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Vecinos ilustres en el frente y también en la retaguardia

Vecinos ilustres en el frente y también en la retaguardia

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T. Giganto | 03/05/2020 A A
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Vecinos ilustres en el frente y también en la retaguardia
Sur de León Tamara y Floren son vecinos de Valencia de Don Juan y cada uno vive estos días según las circunstancias que les ha tocado. Ella es enfermera en el Hospital de León y él anima con música el barrio de Santa Teresa al llegar las ocho de la tarde. Los dos se han convertido en un orgullo para sus vecinos
Empezó el estado de alarma sin que muchos supieran el nombre del vecino del tercer piso del bloque de enfrente. Empezará la desescalada sabiendo hasta qué día cumple años su hijo. Los vecinos tienen ahora una vida de la que hemos estado pendiente a través de la ventana. Las ocho de la tarde se convirtieron en el termómetro de la salud de todos y aunque no se pase lista, sí se saben cuáles son las persianas que no se suben para salir a aplaudir. «A ver si pasó algo». Las comunidades de vecinos son ya algo más que rostros a los que ver en las reuniones periódicas en las que hablar de la limpieza del edificio o de la derrama para pintar el portal. Ahora tienen historias de las que presumir y sentirse orgullosos, bien sea porque están en primera línea de batalla o bien porque, a su manera, también luchan en la retaguardia. Los unos mejoran la salud física de las personas ingresadas, los otros se ocupan en muchos casos de la anímica de los confinados en casa. En el primer caso, los que presumen de enfermera son los vecinos del Barrio Esla, de Valencia de Don Juan, donde vive Tamara García. En el segundo está Floren Amor, que cada día a las ocho de la tarde saca los altavoces para la ventana para hacer disfrutar de un rato de música a quienes viven en las inmediaciones del Parque de Santa Teresa de la localidad coyantina.

Tamara es natural de Matallana de Valmadrigal pero vive en Valencia con su pareja. Hace unas semanas, cuando salió de casa para dirigirse a trabajar como enfermera al Hospital de León encontró una carta manuscrita en el portal. Eran sus vecinos. Querían decirle lo orgullosos que están de ella, lo mucho que valoran su trabajo y el de todo el personal sanitario. «Que no todo el mundo tiene en su portal gente tan valiente». Ese día Tamara se dirigió a su puesto de trabajo con la misma incertidumbre que desde el inicio de la crisis sanitaria pero con un toque de ilusión y de emoción que no había tenido antes. «Saber que estás sin ver a tu familia pero que tienes unos vecinos que están ahí es muy emocionante», explica Tamara desde casa, a la espera de que Sacyl vuelva a contar pronto con ella para trabajar dado que se encontraba haciendo una baja en el Hospital de León. «Me volverán a llamar pronto, nunca he estado mucho tiempo sin trabajar», explica. Recuerda que los primeros días estuvieron marcados por el miedo. «Pero después te das cuenta de que es difícil vivir con miedo y te dices a ti misma: tienes que hacerlo lo mejor que puedas y afrontar esto con optimismo. Y así lo hice, y muy bien. Ha sido una experiencia dura pero de la que también he aprendido mucho como profesional», cuenta Tamara, una joven que pertenece a esa generación que acabó sus estudios universitarios en plena crisis económica y a la que el mercado laboral nunca se lo ha puesto fácil. La escasez de trabajo en España hizo que en 2014 tuviese que poner rumbo a Alemania para trabajar. Volvió y empezó su periplo por la sanidad española empalmando contratos a la espera de que conseguir pronto el definitivo. Entre medias llegó la pandemia y lo hizo con ella al pie del cañón en la planta de digestivo del Hospital de León. «Trabajar con tanta protección ha sido muy incómodo pero teníamos un equipo fantástico, inmejorable», reconoce Tamara asumiendo que esa fue una de las claves a la hora de plantar cara a la COVID-19. «Fíjate, a veces no terminas de creer lo que está pasando ni viviéndolo», comenta a través de la línea de teléfono desde la que en todo momento se intuye su sonrisa. Esa sensación se multiplica cuando habla de sus vecinos del Barrio Esla de Valencia de Don Juan. «Yo les contesté con otra carta, quería darles las gracias por el gesto que habían tenido conmigo», cuenta. Y en la carta hace un guiño a todos y cada uno de sus vecinos esperando que pronto recuperen esa normalidad que a ella le llevaba siempre a pisar el portal cuando estaba recién fregado, o a escuchar a los nietos del vecino del otro lado de la pared del salón. «Yo solo hago mi trabajo, los que son extraordinarios son ellos», dice Tamara.  

En la retaguardia de la lucha contra el coronavirus en Valencia de Don Juan está Floren Amor, un vecino de la zona del parque de  Santa Teresa que desde que empezó el estado de alarma tiene un quehacer más diario: animar al vecindario. «La idea surgió entre mi pareja, Irene, y una vecina. Al principio pusimos un par de canciones con un altavoz pequeño pero nos acordamos que teníamos unos más grandes en el trastero y los instalamos», cuenta Floren tras una de sus sesiones de las ocho de la tarde. A esta hora primero aplauden, después un vecino toca una vecina y llega su turno:rock, pop, indie, reggaeton... Música de antes y música de ahora y hasta peticiones al oyente. Le llegan a Floren las sugerencias de sus vecinos sobre esta o aquella canción y en el repertorio no ha faltado el cumpleaños feliz cuando a alguien le toca soplar las velas confinado. «Los vecinos nos agradecen el gesto y nos piden que no dejemos de hacerlo», cuenta este joven coyantino. Y de ahí que se hayan animado a amenizar también la hora del vermú de antes de comer los fines de semana. Pero la realidad actual no es precisamente una verbena y Floren no vive ajeno a ella. Por eso sus altavoces se enmudecieron unos cuantos días por el fallecimiento de un vecino a consecuencia del coronavirus.

«Mira, hay que vivir como nos vaya viniendo y lo que podamos. A veces no es como nos gustaría, pero...», comenta Tamara antes de despedirse desde su casa en el Barrio Esla de Valencia. Mientras, Floren prepara la música para las ocho en Santa Teresa. Sabe como nadie que la retaguardia también es buena trinchera para defender la alegría.
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