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Juegos reunidos

Juegos reunidos

OPINIóN IR

09/06/2019 A A
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Juegos reunidos
Hubo hace poco otro verano que también empezó con cerezas y frío pero que terminó a la caza del Pokemon. Por todo el planeta se concentraban zombis mirando sus teléfonos, como esnucados, ignorando su alrededor y despreciando incluso las barbacoas y las verbenas, una batida mundial de monstruitos asiáticos con realas de veraneantes a los que claramente les faltaba un verano y otros presuntos homo sapiens. La locura alcanzó tal nivel que en algunos pueblos se llegaron a elevar protestas, que no habían surgido antes por la sanidad ni por el transporte ni por la educación, asuntos a todas luces triviales, pero que entonces exigían igualdad de oportunidades y una lucha eficaz contra la despoblación por la escasez en el medio rural de los nuevos chupacabras. Quedan algunos cazadores de Pokemon residuales, a los que aún se puede uno encontrar por la calle, gente aparentemente sin nada que ver entre sí más allá de su tara común. A pesar de ello, la virtualización del coleccionismo no ha extinguido el viejo arte de cambiar cromos y los domingos por la mañana, cuando estas letras aún están frescas, el trueque de tesoros fugaces toma los rastros, la Plaza Mayor en el caso de León. «Sile, sile, sile, sile... ¡Nole!». Los chavales memorizan los que tienen y los que les faltan y saben perfectamente lo que uno vale y lo que otro no, hasta el punto de que desarrollan un dialecto propio: «Iago Aspas, Gameiro y Casemiro por Griezmann», ofertan. Les acompañan padres que aprovechan para saltarse la misa pero quieren ir pronto a tomar el vermú, de modo que buscan esos atajos propios de un concejal de Urbanismo en los noventa: alejan un poco al niño y te dicen al oído que te dan 20 euros por Isco. Para demostrarnos por enésima vez que no son más que un fiel reflejo de la sociedad que les elige, los políticos cambian estos días cromos sin prejuicios ni disimulo, gustándose ante las cámaras, sin la inocencia de los niños, con toda la avaricia por delante y sus voceros anunciando acuerdos antes de que cojan aire para empezar a hablar. Ya se les olvidó la humildad que exhibían durante la campaña, los problemas han pasado a ser ajenos y las soluciones propias, conscientes de que al votante también se le habrá olvidado dentro de cuatro años este trueque de ayuntamientos por comunidades y consejerías por concejalías. Te sientes algo así como si le hubieras dejado dinero a un amigo para jugárselo en el Casino sabiendo que no te lo devolverá aunque gane. En su caso no se quedan únicamente en los cromos sino que desarrollan su propia versión de los Juegos Reunidos, una combinación de las recalificaciones urbanísticas del Monopoly y la ambición del Risk por conquistar territorios. Olvidan que las urnas les han ordenado que dialoguen, no que conviertan nuestros votos en los billetes de turno para saciar su necesidad de protagonismo o la economía de sus partidos. Olvidan que algunos de ellos son reincidentes en lo que a despreciar al contribuyente se refiere, que la ignorancia y la amnesia son enormes pero tienen un límite. Olvidan que no se les perdonaría que aquí se cobrara la victoria o se pagara la derrota de otra partida lejana. Olvidan también que ya empieza a ser notable el número de ellos que ha terminado cayendo en la casilla que les envía directos a la cárcel. En realidad es normal porque, cuando salen, conservan siempre todo el dinero que tenían.
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