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Gastronomía y resultados

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23/09/2018 A A
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Gastronomía y resultados
La noche del último martes el alcalde Silván, en Madrid, apoyaba, con su presencia, que Almería, en 2019, sea la próxima receptora de la gastronomía nacional. Era algo así como, oficiosamente y con buen rollito, pasarle el testigo de la capitalidad leonesa –eso sí, sin fogones ni viandas, que figones son otra cosa– a la celebrada y acogedora ciudad andaluza.

Va concluyendo el año y se acerca la hora de analizar, desmenuzar y cuantificar sin complacencias impostadas o subjetivas –que de esa comanda ya se han servido demasiados platos y canapés– lo que ha supuesto y en qué va a revertir económicamente para León, en un futuro próximo, eso de la Capital Española de la Gastronomía y su Manjar de Reyes. Resulta inexcusable conocer, hacerlos públicos y exigirlos con la mayor rigurosidad, qué objetivos se han alcanzado y si, en definitiva, o no, ha sido más el ruido que las nueces, aunque todo apunta a lo primero.

Lo cierto es que, en general, la gente de la calle, el consumidor tradicional y el alternador habitual de barra y de pinchos vespertinos –no confundir el pincho con la tapa– tampoco ha observado diferencias entre lo que había antes de obtener –pagándola, claro– la titulación nacional como vehículo promocional de los caldos y las viandas de la tierra, y lo que se ha ofrecido después.

La apuesta culinaria ha resultado, en términos globales, más bien raquítica. El gran público –autóctono y forastero– apenas si se ha enterado de lo que ocurría. Por el contrario, si el ‘éxito apabullante’ del asunto de marras se centra –o lo centran, como ejemplo, las partes interesadas– en las diversas actividades llevadas a cabo en la sede física, en la llamada Casa de las Carnicerías, en pleno Barrio Húmedo, sería como dar credibilidad a una falacia envuelta en celofán, con lazo rizado incluido.

Allí, a los actos programados –ahora lo dicen eventos– por diferentes firmas, que, graciosamente, han llevado a cabo su estrategia comercial, no entraba sin invitación ni dios. Es decir, eran –y son– difusiones totalmente privadas. Y cuando se requería a la municipalidad por la manera de acceder a alguna de esas jornadas, remitían, a quien preguntaba, a lo mismo: es particular. ¡Joder con la gestión pública!

Y lo peor de ello es que a pesar de la capitalidad y los satélites que la circundan, se han perdido visitantes y pernoctaciones. Los números son fríos. En vez de ir a más, se ha ido a menos. Mucha oferta y mucho AVE pero la realidad es otra y descarnada. Y, de momento, nugatoria. No obstante, ánimo, mucho ánimo concejal Llamas, que la concejala de la flor y del Grial, a quien correspondía la responsabilidad del ‘invento’, se lavó las manos desde el principio. Valor, edil.
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