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Idiomas, querida

Idiomas, querida

OPINIóN IR

28/03/2021 A A
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Idiomas, querida
I am Lidia. Je suis Lidia. Ich bin Lidia. Aún no me he decantado por un idioma para practicar durante estas breves vacaciones mientras me hago pasar por una extranjera que puede hacer absolutamente lo que quiera en Madrid. Un año de pandemia, más de 70.000 personas que han perdido la vida tras infectarse con el virus y otras muchas que han fallecido por los efectos colaterales de ámbito sanitario y económico. Miles de individuos que han perdido su empleo y otros, como sucede con los menores de veinticinco, que apenas podemos entrar al mercado laboral porque la tasa de paro se sitúa en el 40%. La salud física y, especialmente, la mental de mucha gente ha caído en picado. Por mucho que tengamos esperanza e ilusión por un mejor futuro y seamos respetuosos con las medidas sanitarias, es desesperanzador que apenas mejoremos por culpa de aquellos a los que todo parece darles igual. Y, sobre todo, es indignante que las multas y sanciones no sean lo suficientemente duras como para impedir que lo repitan.

Hace dos semanas acudí al centro de salud a por unos papeles. Mientras estaba esperando, una mujer se acercó, preguntó a la administrativa por unas pruebas y, cuando ya iba a irse, dio media vuelta y, ni corta ni perezosa, comentó: «¡Por cierto, otra cosa!» –dijo como si no fuera importante– «me han llamado hoy porque el viernes estuve en contacto con un positivo». En ese momento admiré la amabilidad y la paciencia de la recepcionista al responderla, ya que al resto no nos faltaron ganas de espetar un «quédate en casa», entre otras muchas palabras más. Pocos minutos después, un chico acudió con una cantinela similar y a mí la indignación ya me salía por las orejas por no poder verbalizarla.

Aunque sus actitudes son deplorables, peor me parece que aún no exista una verdadera concienciación sobre el virus y gran parte de la culpa procede de los de arriba. Quienes siempre hemos cumplido estamos hartos de ineficaces decisiones, de apertura de fronteras internacionales y de infinitas limitaciones cuyo incumplimiento no se sanciona. Quizá no sepamos mil idiomas, pero ya nos hacemos entender muy claramente.
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