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La cadena de valor

La cadena de valor

OPINIóN IR

20/09/2021 A A
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La cadena de valor
Últimamente está muy de moda entre buena parte de la gente, por suerte, lo natural, lo ecológico y la comida sana. Bastante inmundicia hay en las zonas de procesados de los supermercados envuelta en envases de plástico y bastante porquería se come en algún local de hostelería desde que abandonamos la idea de comer bien que heredamos de antaño.

Porque antaño, en todas las familias sin excepción e independientemente de los posibles, se comía más o menos bien porque no había los aditivos químicos que hay ahora y porque se cocinaba en casa con ingredientes naturales porque otra cosa no había. Lo mismo que los restaurantes, que preparaban los platos allí y de la manera tradicional porque no se conocían ni la cuarta ni la quinta gama que ahora son la fórmula secreta de la supervivencia de muchos locales.

Al hilo de esa sana intención de comer más o menos bien hay mucha gente que se ha puesto a cavar el huerto de casa, un bancal o el espacio de cuatro por cuatro metros que ceden algunos ayuntamientos a los ciudadanos acostumbrados al cemento para que tengan su propio espacio para cultivar. Una medida que, por cierto, yo impulsaría en todas las ciudades y que más allá de los jubilados extendería a las familias sin recursos por aquello de ser mejor enseñar a pescar que dar un pez cada día.

La cuestión es que ahora están dando sus frutos en pleno apogeo las huertas familiares o de amigos a los que le sobra comida de temporada y la comparten con los demás. Al mismo tiempo que en los mercados la oferta supera la demanda haciendo bajar el precio de la mercancía como inexorable ordenanza del comercio, a pesar de los costes de producción que van en aumento cada día.

Aún así hay quien se atreve a señalar con el dedo acusador cuando en un supermercado ve hortalizas, frutas, legumbres, carne o pescado seleccionados, preparados, empaquetados en sus envases y listos para llevar y se atreve a montar un espectáculo porque en el campo se paga a veinte y allí cuesta ochenta, olvidando aquello de que la cadena de valor que tan bien suena, además de para añadir valor a los productos, es para ganar dinero las manos por las que pasan.
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