Esta web utiliza las cookies _ga/_utm propiedad de Google Analytics, persistentes durante 2 años, para habilitar la función de control de visitas únicas con el fin de facilitarle su navegación por el sitio web. Si continúa navegando consideramos que está de acuerdo con su uso. Podrá revocar el consentimiento y obtener más información consultando nuestra Política de cookies.
ACEPTAR
Publicidad
Hora del planeta

Hora del planeta

OPINIóN IR

30/03/2019 A A
Imprimir
Hora del planeta
Qué razón tiene esa frase que dice que nuestros mayores son toda una fuente de sabiduría. Tendemos a pensar que los abuelos ‘chochean’ para ciertas cosas, que están atrasados o que no entienden las nuevas costumbres de la gente joven. Pero si nos ponemos a analizarlo, los abuelos han sido auténticos pioneros en casi todo, incluso en el cuidado del planeta. Es un tema que está últimamente de peligrosa actualidad. Justo hoy sábado se vuelve a celebrar la Hora del Planeta. Es una iniciativa promovida por la asociación WWF en la que se invita a empresas y particulares a que apaguen la luz en favor de la naturaleza de 20:30 a 21:30 horas. Un gesto sencillo para intentar minimizar el impacto que estamos teniendo sobre el medio ambiente. Me asusta ver pequeños cambios que yo misma sufro a mi alrededor y que nos dan indicaciones de que nos estamos cargando el ecosistema. Marzos que parecen junios, alergias que se adelantan cada vez más, comidas que prefiero no saber qué contienen, cielos rojizos y una calidad de aire malísima, una cantidad ingente de plásticos de un solo uso que desechamos sin parar porque nos facilitan un estilo de vida consumista y con prisa… Terrorífico. Reflexionando sobre todo esto me acordé de algunas costumbres que se tenían en la época de mis abuelos. Mi abuelo, por ejemplo, tenía una carnicería y una tienda de alimentación en la que la mayoría de las cosas se servían a granel y la gente se las llevaba en sus bolsitas de tela. Al igual que el pan. Mi abuela me sigue dando su bolsa de tela cuando me pide que se lo vaya a comprar. Tampoco tenían reparos en juntar en su carrito de la compra peras, manzanas o cebollas, y no necesitaban unas bandejitas de ‘porexpan’ para el pescado o la carne, ni envoltorios individuales para las galletas. Muchos de ellos utilizaban hueveras, lecheras y devolvían los cascos de cristal. Resultaban bastante más ecológicos que nosotros, a pesar de que nos jactemos de todos nuestros avances. Definitivamente tenemos muchísimo de lo que aprender.
Volver arriba
Newsletter