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Ha pasado un Ángel

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El Padre Ángel con Martínez Majo y las autoridades locales en el simbólico corte de la cinta del torneo de Lario. | PATRICIA RODRÍGUEZ Ampliar imagen El Padre Ángel con Martínez Majo y las autoridades locales en el simbólico corte de la cinta del torneo de Lario. | PATRICIA RODRÍGUEZ
L.N.C. | 23/07/2017 A A
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Ha pasado un Ángel
Sociedad La presencia del Padre Ángel en Lario convirtió lo que iba a ser un acto deportivo, la presentación de la 40 edición del torneo de Fútbol Sala, en un homenaje de los vecinos a este cura asturiano que aceptó ser Padrino de Honor
Iba a  ser un acto deportivo importante, la presentación del Torneo de Fútbol Sala de Lario en su 40 edición pero se convirtió en mucho más. Estaba el presidente de la Diputación, autoridades locales y, sobre todo, estaba el pueblo de Lario, que abarrotaba el salón de la Casa del Parque, que se quedó pequeño.

¿El motivo? La presencia en esta pequeña localidad —43 habitantes en invierno, decía su presidente Daniel Puerta— del Padre Ángel, el cura asturiano volcado con los más desfavorecidos que  había aceptado ser el Padrino de Honor de esta emblemática 40 edición.

El fútbol sala le cedió el protagonismo al Padre Ángel, cuya figura reconocieron todos los intervinientes —el citado presidente, el organizador del torneo, Borja Fernández; el alcalde de Burón, Porfirio Casado; el presidente Martínez Majo y nuestro  compañero Fulgencio Fernández, moderador del acto— antes de que él tomara la palabra.

El moderador trazó un breve perfil en el que incidió en recordar a aquel niño asturiano que quería ser como don Dimas, el cura, pero no para ser un párroco más sino «para ser el cura que recibía a los maquis y los ayudaba, a los mineros perseguido, a niños huérfanos... y lo fue»». Y lo sigue siendo, como «fue el que se atrevió a devolverle un donativo para su obra Franco».

El Padre Ángel, esperado por todos los presentes quiso ser breve, agradeció a Lario el nombramiento y, sobre todo, a quien lo propició, «mi hermano del alma el padre José Vicente, hijo de este pueblo».

Señaló el cura asturiano que lo primero que iba a hacer al regresar a Madrid era contárselo a Josué, el niño salvadoreño al que la guerra destrozó la cara y otras partes del cuerpo «y con el que el doctor Cavadas está haciendo el milagro de recuperarlo. Le deseo larga vida al Torneo de Lario y os prometo que volveré con Josué para que lo pueda jugar». Y pasó a complacer a tantos vecinos que querían hablar con él.
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