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"Iluminan pero también son para seguridad"

CULTURASIR

Las lámparas ferroviarias protagonizan el espacio ‘El rincón de la luz’ del Museo de la Siderurgia y la Minería de Sabero con una nueva exposición. | L.N.C. Ampliar imagen Las lámparas ferroviarias protagonizan el espacio ‘El rincón de la luz’ del Museo de la Siderurgia y la Minería de Sabero con una nueva exposición. | L.N.C.
Fulgencio Fernández | 30/03/2018 A A
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"Iluminan pero también son para seguridad"
Coleccionismo Las lámparas ferroviarias protagonizan la exposición del ‘Rincón de la luz’ del MSM y analiza las diferencias con las lámparas mineras
Fernando Cuevas, director del Museo de la Minería de Barruelo de Santullán, es el propietario de la mejor y mayor colección de lámparas mineras. Muchas de ellas han ido pasando por el llamado ‘Rincón de la luz’ del MSM de Sabero y a ese mismo espacio ha llegado ahora una nueva ‘sección’: las lámparas ferroviarias. "En principio no coleccionaba lámparas ferroviarias pero cuando buscaba las mineras... y he juntado un número interesante de ellas, de diversas épocas y de diferentes países".

Así han llegado al Rincón de la luz más de 50 lámparas que si no son específicamente mineras sí tienen mucha relación pues "la minería y el mundo ferroviario es evidente que han llevado caminos paralelos".

Los distintos colores de los cristales de las lámparas indicaban a los trenes la posilidad de pasar o detenerseSeñala Cuevas que pese a este paralelismo sí hay características que diferencian a las lámparas mineras de las ferroviarias. "Las lámparas de Ferroviario cumplían una doble función: iluminar y señalizar, es decir, cumplían una segunda función muy vinculada a la seguridad". Una función que se desarrollaba "ya fuera con discos de locomotoras o de vehículos remolcados, discos de señales fijas, faroles de manos, marquesas de estaciones... ellas eran las que avisaban con sus colores de si se podía pasar o no. Un reglamento especificaba las señales luminosas que se debían de hacer con los faroles de mano para dar órdenes a los maquinistas. Los faroles de los semáforos y el farol de señal de mano tenían que estar encendidos en cada estación, desde que se ponía el sol hasta que se terminaba el servicio del último tren que se expedía o se recibía en ella de noche; sin perjuicio de tenerlos encendidos en los casos de niebla en que las señales de noche se hacen obligatorias aun siendo de día", señala Cuevas.

Pero esta función de seguridad no impedía que cumplieran la primera y fundamental de toda lámpara: iluminar. "También en este apartado podemos hablar de evidente variedad; las más clásicas son las lámparas grandes que iban colocadas en el frente de los trenes; otras iban colocadas en un poste alto y estaban las de mano, portátiles, que son la mayoría de las que están en la colección que se expone en el MSM".

Y también hay gran variedad en las mismas pues, señala Cuevas, «también en ellas se repiten las mismas ‘etapas’ que en las lámparas mineras y tenemos expuestas lámparas de aceite, las siguientes de carburo, aquellas que aparecían en las películas del oeste de parafina y después ya llegaron las eléctricas, con toda su evolución posterior».

En la muestra, "dado que en España piden unas cantidades desorbitantes por cualquier cosa con unja cierta antigüedad", hay lámparas procedentes de Inglaterra, Alemania, Francia o Estados Unidos, además de las españolas.
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