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OPINIóN IR

12/01/2019 A A
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Últimamente me quedo perpleja con todas las cosas que leo y veo. No se si es que con los casos de violaciones y muertes de mujeres tendría que pasar como con los suicidios, que los medios de comunicación no suelen hacerse eco por ese miedo de que se caiga en un efecto llamada, y les demos nuevas ideas a los que se lo están pensando. Pero es encender la tele, y casi cada semana hay un nuevo caso. El otro día una de mis amigas nos pasó la noticia de que una persona había sido intoxicada con Burundanga en León, aunque no se especificaba qué le había pasado exactamente. Lo primero que se nos vino a la mente es que la intentaron violar. Pero resulta que al final ha sido una mujer, intoxicando a otra mujer –amiga suya, para más datos– con el fin de robarla. Como diría una antigua canción de verbena de pueblo, «Johny, la gente está muy loca». Efectivamente… Pero lo peor de todo es que entre toda esta vorágine de violencia, abusos, muertes, etc. en lugar de reinar la cordura e intentar paliar estas conductas desde posiciones elevadas y racionales, nos hemos bajado de nuevo a los infiernos y a los sectores más bajos de las emociones humanas. Y ahí es donde surgen fuerzas políticas radicales, con pensamientos radicales, que más que triunfar nos tendrían que hacer reflexionar. Nada más. Saber que existen posiciones extremistas que te sacuden y te hacen pensar, pero no para considerarlas como opción de cambio, sino sólo para contemplar todo el espectro de posibilidades. Y ahora vienen a decirnos, después de todos los años de avance en los derechos de las mujeres y en una Ley de Violencia de Género y de Igualdad –más necesaria que nunca– que la quieren derogar alegando que se van a acabar las ‘leyes liberticidas’, y que en su lugar se va a crear una Consejería de Familia, que defienda a las familias. Entendiéndose por familia el sentido más tradicional y católico de la palabra. De verdad… esta involución me está matando.
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