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OPINIóN IR

10/12/2017 A A
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Un asesor de Mariano Rajoy metió la pata atribuyendo a Gran Bretaña la cuna del parlamentarismo y nos dio la oportunidad a todos los columnistas para hacernos los listillos. Hasta El Gran Wyoming ha salido por televisión dando lecciones de Historia al presidente del Gobierno, reconociendo la importancia de León en el nacimiento de la democracia y afirmando que, con el paso de los años, llegarían otros acontecimientos que nos quitaron todo el orgullo, como la absorción, según él, por el Reino de Castilla o el nacimiento, según tantos, de Café Quijano. Para columnista, el que verdaderamente ha demostrado un talento desconocido es el alcalde de León, Antonio Silván. Me hipnotizó por fin con su verso letal. Como para no hacerle caso cuando te escribe con el recibo del IBI. A Puigdemont le escribió una carta invitándole a enorgullecerse «de los muchos y estrechos lazos que nos unen como parte de una misma nación, España», y ahí anda el hombre ahora, dando el cante por las óperas de Bruselas. A Rajoy, el alcalde de León le salió al paso por su artículo en The Guardian y el presidente, al más puro estilo del Rey después de una casquería en Botsuana, no tardó en pedir disculpas. Es tan raro que un político reconozca sus errores que, obviamente, nadie se lo esperaba. Ni los suyos. Desde la Junta de Castilla y León ya habían salido a decir eso mismo que aquí llevamos escuchando tanto tiempo: que no era lo que parecía, que no dijo lo que creímos entender, que en realidad no había ningún agravio para los leoneses, que eran sólo nuestros complejos... Cuando llevan tantos años negándote la evidencia, ya no hay respuestas posibles, así que ahora tendremos que tragar, además, con que la visita del presidente es la prueba de que tenían razón. El problema de que Rajoy venga a León a ajustar cuentas con nuestra Historia es que le puede llevar demasiado tiempo, y no está este país «de los muchos y estrechos lazos que nos unen» como para andar perdiendo el tiempo. Raro será, claro, que, ya de llevarlo a San Isidoro para que conozca dónde se celebraron las primeras Cortes de 1188, a algún lumbreras se le ocurra enseñarle el Cáliz de Doña Urraca y decirle que se trata del Santo Grial, con lo cual el pobre Mariano se puede pasar lo que le queda de legislatura enmendando errores históricos y visitando el circuito de griales que se reparte a lo largo y ancho del mundo. Pero, para descaro negando lo afirmado, el de El País, que publicó un artículo calificando de «error histórico» la metedura de pata de Rajoy obviando el detalle de que, en su día, titularon en portada a cinco columnas «El terrorismo obliga a cerrar el primer Parlamento del mundo». Les llegaron tantas cartas de leoneses que tuvieron que hacer un reportaje en el que venían decir que sí, pero que ellos no iban a rectificar, así que entrevistaron a los historiadores que encontraron que se atrevían a cuestionar la decisión de la Unesco. Esto ocurre porque se trata de Mariano Rajoy, el «inane» que dice mi hermano Alfonso Martínez, el que fulmina a sus rivales mirándoles a los ojos y sin dejar de pestañear, porque, si el fallo hubiese sido de Soraya Sáenz de Santamaría, probablemente hubiesen mandado a un redactor a través del tiempo para relatar la Historia no como fue, que no le interesa a nadie, sino como tenía que haber sido.
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