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Hilanderas, tradición y leyenda

Hilanderas, tradición y leyenda

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Toño Morala | 28/05/2018 A A
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Hilanderas, tradición y leyenda
Reportajes Las ‘madres’ de los filandones, las hilanderas, que de ellas toman su nombre. Estamos ante un viejo oficio que aúna las características de la artesanía y la magia de las conversaciones, la tradición oral, las leyendas...
«En las tardes de invierno, hila, canta y espera… es la hilandera”. Aquí hay que hilar fino, y nunca mejor dicho. Tenía uno ya ganas de meterle unas palabras escritas a este noble arte que convierte fibras de animales o vegetales en hilo, y con ese hilo, fabricar tejidos para vestir la vida de la mejor manera posible, y con la belleza necesaria para que no se celen otras chapuzas que andan siempre a la deriva de lo práctico y sencillo. No hay ningún reparo a la hora de escribir sobre estas cosinas tan de mujeres, aunque es bien cierto que muchos hombres también hilaron de lo lindo para ayudar a las economías de las casas de humeros agachados y pan de hurmiento migado en sopas, tanto de ajo como de las diferentes leches de las aldeas y pueblos. Las tribus que se instalaron en las vaguadas y cerca de las aguas, son las que aprovecharon las estaciones más frías para estos menesteres tan llenos de encanto, pero también de trabajo, originalidad, y oralidad, mucha oralidad. Ya es sabido las muchas maneras que llaman el juntarse personas a la orilla del llar o del hogar, sentados o de pies, y a la vez que se hilaba y tejía, pues ya saben… también se contaban leyendas y noticias oídas por esos caminos de la tierra que llevan siempre a las buenas gentes de los lugares. Esos lugares donde las costumbres se hicieron tradición, la tradición cultura, y la cultura, esa riqueza de la que tanta falta nos hace para mejorar este mundo tan lleno de egoísmos y de fierezas por el poder y el jodido dinero; qué bien se vivía en aquellos años sin los dineros malditos, y qué bien se llegaba a viejo mucho más rápido, pero con mucha vida vivida en aquellos años en las aldeas, donde sí era verdad que faltaba de mucho, pero aquí estamos un montón de ellos que usamos jerséis de viejas lanas hiladas, y nos quitamos el frío de los pies con aquellos calcetines de lana que picaban lo suyo, pero quitaban el noble frío… filandones, hilorios, hilas, calechos… Fue en esas noches, en las que las mujeres mayores del pueblo tejían las prendas o hacían hilo, y ahí comenzaban con las narraciones de leyendas en las que las mujeres, casi siempre, eran personajes terroríficos que salían en las noches a castigar a los hombres trasnochadores, a los que bebían… uno al final, se da cuenta de que todo era mucho más sencillo de cómo algunos ahora quieren adornar aquellas vidas de antaño de los ancestros. Pero hay que volver a las hilanderas, a la hila, hay que volver al lavado de la lana u otras fibras como el lino; al secado, a cardar, peinar… hay que volver a la antigua usanza del husillo, la rueca, las diferentes artes producidas por manos sabias que hilaban dando el tiempo justo, y que había que espabilarse entremetiendo nuevas fibras para llevar a buen término el noble trabajo de hilar para confeccionar cientos de cosas que todos podemos imaginar y, además, muchas, muy llamativas y bonitas.

En la India, la rueca es un símbolo de la lucha contra el imperialismo británico Y como casi siempre, la historia cuenta mucho. La historia de estas cosinas casi en el olvido, tiende a mostrar lo que ellos creían más interesante, pero luego, los diferentes estudios de otros expertos, han ido argumentando nuevas cosas y demostrando otras que no estaban tan claras. Erróneamente, la tradición popular ha relacionado la rueca con el cuento de ‘La bella durmiente’. Dicho error surgió de la proliferación de ilustraciones que mostraban a la protagonista pinchándose con una hipotética aguja en una rueca. Sin embargo, la rueca no consta de ninguna parte similar a una aguja. Originalmente, la bella durmiente se pinchaba con un huso. Y de aquellas maneras tan simples y sencillas, salieron inventos y útiles tan manifiestamente prácticos, que aún hoy están vigentes en la memoria de muchas personas mayores; entre ellas, ahí está la rueca, máquina de hilar, torno de hilar o hiladora; un instrumento para hilar manualmente fibras textiles. Esta herramienta consiste en un bastón, generalmente de caña, terminado por una cabeza donde se enrolla la rama de fibra que se quiere hilar, que incorpora una rueda, un pedal o manivela y una devanadera pequeña o soporte giratorio fijo. La máquina de hilar o rueca es una herramienta muy antigua y que, a menudo, ha tenido importancia como símbolo. Entre las más conocidas cabe destacar la de Santa Isabel de Hungría que hilaba para los pobres. En la India, la rueca es un símbolo de la lucha contra el imperialismo británico.

