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OPINIóN IR

09/03/2019 A A
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No me considero una persona radical, ni en mis actos ni en mis opiniones. Sí me gusta meterme en algún ‘fregao’ de vez en cuando, pero por lo general huyo un poco de ese tipo de conflictos. Sólo lo necesario. Se ha hablado mucho sobre los motivos de la huelga por el Día Internacional de la Mujer, que si es necesario, que si no… que si lo usamos para llamar la atención… Comentarios hechos por hombres. Hombres que no entienden lo que significa ser mujer en una sociedad que muchos años nos ha mirado por encima del hombro, y que aunque en la actualidad hayamos avanzado, sigue habiendo machismo a muchos niveles de forma automática. Cierto tufillo persistente en muchas casas y empresas. Yo tengo la suerte de tener una pareja que me respeta, una jefa mujer que entiende lo que implica ser mujer en el trabajo y una familia que me ha educado en valores de respeto y empatía. Pero también conozco otras muchas realidades en las que esto no es así. Chicas muy jóvenes que se sienten acosadas, discriminadas e insultadas. Chicas que, en pleno s.XXI donde Youtube y los videojuegos están a la orden del día, tienen que aguantar en partidas en línea que les hagan comentarios del tipo: «vete a la cocina», o el recurrente «puta». Hablamos de chavales de 17 a 20 años, jóvenes que ya se han educado y han vivido en una sociedad democrática que respeta mucho más a las mujeres. El otro día escuchaba a Pepa Bueno decir que en el mundo de la comunicación –en el que las mujeres siempre hemos tenido presencia en primera línea– aún se nos juzga de manera diferente que a los hombres. Con un catálogo muy reducido: o eres simpática y encantadora, o eres agresiva y durísima. Sin embargo de ellos si se pueden escuchar adjetivos como profundo, sarcástico, serio, alegre… y un largo etcétera de elocuencias. Pero también, y más cuando hablamos en clave feminista, nos han colocado un nuevo calificativo: intensas. Una idea reformulada del ‘histéricas’ de toda la vida. Pues me da a mí que vais a tener intensas para rato.
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