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26/01/2019 A A
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Hay una cosa que me fastidia mucho como usuaria de diferentes servicios de transporte. Ya he hablado de Renfe, de sus precios y de su relación calidad precio. Pero como no existe ninguna competencia en el sector que les pueda hacer una guerra de precios, pues aquí seguimos, pagando dinerales para viajar en tren. Pero hoy voy a hablar de los taxis, aunque muchos se me echen encima. No hay mayor mal en el mundo que una mente corta de miras. Entiendo su desasosiego, cuando nunca se han visto amenazados por otro tipo de empresas que realicen el mismo servicio –o incluso mejor– y pierdan cierto volumen de negocio. Pero bienvenidos al s.XXI. Las cosas avanzan, evolucionan, y la presencia de la tecnología en nuestros días es una realidad a la que no se puede dar la espalda. Y resistirse sólo les costará sudor y lágrimas. Los que sepan adaptarse, sobrevivirán. Y sino, ¿qué le tendríamos que decir a ese señor que cerró su tienda porque los niños ya no compran juguetes? ¿O a los que tenían un videoclub? ¿O a la señora que perdió su empleo porque la sustituyó una máquina? Todos y cada uno de ellos han tenido que enfrentarse a una realidad imparable, y no han salido a la calle a colapsar ciudades y a ‘liarla’, en definitiva. Tenéis derecho a la huelga, pero taxistas, vais a seguir teniendo trabajo. Siempre va a haber usuarios que sigan llamando a Radio Taxi para pedir un coche, gente que os parará por la calle, y gente que se vaya a una parada específica para montar en uno. Pero tenéis que aceptar que hay otra gente que también prefiere saber lo que va a pagar antes de subirse a un coche, controlar con quién viaja, el trayecto, la matricula y modelo del vehículo; que te den agua al montarte, que te pongan la música que tú quieres o que el coche este muy limpio y el conductor vaya en traje. Es simplemente cuestión de preferencias. Ley de la oferta y la demanda, como en cualquier sector. Todos pendemos de un hilo en nuestros trabajos. Puede venir alguien mejor o una empresa que ofrezca mejor servicio que el tuyo, y tenemos que convivir con ello. Ley de vida.
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