por otro lado, no sé si por precipitación, no está resuelta la alternativa de circulación: se ha cortado, y haga usted lo que pueda, cosa que viví (o sufrí), el mismo lunes: tuve que recoger en el primer tramo de Alcázar de Toledo a una persona que no podía andar, y fue imposible, el buen hombre tuvo que, a trancas y barrancas, llegar hasta la esquina con San Agustín.

Por curiosidad he estado media hora observando el tráfico por la calzada, escaso, desde luego, incluso el de bicis y demás congéneres, a los que se ha dado una buena prioridad marcando un carril de doble sentido en todo su ancho. Pues bien, en esa media hora pasaron siete bicicletas y dos patinetes. De las siete bicicletas una iba por la acera y otra por dirección contraria a la que se le obligaba. Y eran las doce de la mañana.

Esta situación le lleva a uno a reflexionar sobre las contradicciones del entorno: Se persigue y castiga al coche, que paga impuestos municipales por circular, por no circular, por aparcar, y también por no circular y tener una plaza de garaje, y se prima a la bicicleta y demás inventos modernos que ni pagan, ni contribuyen y, que además, en la enorme mayoría de los casos, después de quejarse amargamente de lo maltratados que están, campan por sus respetos en toda calle o paso de peatones.

Porque si bien es cierto que en las calzadas son elementos débiles ante los coches, y es justo que se les proteja, no son menos débiles los peatones que circulan por las aceras ante todos esos pequeños pero corretones elementos de transporte.

Y bien haría el ayuntamiento, además de darles espacios seguros, por supuesto, bien haría, repito, en aplicar orden y concierto en la circulación de todos esas bicis, patinetes, ciclos y triciclos por las aceras, peatonales y pasos de cebra, por el resto de la ciudad, haciendo cumplir la ordenanza aprobada, por ejemplo dedicando a todo el grupo policías municipales que hoy se aplican en controlar y advertir en toda la calle Ordoño, y una vez terminen sus labores actuales, que algún día acabarán, a hacer lo mismo por el resto de la ciudad.

Pero vayamos al asunto. Con aquellos que he comentado, no muchos, la opinión, más o menos, se divide en dos partes. Una, algo más mayoritaria, opinan que «bueno…» y el resto que «¿pero es necesario?». Nada exultante en ningún caso.

En definitiva que no parece que el resultado haya sido muy brillante, no sé si porque no era necesario o porque se supone que el proceso aún no ha terminado.
Si fuere así, esperemos a que culmine y después veremos, porque si nos quedamos en ésta, mucho me temo que no vamos a ningún lado.
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