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Géneros de la otredad

Géneros de la otredad

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Ilustración de la cubierta de ‘Una habitación en Europa’. |EOLAS EDICIONES Ampliar imagen Ilustración de la cubierta de ‘Una habitación en Europa’. |EOLAS EDICIONES
Raquel de la Varga / Leticia Barrionuevo | 15/08/2018 A A
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Géneros de la otredad
Los consejos de Patronio Como lectores tenemos la mirada llena de prejuicios hacia géneros como los diarios, tan maravillosos como necesarios
Siempre hubo géneros literarios de primera, de segunda y de tercera. Una de las discriminaciones más sonadas es la del cuento frente a la novela, que convirtió a los cultivadores de la brevedad en hermanos menores de los prolíficos autores de novela al peso. Algo queda aún de este prejuicio, pero este desprecio es pecata minuta en comparación con la desgracia de los géneros y escritores que nunca dejarán de estar bajo sospecha de no hacer siquiera algo literario. Estamos pensando concretamente en casos como el del ensayo o el diario. Sin embargo, los libreros en estos tiempos dicen lo contrario, ahora que parece que las ciertas formas minoritarias no tan apegadas a la ficción se venden más que nunca.

La literatura de las últimas décadas, de una forma o de otra no deja de preguntarse por la misma cosa: la identidad. Quién demonios soy yo y qué es lo que me hace ser como soy y me diferencia del otro, o precisamente, aunque no quiera reconocerlo, por qué me parezco tanto al tipo que tengo en frente.

Quizá sea nuestra maldita manía de separar unos libros de otros porque tienen más o menos ficción, o son más verdad o más mentira, que desterramos de nuestro canon particular de lecturas a seres tan maravillosos como Montaigne, y por qué no, a Avelino Fierro. Las reflexiones de este fiscal de menores —bien conocido en los ambientes culturales extraoficiales de León— dieron el salto de lo privado a lo público (eterna pugna inherente a los diarios) a través de Tam Tam Press de la mano de Eloísa Otero. Hubo un entonces en que escribía sus reflexiones de forma epistolar dirigidas a los amigos sobre lo diverso que le llamaba la atención, y con el paso del tiempo pasaron a publicarse periódicamente en la red, ese vasto mundo que acerca amigos y continentes.

Pero la fuerza mayor que en los últimos años ha hecho que lo digital imprescindible haya pasado a publicarse en papel ha terminado por convertir las reflexiones de Avelino Fierro en lo que podríamos considerar diarios, a medio camino entre otros géneros. Los artífices de Eolas Ediciones llevan ya tres entregas: Una habitación en Europa (2014), Ciudad de sombra (2015) y La vida a medias (2017).

Aunque seguramente por su trabajo como fiscal de menores Avelino Fierro tendría mucho que contar, raramente habla de ello en sus diarios. Más bien en ellos encontramos meditaciones de todo tipo —qué se tomó esa tarde en un conocido bar del húmedo y con quién, la música que escuchó y que le emocionó, y sobre todo, esos versos que leyó y el mundo no debería perderse porque le dan sentido a algo cotidiano—. Seguramente tampoco pretendió al escribirlo hacer ningún tipo de propaganda o proselitismo de tal o cual escritor, pero está bien tener una libreta a mano al leerlo en la que apuntar los nombres que nos llaman la atención. Nunca es pedante aunque cite a Tranströmer, porque de lo más elevado habla con la misma naturalidad que de cualquier banalidad, todo le sale de dentro, y ves que ese día del que habla estabas en la misma parroquia de alterne, en ese acto del que habla, tú estabas allí, paseando las mismas calles sin reparar en el hilo invisible que te une a ese vecino al que ahora lees, ya no te preguntas para qué sirve leer diarios ajenos y percibes más difusa la otredad cuando compartes el mismo paraguas literario.

Datos prácticos

Muchos de los grandes escritores, tan próximos a nosotros por sus archiconocidas obras literarias escribieron diarios, a través de los que ahora podemos acercarnos a sus inquietudes y a sus vidas de una forma directa.

El conde Lev Nikoláievich Tolstói muestra en sus Diarios el conflicto personal que sufrió explorando el camino de su plenitud vital, al igual que Dostoievski, al que podemos entender de una manera mucho más profunda gracias a su testimonio directo sobre la Rusia de su tiempo y su cambio ideológico desde apoyar el socialismo hasta volverse defensor del zar pasando por haber vivido 10 años en prisión y la condena a la pena de muerte que, por suerte, no llegó a ser. En su Diario íntimo, —un grupo de cinco cuadernos— Miguel de Unamuno plasma las incertidumbres en relación a los cambios que tuvo en su vida y que nos ayudan a entender el sentido de la contradicción. Coetáneo a Unamuno contamos con un diario menos al uso que ha pasado a formar parte de la literatura universal, el Diario de un poeta recién casado de Juan Ramón Jiménez, una crónica en verso de sus viajes en la que encontrar las claves de su obra una vez superado el Modernismo, imbuido por el simbolismo y la pureza que le ha hecho ser uno de los nombres claves de la poesía en español. De autores extranjeros con personalidades increíblemente atractivas también tenemos la suerte de poder contar con innumerables ediciones y traducciones, como de los diarios de Franz Kafka (donde nos habla no solo de sus impresiones literarias sino de cuestiones de todo tipo), los diarios y la correspondencia de Virginia Woolf o los de un escritor tan sorprendente como Fernando Pessoa, capaz de jugar con cientos de alter ego con los que pensaba publicar, gracias a los cuales el autor muestra los motivos que le hacen vivir y su recurrente creencia de mantenerse apartado de su familia y allegados. Y como anécdota, el último de los diarios de Saramago ha sido encontrado hace unos días en su ordenador personal y ya se encuentra en proyecto de edición y publicación.
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