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Irán Blues con parada en Medina y Marcos de Quinto

Irán Blues con parada en Medina y Marcos de Quinto

OPINIóN IR

06/09/2019 A A
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Irán Blues con parada en Medina y Marcos de Quinto
En esta orilla, agosto, avanzo puntualmente en un tren Media Distancia, el 18006. Mientras escribo a mis anchas. En el coche sólo viajo yo quien lo hace con gozo sobre una de las dos mesas existentes en el vagón. Dicho gozo tal vez se debe a que hace tiempo indago en septiembre caminando imaginariamente por Irán, observando sus mezquitas, saludando a la gente en persa, su idioma, conociendo su moneda, el rial iraní, procurando quedarme con el nombre del actual presidente, Hasán Rohaní, sin olvidar la inmortal ‘princesa de los ojos tristes’, Soraya, bellísima, junto con su marido durante ocho años felices, el Shah Mohammad Reza Pahleví, familiarizada con coloridos chador, los cuales cubren hasta los celajes de la bruma dibujados sobre mi cabeza, con muchas y buenas relaciones con la soledad, pues soy propendente a ella. Todo esto y más pienso alcanzar, vivir, evocar, si el zumbado, perverso, ambicioso Donald Trump no la emprende a tiros contra esta república islámica, enemistada con Israel, situada en el Golfo Pérsico y trunca mis expectativas.

Escribo, posiblemente desmedida, mejor un tanto somnolienta, alcanzada por un sueño poco firme, más bien revirado. Pues los trenes y los buses me impiden caer en brazos de Morfeo sin problema. Lo contrario sólo me sucede en los aviones cuyos viajes superan diez horas pese a volar siempre en la ‘clase del ganado’, económica o turista, pues ni siquiera vuelo en la económica superior ni muchísimo menos en la ‘business’ o primera, que a ver quien la paga. Precisamente lo que sé respecto a la última responde a un disimulado fisgoneo únicamente.

Escribo con el bic, compañero inseparable, no muy bien en cuanto a la caligrafía, pues el traqueteo del tren más los filos de la mesa la dificultan, esta caligrafía delegada en la actualidad en ordenadores o ‘tablets’. Ningún altavoz o pantalla anuncia nada. El tren se para. Estamos en el territorio sobre el que se erige el Castillo de la Mota con su ojo ciclópeo vigilándolo y sin saber explicar cómo el aroma de la Semana Renacentista medinense 2019 se ha filtrado en el mismo tren rumbo a la madrileña estación Príncipe Pío. Bueno, he llegado a mi final trenero hoy. Sí, me toca apearme por vez primera en Medina del Campo. Lo hago en la estación considerada más antigua, similar a la vieja leonesa, la otra, la nueva, dedicada a la alta velocidad se halla en la otra punta. Dos jóvenes me aguardan con recíproca calidez. Con ellos permanecí unos días, pocos, junto al albor, junto a la mañana, junto a la tarde, junto a la noche. Sin embargo volveré enseguida. Prometo. Así degustaré mejor este Conjunto Histórico Artístico declarado el 14 de octubre de 1978. Entonces, en la noche, me dejaré embriagar ante todo por la luz roja del Castillo mientras alcanzado el día acudiré al sagrado reclamo de la Colegiata de San Antolín o la misma Casa del Peso. Eso sí, espero no tener que acudir al hospital aunque iría muy contenta al novedoso centro rural de fisioterapia, Fisiomer, en Matapozuelos. He visto como se trabaja y me gustó. Ya va siendo hora de que el mundo rural posea algunos servicios necesarios.

Debo agregar que en otro Media Distancia, el 18003, emprendí el regreso a casa con los gavilanes de la tristeza y el cabreo atacándome, desgarrándome, furiosos. No tolero, no soporto, increpo, maldigo la soberbia sin límites del despreciable ricachón Marcos de Quinto, antiguo presidente del BBVA, abominable ser que osa denominar a los migrantes del buque Open Arms ‘biencomidos’. Menudo fichaje efectuado por Albert Rivera. Debería andar a todas horas con la cabeza gacha. Ciudadanos, Ciudadanos, ¡cuánto engaño, cuánta falacia! Nada importa que el secretario de la organización del partido en Madrid, César Zafra, intente enmascarar la realidad hablando de ‘tuits aparte’.

El verano prosigue. El fresco es notable en los altozanos durante la noche también. Mi hermano me aguardaba en la estación leonesa. El oxígeno ciudadano aquí, no como sucede en Madrid, Barcelona, París, Ciudad de México, Los Ángeles o Beijing es muy aceptable. Los patinetes eléctricos han llegado para permanecer. Lo malo es que existe algún estudio serio que afirma que contaminan mucho, incluso más que un autobús.
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