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"Hace falta volver a 'perder el tiempo' tan solo en hablar"

"Hace falta volver a 'perder el tiempo' tan solo en hablar"

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Fulgencio Fernández | 11/07/2020 A A
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"Hace falta volver a 'perder el tiempo' tan solo en hablar"
Cultura Marta Redondo, columnista de este periódico, es este sábado la encargada de pronunciar en el Museo Etnográfico de Mansilla la charla sobre la pieza del mes, dedicada a ‘las pregancias’
Las pregancias. Fragancias de nuestra memoria’ es la charla que este sábado (18.30 horas) en el Museo Etnográfico —dentro de la actividad ‘La pieza del mes’— Marta Redondo Álvarez, Licenciada en Derecho y Diplomada en Ciencias Religiosas. Hablará de esta pieza que define como «humilde pero cargada de simbología de un pasado cercano» y que podrá conocerse in situ pues el Museo provincial la alberga en su exposición permanente.

–¿Por el principio, qué son, qué eran, las pregancias?
–La voz “pregancias” hace referencia a aquellas cadenas que, en las cocinas antiguas, pendían del centro de la chimenea para descender sobre la lumbre del hogar sosteniendo los potes en los que se cocinaban las esperadas viandas de la cena y alguna que otra cosa. A menudo, y entrelazados entre las argollas de la pregancia se clavaban aguzos encendidos que irradiaba una inquietante luz por todos los rincones de la cocina convocando las danzas de criaturas mitológicas. Tales envolventes movimientos, unidos a lo dispar de la concurrencia de ambos sexos, desataban la lengua y enredaban la imaginación de los que permanecían sentados en los viejos escaños .

–¿Qué te lleva a revivir las fragancias de las viejas pregancias?
–Me hubiera gustado fuera recordarlas por la propia experiencia pero desafortunadamente no pude disfrutar de abuelos por haber nacido un poco a destiempo. Es lo que tiene ser la pequeña de la casa. Todas las historias familiares las conozco ‘de oídas’. En una visita al Museo Etnográfico y mi amiga Rocío Rodríguez Herreras, también colaboradora de esta casa, estaba haciendo prácticas en el Museo. Se ofreció a enseñármelo y al llegar al área donde se encuentra la cocina se detuvo en esta pieza. A ella le fascinaba el nombre y consiguió transmitirme su entusiasmo. De ese asombro surgió el afán por investigar las pregancias..

–¿Titulas la charla ‘Fragancias de nuestra memoria’, ¿qué recuerdos personales despierta en ti la propia palabra y la pieza?
–Al imaginarme la pieza en un escenario real sentí el calor de una cocinona de esas de antaño, el olor a guiso de los que alimentan, la conversación familiar y de vecindad, la confidencia de cuentos y decires al amor de la lumbre. El ambiente de uno de esos filandones de los que tanto me han contado.

–¿La pregancia remite a viejas formas de hacer o cocinar, sin prisas, con lo que se tenía ‘a mano’, aprovechando el calor de la cocina para otros usos ¿Las prisas han acabado con demasiadas cosas, son pérdidas dolorosas o inevitables?
–(La inmediatez nos atenaza. Es algo antinatural. Por eso sentimos tanto sosiego en los rincones apartados de la naturaleza, algunos reivindican otra forma de hacer y mirar las cosas en ese movimiento hoy tan en boga que llaman Slow. Es curioso que incluso durante el reciente confinamiento algunos reconocieran sentirse a gusto en esa quietud. En el fondo a todos nos gusta el remanso de vez en cuando.

–Como decías, se asocian siempre estos recuerdos a la costumbre ‘madre’ de aquellas formas de vida, el filandón ¿Haría falta recuperar la conversación, la relación con los vecinos, la puesta en común de las cosas, la vida comunal en definitiva?
–Haría falta sin duda detenerse a mirarnos un poco más a los ojos más allá de la realidad virtual, ‘perder el tiempo’ hablando de cosas que pueden parecer insignificantes o banales pero que dejan un poso de los que alimentan casi tanto o más como un buen guiso. Esa vida de pueblo. Las facenderas, los concejos, las partidas, los encuentros a la salida de misa....

–¿Hemos convertido en una confrontación lo antiguo y lo moderno? ¿no serían compatibles y hasta complementarios?
–Son interdependientes. Lo moderno no podría ser sin lo antiguo. Pienso por ejemplo en la literatura y la música actuales que son herederas de las tradiciones orales de nuestros mayores. Como docente constato cada día en las aulas el entrañable aporte que la convivencia e intercambio entre nietos y abuelos aporta para el bienestar e incluso sosiego intergeneracional.

–Das la charla en el Museo Etnográfico de Mansilla, uno de los pocos lugares en los que ver pregancias y tantas otras piezas y utensilios ya perdidos ¿cómo valoras estos centros?
–Me parece fundamental impulsar estas iniciativas. El museo Etnógrafico de Mansilla recoge un legado histórico y patrimonial extraordinario, bien distribuido y en un edifico encantador. Gracias a esta investigación he podido conocer toda la actividad que llevan a cabo instituciones como la Cátedra de Estudios Leoneses dependiente de la Universidad de León que está desarrollando un interesante trabajo en el campo de la lengua, la literatura, la historia, patrimonio, educación y todo lo que implica, que es mucho, el término de cultura leonesa.
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