Publicidad
Hombre de mil oficios y 'madreñinas' artesano

Hombre de mil oficios y 'madreñinas' artesano

CULTURAS IR

Ampliar imagen
Fulgencio Fernández | 27/10/2019 A A
Imprimir
Hombre de mil oficios y 'madreñinas' artesano
Los inolvidables ‘El Madreñinas’ era su apodo porque hacía madreñas, y muy buenas. También fue minero y la guerra le castigó como a pocos, pero desde Casomera, donde nació, hasta Tolibia, donde vivió, guardan un inmejorable recuerdo de este paisano, trabajador como pocos y artesano de los buenos
Recuerdo la conversación, con el inolvidable Carpo, cantinero y cojo en Tolibia. Nos contaba que él mismo se fabricaba las «patas de palo» y también las botas de cuero que llevaban, «que son malas porque no las acabas nunca y así no vendes más que un par».

- ¿Y madreñas no sabes hacer?
- Sabría, pero no me pongo porque aquí hubo madreñero buenísimo, Madreñinas le llamábamos por ello, vino de la parte de Casomera pero se casó aquí y aquí vivió.
- Se llamaba Severiano Solís, y se casó aquí con mi tía Aquilina. Era muy trabajador, tenían ganado, hacía madreñas que había aprendido en Casomera y trabajó en las minas, allá para Matallana y en la de cobre que había aquí cerca... lo que tuvo muy mala suerte en la guerra; terció en la conversación Carmina, hermana de Carpo, que lo recordaba perfectamente y destacaba su carácter trabajador.

Para hacer las madreñas se quedaba durante meses en un chozo del bosque de Tejedo Y a través de Carmina me hizo llegar un día unas letras de un nieto de Madreñinas, Arturo Corral Solís, quien reivindicaba la memoria de este personaje, cuyo recuerdo aún no se ha borrado en los mayores pero merece que lo recuerden los jóvenes. Arturo recordaba que el abuelo «nació en Casomera donde se crió con cinco hermanos más, cuatro chicas y un chico, Vicente. Tradicionalmente su familia se dedicaba al ganado y a la fabricación de madreñas en la comarca y desde pequeño aprendió el trabajo ayudando a su padre». Unas madreñas muy apreciadas por el bien hacer del artesano y la buena madera, fundamental en este oficio. «En primavera y verano bajaba con su padre y su hermano desde Casomera al hayedo de Tejedo para trabajar la madera de este bosque de hayas. Allí se quedaban durante algunos meses en un chozo o pequeña cabaña cerca de un antiguo monasterio de monjes, (San Pelayo de Tejedo), mientras hacían las madreñas que luego vendían a los comerciantes».

También había tiempo para la diversión y un domingo acudió al baile a Tolibia. «Conoció a mí tía Aquilina, que también venía de la rama artesana pues su padre era El ferrero de Tolibia y se casaron. Tuvieron cuatro hijas, que ya no viven aquí, pero ellos sí estuvieron en Tolibia hasta su muerte... menos el tiempo que él no pudo», decía Carmina recordando los avatares de la guerra, que recuerda su nieto.

- Cuando estalla la Guerra Civil tiene que incorporarse a filas, lucha en varios frentes entre ellos el de Teruel. Es detenido y llevado a la cárcel de León y más tarde trasladado a la de Valencia de Don Juan. Mientras Severiano estaba en la cárcel, en el valle del Curueño se producía la huida de los rojos hacia Asturias por el Valle del Curueño perseguidos por los nacionales. Fueron quemados todos los pueblos del valle y sus habitantes obligados a refugiarse aguas arriba del Curueño, hasta llegar a Cerulleda, allí, Aquilina y sus hijas se unieron a muchos vecinos de La Braña, Valdeteja, Nocedo, Arintero...

No tenían ni casa ni dinero y, recuerda Arturo Corral, «tuvieron que establecerse en las eras y debajo de una peña, una especie de cuevona cerca del pueblo. En esta cueva ‘la Peña’ permaneció Aquilina con sus tres hijas de 6, 3 años y apenas dos meses, que tenía la más pequeña, durante el invierno de 1936, sufriendo el frío, la lluvia y las nevadas sin nada, ya que todas sus pertenencias las habían enterrado en el corral de su casa ahora quemada».

Preso en la guerra, la familia tuvo que vivir en una cueva;con tanto frío que la orina se les congelaba  Y en ese trance tan duro surge uno de esos casos de solidaridad que se encuentran en las situaciones más difíciles, una solidaridad basada además en ejercer la misma profesión. Ya se ha dicho que el padre de Aquilina era herrero y al saber de sus penurias el herrero de Cerulleda «les cedió una pequeña habitación de su vivienda para que se guareciesen del frío, aunque esto no evitaba que durante los avisos de los bombardeos y el paso de las tropas tuvieran que volver a huir a su refugio debajo de la peña donde pasaban muchas horas. Tal era el frío que el pis de las niñas más pequeñas se congelaba en las mantas que las envolvían, pues no podían encender fuego para no ser descubiertos. Desde allí contemplaban las carreras de los dos ejércitos persiguiéndose por los montes cercanos y a veces recibían algún disparo despiadado, quien sabe de qué bando».

El regreso a los pueblos después de la contienda fue muy duro en estas comarcas, unos las habían quemado, otros las habían saqueado y aquellas gentes no tenían nada. Aquilina y las niñas se fueron a vivir a la fragua, cuyas paredes habían resistido al ser muros de piedra, Regiones Devastadas comenzó a ayudar en la reconstrucción... «Aquilina y sus hijas pasan el invierno en La Vecilla en una casa alquilada, pagando con el dinero que gana lavando y planchando la ropa para las familias adineradas, y con el de los ‘puntos’ que le da el Estado por sus hijas, pues Severiano se hace barbero en la cárcel y pagan a su familia por su trabajo. En verano regresan a Tolibia a la fragua, y conviven, entre otros, con dos hermanos de Aquilina y Carpo y Carmina, que eran sobrinos».

Al fin regresa Severiano, ha pasado cuatro años y tres meses en la cárcel, y se labra la fama de trabajador infatigable y en lo que sea: «Es albañil y cantero en la reconstrucción de las casas de Tolibia y el cuartel de Lugueros; vuelve a ir a la mina de Matallana y a otras en Tolibia de Arriba y la de cobre de La Venta; no abandona el oficio de madreñero y también sigue con el que aprendió en la cárcel, barbero».

- Y Aquilina no se le quedaba atrás, que además de criar las hijas siguió trabajando para las señoras de dinero; reivindica Carmina.

Increíble ejemplo de lucha. Después hizo Madreñinas un pacto de casero con una vecina y le cuidaba el ganado y las tierras e iban «a medias». Nació su cuarta hija. Comenzó una nueva vida que bien se había ganado y que nada extraña que haga sentirse orgulloso a su nieto. Y a Carpo y Carmina. Y a tantos que les recuerdan con evidente y merecido cariño.
Volver arriba
Newsletter