Las mujeres mayores tejían las prendas o hacían hilo, y ahí comenzaban a narrar las leyendas  Como parte de su campaña de desobediencia civil, Gandhi convenció a sus seguidores que la mejor forma de atacar el Imperio británico era no comprar los productos textiles de Manchester y fabricar la ropa ellos mismos de forma artesanal. La campaña inspiró a mucha gente y tuvo éxito en hacer daño de forma pacífica a los intereses del poderoso colonialismo, ayudando a los pueblos de la India a lograr la independencia. La rueca aparece por primera vez en el año 3000 a. C., aproximadamente. El lino y la lana, han sido las fibras más antiguas utilizadas en la Cuenca del Mediterráneo, se trabajaban al principio en su estado natural, proporcionando desigual textura, pero cuando se extendió la práctica del hilado se obtuvieron tejidos más uniformes.

Un huso es un objeto que sirve para hilar fibras textiles. En su forma más simple es un trozo de madera largo y redondeado, que se aguza en sus extremos y que en uno de ellos, normalmente el inferior, lleva una pieza redonda de contrapeso y tope, llamada malacate, nuez, tortera o volante. Para hilar con huso se comienza por tomar un copo de alguna fibra textil como lana, algodón, lino… y se retuerce una porción entre los dedos hasta darle forma de hebra. Esta hebra inicial se amarra al huso y se sigue realizando el procedimiento de torsión. Mientras tanto, con la otra mano se hace girar el huso con un extremo afirmado en el suelo, de modo que la hebra vaya enrollándose a él, en esta operación la tortera ayuda a evitar que el huso se desestabilice y caiga. Una vez que el huso se ha llenado, la fibra hilada se desenrolla manualmente o con una devanadera, para guardarla como ovillo o como una madeja, en este último caso, también puede usarse un aspa. Pero previamente a estos enredos hay procesos anteriores… El procesado de la lana. En este caso, primero era necesario esquilar en verano a las ovejas, luego lavar la lana en el río con las canastas para su transporte, luego dejarla secar al sol en los artos y después guardarla en vellones. Una vez esquilados y lavados los vellones de lana, el primer paso para la obtención del hilo era el “cardado”: la lana después de lavada, se quedaba un poco apelmazada, y era necesario deshilarla bien antes de proceder a su hilado. Para ello se recurría a diversos tipos de cardas, cuyo modelo más antiguo era en un útil con mango formado por un armazón de madera donde se insertaban los cardos secos. Más tarde esta lana cardada llamada copos, se hacían servir de ellos para hilarlos mediante el huso y convertirlos en lana de varias hebras mediante la rueca.

El huso y la rueca han sido considerados objetos mágicos en las culturas paganas El huso y la rueca han sido considerados objetos mágicos en las culturas paganas, con una conexión entre el arte de hilar y el mundo sobrenatural. El acto de hilar se considera un acto mágico porque, debido a su naturaleza rítmica y circular, induce, parece ser, a estados alterados de conciencia o estados meditativos, al igual que ocurre con una danza repetitiva o el ritmo continuado de un tambor. En las culturas en que las grandes diosas han acumulado las virtudes de la luna, de la tierra y de la vegetación, el huso y la rueca se convierten en atributos del destino humano. Las hierofanías lunares -manifestación de lo sagrado- indican fertilidad, regeneración, tiempo y destino. La lana de la oveja se hila fácilmente, ya que es rizada por naturaleza, pero también puede hilarse el pelo de otros animales, como el yak, la cabra, el conejo de angora, la vicuña y la alpaca, entre otros. Y por estas nuestras tierras, aparte de hilar lana de oveja, se ha hilado mucho, pero que mucho lino. Y para cerrar, uno todavía se acuerda cuando abría los brazos para que sirvieran de devanadora para que la madre hiciera ovillos… qué tiempos tan maravillosos, y sin tantos telares de por medio. Y un estribillo tradicional… «Baña el lino con sus lágrimas la bella hilandera, mientras gruñe el mastín de su padre a sus pies y se acuesta».
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