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Hubo un día muy triste

Hubo un día muy triste

A LA CONTRA IR

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| 09/03/2021 A A
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Hubo un día muy triste
Hubo un día muy triste. Tanto que no he olvidado la fecha y espero no equivocarme diciendo que fue el 18 de enero de 1987.

Aquel día frío se celebró una manifestación de leoneses por la mañana que exigían que no se anegara el valle de Riaño —rico, ganadero y una reserva natural— al que habían sentenciado de muerte. Aquel día frío se celebró una manifestación de leoneses por la tarde que exigían el cierre del pantano de Riaño pues necesitaban agua para sus riegos, para que el secarral pudiera ser huerta.

¿Era necesario enfrentarse? ¿No existía otra posibilidad que no ahogara pueblos y enviara gentes a la errancia dura? ¿Estaban seguros de que aquel agua estaba destinada a regar?

¿Era necesario enfrentarse? ¿No era viable pedir agua y riegos sin que tuvieran que ser los leoneses del sur los que le ponían la soga al cuello a los leoneses del norte? ¿En qué pensaban aquellos que alimentaron la batalla?

Mira la imagen. El agua ha arrasado con las zonas de ocio y baño de Valencia de Don Juan, una comarca que ha sabido aprovechar como nadie esos meses de baños y barbacoas. La riada causó grandes destrozos.

Esa riada es la hija de las nevadas que tanto daño causaron en la otra esquina de la provincia; la que aisló pueblos, dejó ganados a la intemperie, tuvo a ganaderos rompiendo nieve, hundió tejados...

¿No es lo mismo? No olvidemos aquel 18 de enero.
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