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Hablando en cristiano

Hablando en cristiano

OPINIóN IR

11/11/2020 A A
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Hablando en cristiano
Una arruga en el tiempo, es un cuento de Madeleine L’Engle, que sirve para revivir el tiempo de la ardiente adolescencia. Pero no estamos para cuentos ¡Los tiempos felices quedan tan lejanos! Dicen los ingleses, tan pragmáticos ellos, «time is money». «El tiempo es dinero», hablando en cristiano. Y como todas las cosas valiosas, es limitado. A veces se hace largo, pesado o tedioso, cuando lo que esperamos no acaba de llegar. Otras veces lo perdemos a drede. Dando la espalda al deber y a la sensatez, nos dejamos llevar por la molicie o los agradables caprichos. Lo que nos presta. Leer, ir al cine, a montar a caballo, bailar, pasear al perro, emborracharnos... O una siesta en la cama, que no es sólo para dormir.

Al margen de lo festivo, mientras seguimos viviendo, está la tragedia de perder el tiempo en la cola del paro, en el ambulatorio o esperando una vacante para entrar en la UVI, donde tus días serán tan amargos, que desearás dejar tu saldo a cero.

Tan valioso es, que cuando te descuidas, te lo roban. Por eso, nos hemos quedado encerrados, durante días, meses, y sabe Dios hasta cuándo. Ya sabemos lo que es vivir en un gueto, un confinamiento y el estado de sitio. Desde luego, no es el gueto de Varsovia, ni un campo de trabajo; tampoco hay alambre de espinos, ni caen los obuses sobre nuestras cabezas. Ante tal avalancha de desgracias, los españoles están atónitos y más parece fruto de una alucinación colectiva. Algunos lo viven como si se tratara de un juego de playmóvil. Un simulacro de alarma al que no damos importancia.

Pero, de repente, los seres desaparecen de las calles. Se han ido. Desorientados y taciturnos vagan por calles solitarias. Cómo echamos de menos a aquellas gentes vocingleras con sus, gracias y risas, que tanto nos molestaban en los bares. Mira por dónde. Entre tanto, poco podemos hacer, salvo esperar que Sánchez o Iglesias –tanto montan-montan tanto– levanten el telón, que la función se reanude y salgamos a la calle. Como Pablo Milanés: «Yo pisaré las calles nuevamente de lo que fue Santiago ensangrentado».

Hoy, el drama está en Madrid, Pamplona, Canarias y todos los rincones del País. Siguiendo con Milanés, recuerdo que también le robaron, dolorosamente, su tiempo, cuando lo condenaron a trabajos forzosos en un campo de concentración. Y luego a la cárcel. Pero no le hicieron callar.

Por la senda del silencio: Cuba, Bolivia o la Pequeña Venecia, temerariamente nos lleva el gobierno. Un paso adelante es que Sánchez, como un Mesías, se arrogue dirimir qué es la verdad y qué la mentira. ¿Quién podría saberlo? Justos o pecadores. Apresúrense, ya va habiendo cola para El Juicio Final.
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