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Gallinas

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OPINIóN IR

25/03/2021 A A
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Gallinas
Gracias a un amigo que está construyendo un gallinero, ‘Gallina D’or II, ciudad de vacaciones’, me entero de que la Junta de Castilla y León prohibe tener más de ocho gallinas en casa. Si tienes diez o quince, deberás de pedir un permiso especial y pagar el impuesto revolucioario correspondiente. ¿La razón?, según estos lumbreras, con ocho tienes más que suficiene para abastecer a tu familia de huevos. Si tienes más, seguramente eres un traficante de huevos y los venderás, como si fuera cocaína, en el mercado negro, sin factura, creando el caldo de cultivo propicio para una economía sumergida. No estoy hablando en broma, ni soy más irónico de lo normal. Es así porque algún vago, sentado en su despacho en Valladolor, se le ocurrió esta brillante idea. Sé que el Poder quiere reglar cada uno de nuestros actos en la vida, incluso los más nimios, y no se conformarán hasta que lo logren. Pero da risa... Si uno fuese un libertario como los que asaltaron el Capitolio, compraría una ametralladora o una pistola y defendería a tiros mis derechos inalienables; por desgracia, sólo soy un ciudadano que cumple las leyes porque no le queda otro remedio. En este caso concreto, si la autoridad llegase a enterarse de que tengo diez gallinas en lugar de las ocho reglamentarias, vendría el Seprona a confiscarme las excedentes y tendría que pagar una multa del copón...

Hoy tiene lugar en el Parlamento regional el debate de la moción de censura que los socialistas han presentado en contra del gobierno del Pp y Ciudadanos. Sea cual sea el resultado, no cambiará nada. Da igual el partido que gobierne, porque todos persiguen los mismos fines. El primero de todos, tener controlado hasta la axfisia al ciudadano. Los mismos genios que imponen lo de las gallinas, son los mismos que, cada cierto tiempo, cambian de criterio, por ejemplo, sobre los aprovechamientos comunales en los pueblos que tienen la desgracia de estar en un Parque Regional o nacional, de los varios que tenemos en nuestra provincia. No me extraña que los habitantes de Valdeón, de los Ancares o de Valdelugueros se vuelvan locos y no entiendan absolutamente nada. Y son los mismos que aceptan, eso sí, con algún matiz, la ley nacional sobre la protección del lobo o del oso. Aquí, en el indómito norte de la comunidad, los problemas medioambientales son bien distintos a los que tienen en Zamora, en Salamanca o en Valladolid; esto lo sabe hasta el más tonto del lugar, menos ellos. Tendríamos que pedir al doctor Simón, ese que se explica como un libro abierto, que viniese a darnos, con su verbo fluido, unas charlas para poder comprender todo este desaguisado. Porque si no entendemos unas cosas tan ridículas por su simplicidad, ¿cómo vamos a comprender el desbarajuste que llevamos padeciendo un año con las restricciones por el coronavirus, pongo por caso? Los políticos, tanto los nacionales como los regionales y los locales, han cambiado de criterios, en este asunto, cada dos por tres. Y nosotros a callar y tragar...

Hace tiempo leí que el ‘estado del bienestar’ nunca ha existido. Fue un apaño consecuencia de la Guerra Fría para parar los pies a los comunistas. Según el autor, lo que existe en los estados son grupos de presión que luchan para hacer prevalecer sus intereses. Los sindicatos, la patronal, las feministas, los ecologistas, intentan que sus ideas y postulados sean las que venzan en la batalla. Según esta teoría, los patronos (a cualquier nivel), son los que mandan. Es lo más parecido, en la antropología, a la ‘selección natural’ de Darwin: la vida es una lucha continua en la que sólo sobreviven los más fuertes y mueren los débiles. En este momento de la historia, la única fuerza que existe es la que tienen los Estados. Nunca antes tuvieron tanta importancia y tanto poder. No me parece mal, la verdad, si utilizasen ese poder para solucionar cosas serias. Por desgracia, no es así, y el ejemplo de las gallinas es esclarecedor. Si se dedicasen a arreglar los problemas acuciantes que sufre el pueblo (sólo un cuatro por ciento de la población vacunada, treinta mil viales de la vacuna de Pfizer desaparecidas, los precios del alquier por la estratosfera, sólo un dos por ciento de los que lo han solicitado cobrando el Ingreso Mínimo Vital), uno apoyaría el poder ilimitado de los estados. Si, en cambio, lo dedican a poner normas tan estúpidas como el número de gallinas que uno puede tener en su casa, no. Otro ejemplo: hace ya un año y tres meses, en mi pueblo (y en muchos que se hallan en las riberas de los ríos), hubo una inundación que mató a un amigo. En el río, en los tajamares de los puentes de Cerezales o San Vicente, había varios chopos y maleza varia que impedía el fluir normal del agua. Pues está prohibido quitarlos. Si alguno de los habitantes de esos pueblos hubiera acudido a desbrozarlos y le hubiesen pillado los guardas de la Junta o la Guardia Civil, tendría que vender una finca para poder pagar la multa que le caería encima. ¿Es algo lógico o es, más bien, una salvajada que puede causar desastres sin cuento? Salud y anarquía.
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