Publicidad
Izquierda edulcorada

Izquierda edulcorada

OPINIóN IR

22/09/2020 A A
Imprimir
Izquierda edulcorada
Asistimos al «ocaso de las ideologías», a su deterioro y funeral organizado por los propios gurús y que nos quiere imponer la propia dirección del «becerro de oro» y el «hedonismo» usando el señuelo de una amoralidad general, facilona y sin compromisos con el objetivo puesto en el logro de una sociedad con los valores degradados. El Poder ha sufrido diversos asedios, por parte de unos y otros, con resultados inciertos a largo plazo y con deprimentes para los ciudadanos.

La derecha siempre se ha envuelto en el manto de la riqueza, el goce y la explotación, aunque dejara abierta la puerta para que alguien pudiera acceder al nivel en que pudiera hincar el diente al pastel de los más poderosos o propiciara un sistema de bienestar generalizado que calmara los ánimos de los más belicosos. El abuso de sus próceres ha llevado a la situación actual en que los «descamisados» que sermoneaban desde los púlpitos de la demagogia han llegado al sillón calentito del poder, se han acomodado y han dicho que la ocasión la pintan calva y a llenar las alforjas con rapidez y sin rubor ninguno aunque se desencuadernen las guías del entramado político que hizo posible su llegada a esa plácida situación.

La progresía actual ejerce la frivolidad con descaro y la hipocresía con maestría y lo extiende a los medios de comunicación, la intelectualidad y ciertas áreas económicas, procurando crear una realidad alterada como consecuencia de una cultura débil o inexistente, una educación influenciada por una ideología extraña que ataca las tradiciones. Los europeos hemos cedido esta parcela a una progresía inconsecuente, petulante, llena de revanchas y odio, rancia y sin creatividad, plena de los postulados de siempre y que propicia a las minorías para que muestren sus objetivos como si se tratara de un clamor popular para cargarse lo que ellos llaman la casta y a la que imitan de forma descarada renunciando a las reformas esenciales de la sociedad.

Todo lo que se manifiesta como valores, moral, principios humanísticos, orden racional, cultura, se arrincona por medio de un gran hermano mediático que asusta por las consecuencias que se pueden derivar de esta inconsciencia.

Así «la normalidad» consiste en potenciar al invasor de la propiedad, al transgresor de la paz ciudadana, considerar mártir al terrorista, abrir las puertas a una inmigración ilegal explotada por las mafias, vender el patrimonio al dinero mercenario, dejar sin protección a los conciudadanos que cumplen las leyes, normalizar conductas irrespetuosas, subvencionar minorías que socavan la autoridad, deteriorar el respeto a los símbolos patrios y extender la creencia de que la sociedad debe ser comprensiva con los transgresores de las leyes. Estos progres de salón que deterioran todo lo público no vacilan en utilizar los medios privados en educación, sanidad, etc., e incluso en hacerse hueco en esas puertas giratorias, aunque antes hayan desmantelado todo lo que se hizo para lograr un estado generalizado de bienestar. Son los «nuevos ricos» de una izquierda que se llena de demagogia e hipocresía para satisfacer su ego. Muchos ni han trabajado desde abajo para llegar a la cima del éxito.

Las prédicas son efectivas cuando se «proporciona trigo a la población» y los europeos, sobre todo los españoles, nos estamos dando cuenta que los que empiezan desenterrando huesos y derribando hechos históricos, no están aportando nada nuevo y en cambio ofrecen un paisaje a corto plazo lleno de problemas sin cuento, ignorancia supina en resolver situaciones problemáticas y el mercadeo que practican sólo tiene el calificativo de muchos ciudadanos responsables de apátridas, amorales y avarientos. La tan cacareada «nueva sociedad» se queda en un modelo viejo, muy arcaico y lleno de cosidos y remiendos que hacen agua por todas partes. La «normalidad» de esta izquierda es el gasto sin medida, el endeudamiento, la crítica, el devaneo sobre el alambre, la ignorancia, el politiqueo con leyes a medida y el deterioro de las instituciones, que hace que los que vienen detrás empleen el tiempo de progreso y construcción de la nación, en tiempo de sanear, recomponer y restañar las heridas de la debacle. Concretamente en España hay expertos en practicar siempre el «método del cangrejo».
Volver arriba
Newsletter