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Intolerancia e incultura

Intolerancia e incultura

OPINIóN IR

22/09/2015 A A
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Intolerancia e incultura
Ala hora de titular esta columna había pensado formularla en positivo: Tolerancia y cultura; pero me da la impresión de que tiene más gancho en negativo. El origen del tema que nos ocupa está en la reciente noticia de que este curso ha aumentado considerablemente el número de alumnos que han elegido la clase de religión en ESO y Bachillerato. La razón es muy sencilla: por fin se ha dispuesto que haya una asignatura alternativa en ESO o que en bachillerato forme parte de un grupo de optativas y que, además, la nota se tenga en consideración. Como era de esperar, no han faltado las típicas reacciones de protesta de quienes desean que se elimine de la escuela el estudio de la religión.

Pues bien, la religión es tan antigua como la humanidad y es imposible estudiar tanto la historia en general como la historia del arte, de la cultura, de la literatura… en particular sin tener presente la enorme influencia de la religión. De la misma manera nunca podrá existir una formación integral de la persona si se descuida la dimensión espiritual del ser humano. Aunque alguien no fuera creyente, si quiere ser medianamente culto, tendrá que conocer y estudiar el hecho religioso que, para bien, o tal vez para mal según ellos, es una realidad innegable. Ignorarlo supone, pues, sencillamente ignorancia. Y una cuestión tan importante no puede permanecer ajena al ámbito escolar o de las ciencias humanas. Uno podrá estar o no de acuerdo con el Islam o con el Budismo, con la doctrina de Platón o de Aristóteles, pero desconocerlo supone tener una parcela de incultura. Aplíquese lo mismo al conocimiento de la religión cristiana. Esto es lo que justifica la segunda parte del título: incultura.

Lo de intolerancia viene porque entre los derechos humanos fundamentales está el de la libertad religiosa, que exige un respeto a las creencias de los demás. Si, además, este derecho está amparado por la ley no entiendo por qué en algún centro escolar, ya sean miembros del equipo directivo o del claustro de profesores, manifiestan ojeriza e intolerancia contra los profesores de religión o contra los padres que eligen esta opción para sus hijos.
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