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Iker y Nila, dos generaciones que se unen en 90 metros cuadrados

Iker y Nila, dos generaciones que se unen en 90 metros cuadrados

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Nila espera con los brazos abiertos el regreso de Iker, un universitario que es su compañero de piso. | SAÚL ARÉN Ampliar imagen Nila espera con los brazos abiertos el regreso de Iker, un universitario que es su compañero de piso. | SAÚL ARÉN
Víctor S. Vélez | 25/01/2021 A A
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Iker y Nila, dos generaciones que se unen en 90 metros cuadrados
Universidad Estos compañeros de piso son la prueba del éxito del programa de alojamiento intergeneracional que promueve la Universidad
Si la amistad no tiene edad, el ser compañeros de piso tampoco debería tener por qué. Al menos eso es lo que demuestran Iker González y Petronila Aller que conviven en el barrio de San Mamés, dentro del programa de alojamiento intergeneracional que promueven desde la Universidad de León (ULE).

El objetivo del programa no es otro que el de acercar dos generaciones. Las personas mayores de 60 años que viven solas pueden ofrecer su domicilio a un alumno universitario para un curso académico. A cambio, el estudiante se compromete a ayudar en las tareas domésticas y a compartir los gastos del hogar.

La persona mayor ofrece su domicilio y comparte con el alumno los gastos de agua, internet y electricidad Tal y como explica la responsable de esta iniciativa en la ULE, Beatriz Abella, los convivientes deben pagar "a medias" los gastos de internet, agua y electricidad, aunque en el último año se ha establecido un máximo de 75 euros al mes para afrontar le pago compartido de estas facturas.

De esta manera, el alumno se hospeda durante el curso de una forma bastante económica y la persona mayor tiene compañía en su hogar y alguien que le eche una mano en las tareas domésticas. "Normalmente nos salen unos tres pisos compartidos cada curso, pero de cara al próximo curso tenemos cinco", indica Beatriz Abella.

Uno de ellos será el de Iker y Petronila, a quien todos conocen como Nila. Después de compartir vivienda por primera vez en el curso recientemente terminado, volverán a repartirse tareas y a intercambiar confidencias a partir de septiembre. "La verdad es que nos hemos adaptado muy bien y fue mucho mejor de lo esperado. El programa merece la pena porque te acostumbras a pasar tiempo con personas de otras edades diferentes que a las de siempre y aprendes de ellas", asegura Iker.

Este estudiante de Aeronáutica se encuentra ahora en su Pamplona natal pasando las vacaciones de verano pero en septiembre regresará a la casa de Nila para un reencuentro que ambos esperan con ganas. "Es una persona sana de cuerpo y de mente, cariñosa y que siempre me está preguntando por mis amigas y mis cosas", expone Nila en un intercambio de 'piropos'.

Organizando las comidas


Es frecuente que los compañeros del programa de alojamiento intergeneracional de la ULE pacten compartir también fogones. Por ejemplo, Iker y Nila llegaron al acuerdo de que la anfitriona cocina para ambos y el universitario navarro pagaría "algo más". "Le dije que probáramos a ver si le gustaba cómo cocinaba y será que piensa que bien porque nunca se ha quejado. Para él es una tranquilidad llegar y tener la comida del mediodía", comenta Nila después de renovar un año más su contrato con Iker.

Para este curso se tienen programados hasta cinco alojamientos compartidos por parte de la ULE Nila es una persona de la tercera edad pero muy activa, que se apunta a todas las actividades que promueven desde el Ayuntamiento, por lo que a veces les resulta complicado hacer coincidir horarios. Por ello, a veces la anfitriona deja preparada la comida en táperes para el futuro ingeniero.

"Mis amigos se sorprenden"


Según relata Iker, cuando cuenta a sus amigos que comparte piso con una mujer tan mayor "al principio se sorprenden", aunque terminan por tener «envidia» de su buena relación. "He tenido mucha suerte con ella, a pesar de la edad es una persona que nunca se está quieta", comenta el joven de Pamplona.

Y es que Nila está apuntada a clases de danza, natación, taichí y gimnasia activa. "Aunque haga muchas actividades, Iker me ayuda a estar más acompañada y si es una persona joven, con otros puntos de vista, pues mejor. Siempre digo que a ver si se me pega algo", bromea la anfitriona.

Confinamiento separados


La pandemia del coronavirus separó antes de tiempo a Nila y a Iker. Aunque solo desde el punto de vista físico, porque todas las semanas intercambiaban llamadas para ver cómo se encontraban.

Un confinamiento separados que acortó su curso, aunque ellos han decidido repetir experiencia. A comienzos de julio, Iker regresó a León para recoger algunas de las pertenencias que no pudo llevarse justo antes de que se decretase el estado de alarma. Este joven navarro volverá en septiembre para comenzar un nuevo curso en el Campus de Vegazana que estará marcado por el Covid-19.

Sin horarios


Nila comenta que su compañero le ayuda con la compra y a ir al médico y "como se porta bien" no le pone ningún horario. "Hombre si llegase todos los días a las seis de la mañana, pues sí", apunta esta vecina de San Mamés.

Estos son aspectos que, en mayor o menor medida, se detallan en el contrato de convivencia para evitar que aparezcan problemas. Desde la propia Universidad trabajan por juntar "perfiles compatibles". "Visitamos el domicilio de la persona mayor y si encaja con alguno de los alumnos que quieren formar parte del programa, les presentamos en el propio hogar", apunta Beatriz Abella.

"No son cuidadores"


La mayoría de las personas que participan en el programa de alojamiento intergeneracional son personas de edades avanzadas que viven solas, principalmente mujeres. "A veces ha surgido algún que otro problema porque no son cuidadores. Hay personas que lo han pedido y lo que realmente necesitan son los servicios de un profesional", señala la responsable de esta iniciativa.

El programa está subvencionado con fondos autonómicos y tiene versiones similares en el resto de universidades públicas de Castilla y León. "Hay años que contamos con más solicitudes de personas mayores y otros con las de estudiantes. No siempre coinciden oferta y demanda", explica Beatriz Abella.

Aunque es un programa bastante desconocido entre la comunidad universitaria leonesa, el alojamiento intergeneracional está disponible en el Campus de Vegazana desde el año 2006. Para el curso 2020/2021 se ha adaptado el programa a la crisis del Covid-19 para evitar contagios entre los convivientes. Entre compañeros como Iker y Nila que demuestran que no hay edad para entenderse y que este septiembre volverán a compartir historias en 90 metros cuadrados.
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