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'Pencho', ha fallecido una estrella

'Pencho', ha fallecido una estrella

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Fulgencio Fernández | 14/06/2020 A A
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'Pencho', ha fallecido una estrella
Los inolvidables Prudencio Barreales dice poco a mucha gente pero si se aclara que es ‘Pencho’ el de La Estrella de Mansilla serán muy pocos los que no hayan oído hablar de este empresario que supo poner con un complejo hostelero y su discoteca a Mansilla de moda y como destino inevitable para jóvenes de toda la provincia y hasta de otras limítrofes
En cualquier rincón que estuvieras ayer de Mansilla es seguro que escuchabas la palabra Pencho, y es que acababa de fallecer el que seguramente era su vecino más ilustre y, a su vez, bastante desconocido pues en los últimos años Prudencio Barreales Matilla, ése era su nombre, se había convertido en un hombre muy celoso de su intimidad, no se dejaba hacer fotos, no concedía las numerosas entrevistas que le pedían para que hablara de su complejo hostelero y discoteca La Estrella, una verdadera leyenda en los años 80 y 90, tanto que corría la broma de que Mansilla dejaría de ser de las Mulas para pasar a ser de la Estrella o, directamente, Mansilla de Pencho.
 
Y es que creo que no haya ningún otro caso en las numerosas discotecas que hubo en la provincia (no hace muchas semanas se publicó un reportaje sobre ellas en este mismo periódico) en el que el nombre del dueño haya sido tan conocido como el de Pencho. Sí eran conocidos en su comarca, pero no lejos de ella como en el caso de Florencio. Un tipo discreto que, eso sí, mantuvo su pasión algo deslumbrante, los coches, sus haigas: Cadillac, Chevrolet, Mercury estuvieron aparcados a la puerta de La Estrella y todo el mundo se detenía a verlos.

Pencho, que hasta no hace mucho paseaba por las calles de Mansilla, charlaba con los amigos, acudía al mercado semanal, participaba en los actos de Semana Santa con su cofradía..., sufrió un ictus hace unas semanas, perdió mucha vitalidad y no llegó a recuperarse hasta el fatal desenlace del sábado, ése del que todo el mundo habla.

No concedía Pencho entrevistas pero sí habló, ¡cómo no!, con su vecino el gran Toño Morala, le contó sus cosas, sus recuerdos, sin fotos, eso sí. Le contó su pasión por la música mexicana, por Jorge Negrete. Así resumía Toño su trayectoria: «La Estrella comenzó su andadura allá por 1958 en un bajo cerca de la Puerta de la Concepción, sin luz y Pencho dándole a un Chinganillo manual; venían las parejas a bailar de día, eran tiempos difíciles, pero así y todo, Pencho se dio cuenta muy pronto de que la gente necesitaba divertirse y que era una buena forma de ganarse la vida. En ese año hizo el primer sorteo; un colchón de marca y un pavo; casi nada para la época. Más tarde ya alquiló y luego compró las nuevas instalaciones en la calle principal de la Villa. La Estrella tiene la Primera Categoría Nacional desde el año 1.976; en sus instalaciones de más de 8.000 metros cuadrados conviven más de 30.000 puntos de luz, cuatro cafeterías súper-lujo tres tazas, dos salas de fiestas complementarias e independientes entre sí, tuvo un hostal con 23 habitaciones muy confortable, un mesón especializado en platos típicos, y unos maravillosos jardines con fuentes naturales y terrazas, un Casino Social y un club musical». El mejor de la provincia, sin duda, un referente nacional e internacional.

Casi nada. Y para entender la evolución basta recordar que de aquel colchón y un pavo saltó La Estrella a sortear un coche cada mes, de marcas conocidas y de prestigio. En los carteles de 1989 aún se pueden leer los modelos a sortear: Un Seat Ibiza, un Peugeor 205, un Citröen AX, un Volswagen Polo, un Ford Fiesta o un Renault 5. Cerca de 200 coches de todas las marcas llegó a sortear. Y súmale los famosos lingotes de oro

Pero es que la cantidad de gente que podía pasar un fin de semana por todos los salones antes descritos es incalculable, 10.000 entradas reconocía haber vendido en una Nochevieja en la que la atracción era un cantante de moda en la época, el italiano Al Bano. También actuó de maestro de ceremonias en La Estrella el gran Kiko Ledgard, el presentador del mítico ‘Un, dos, tres...’ que inventó Chicho Ibáñez Serrador. Quinientas hamburguesas vendía en un día pero acudían miles de jóvenes, con una singular filosofía: «Tú atrae a dos mil chicas y ellas traerán a otros tres mil chicos».

Le contaba a Morala algunos otros sorteos: «Hubo un tiempo que sorteaba ordeñadoras, sabedor de que muchos jóvenes de la época no tenían ordeñadoras en sus explotaciones ganaderas, o sorteaba dormitorios completos matrimoniales para posibles matrimonios o parejas. A destacar aquellos sorteos de lingotes de oro y plata de 250 g., más de 15 Kg de oro y otros tantos de plata. Cerca de 200 coches de todas las marcas; durante siete años sorteó todos los fines de semana 500.000 ptas. de entonces que arreglaban las economías, y siempre ante notario».

Un tipo seguramente irrepetible, creador de un sello propio, una marca y una forma de hacer que le condujo a un éxito rotundo y arrastró con él a su pueblo, Mansilla, pues repetía «Doy las gracias a la Virgen de Gracia por haber nacido en Mansilla, y compartir toda mi vida en ella». La pena es que en su despedida no le podemos poner la canción con la que él cerraba cada noche la sesión, de Juan Erasmo Mochi: «Los que se van... ya volverán». No podrá ser. Se fue Pencho.
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