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Hooligans, políticos y lameculos

Hooligans, políticos y lameculos

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Sofía Morán de Paz | 13/10/2019 A A
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Hooligans, políticos y lameculos
A debate Por Sofía Morán de Paz
Mi pequeño Dimas, que acaba de estrenar sus gloriosos 4 años, está viviendo ese momento de la vida en el que le parece de lo más normal eso de dirigirse a alguien para decirle que está gordo, despeinado, o sucio (cuando efectivamente lo está), así, a la cara y sin anestesia previa. Por supuesto, se descojona si te caes o tropiezas, y le provoca un regocijo inaudito decir que alguien es muy, pero que muy tonto.

Quien me conoce ya sabe que soy una madre en apuros tremendamente malhablada, sufro y me muerdo la lengua más de cien veces al día, para después poder decirle a mi hijo con cierta solvencia aquello de: «¡eso no se dice!», y hacerlo además de la forma más difícil, que es dando ejemplo. También con la cortesía y los buenos modales, tan pasados de moda en estos tiempos que vivimos, pero tan absolutamente necesarios para convivir con cierta armonía.

«El PSC ha decepcionado hoy a muchos. A mí ya no podía: lo abandoné hace 33 años sabiendo lo que era: un partido de lameculos paniaguados mezclados con ladrones pijos. Traidores, acomplejados, inmorales y nacionalistas dedicados a servirle a Puyol la cabeza del área metropolitana», escribía el pasado lunes en su Twitter Juan Carlos Girauta (diputado de Ciudadanos), una publicación con 2.500 ‘retweets’ y más de 6.000 ‘me gusta’, ahí es nada.

No vengo a hablarles del fondo, con el que pueden estar más, o menos de acuerdo; yo lo que quiero es hablar de las formas, porque esas, también son importantes.

No es la primera vez (y no va a ser la última) que vemos a nuestros políticos insultarse y faltarse al respeto; ya sea en directo o en diferido, en debates, declaraciones, o en sus redes sociales. Definitivamente se han soltado la melena, no se cortan un pelo y utilizan sin pudor el insulto, la descalificación, y un lenguaje grosero.

De un lado, y de otro, de arriba, y de abajo, locales y nacionales, morados, rojos, naranjas y azules. No les cuento los verdes. Ensucian la vida pública y dan un ejemplo terrible, teniendo en cuenta el eco y la repercusión que siempre tienen este tipo de noticias.

«Delincuente», «machirulo», «marrano», «fascista», «puta», «tiparraca»…

Es evidente que la oratoria política ya no es lo que era, atrás quedó el ingenio, la capacidad dialéctica, la educación o la cortesía parlamentaria.

Y estamos tan acostumbrados al espectáculo y la pandereta, que ya casi nada nos sorprende. Se nos olvida que el insulto es una agresión verbal que en la mayoría de las ocasiones tiene poca justificación.

Podría decirles que el insulto suele reflejar una evidente falta de autocontrol, ese ‘calentón’ momentáneo difícil de gestionar. Pero no es el caso, no se olviden de que nuestros políticos no dan un paso (ni a una tecla) sin sus asesores, y la realidad es que dejan pocas cosas a la improvisación. Cuando se expresan así, o escriben determinadas cosas en sus redes sociales, es porque el insulto vende, funciona y arrastra votos.

Este es el tipo de política que se lleva hoy en día, crispar el ambiente y agitar a las masas. Ya no se hace política para convencer a los demás, ahora el objetivo es buscar que los ‘tuyos’ no se queden en casa el día que toca echar la papeleta en la urna, jugando con el insulto, la bronca y el jaleo, convirtiendo al electorado en hooligans enfurecidos.

Buen ejemplo de ello es, además del propio Girauta, la señora Cayetana Álvarez de Toledo, experta en provocaciones y polémicas, siempre dispuesta a subir el tono bronco, que es donde ella se maneja, donde realmente se siente cómoda. Sin despeinarse, ni cambiar el rictus de su cara.

Todo vale por ocupar un poco más de espacio en los programas, o hacer un buen ‘trending topic’ en Twitter.

Winston Churchill le dijo a uno de sus adversarios políticos: «es usted uno de esos oradores que, cuando piden la palabra y se levantan para hablar, no saben lo que van a decir. Cuando están hablando, no tienen ni idea de lo que están diciendo y, cuando se han sentado, no saben lo que han dicho». Compárenme esto con el «lameculos paniaguados», y me cuentan.

Sofía Morán de Paz (@SofiaMP80) es licenciada en Psicología y madre en apuros
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