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Funiculí, funiculá

Funiculí, funiculá

OPINIóN IR

06/06/2022 A A
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Funiculí, funiculá
¿Vehicular?, ¿Curricular? He ahí el dilema. El Tribunal Supremo de Cataluña sentencia que el castellano debe formar parte de la enseñanza en una proporción del 25 % en catalán, y en todo el territorio autonómico. Pone una fecha. Pero los avispados de la coalición gubernamental autóctona, junto con los independentistas y el PSC, encuentran un modo de saltar la ley. El parlamento catalán ha legislado que el castellano sea una lengua curricular. Curriculí, curriculá. Una chapuza. Una broma. Una como la que cantaba Pavarotti, en un lenguaje incomprensible. (Una tarantela napolitana) escrita por Peppino Turco, con música de Luigi Denza.

La diferencia entre vehicular y curricular es la brecha. Vehicular quiere decir: la lengua en la que se enseña «todo el programa», todas las asignaturas. El Tribunal Supremo obligaba a que el profesorado hablara en castellano una cuarta parte del tiempo, independiente de la asignatura, con lo que los castellanohablantes tenían una opción de comprender y aprender. Curricular significa que la asignatura de castellano forma parte de la enseñanza, como una más. Arcadi Espada, en el Mundo del jueves 26 de mayo, lo explica bien.

Con lo cual los separatistas han conseguido: burlar la ley, e imponer su discriminación contra la mitad de la población estudiantil, con la disculpa de que ya saben el castellano y sin importarles quién les enseñará la ortografía y la gramática suficientes como para poder utilizar esta herramienta como medio de desarrollar futuros estudios, e impulsarlos a vivir en una Tercera España, o simplemente de subsistir en un medio hostil. Y aquellos que creyeren que las dos lenguas son casi intercambiables, que lean el reciente libro de Sergi Belbel ‘Matar a diecisiete’ (que pueden hacerlo en su edición en catalán, o en castellano, y verán que poco tienen que ver una con otra, si no es la procedencia de ambas de latín, lo que no resulta suficiente. Por ejemplo: matar es morir. He muerto a diecisiete. Y de ‘hacer’ no digamos. «Por eso el verbo hacer es tan abundante en catalán, donde todo se hace, incluso los pedos» (pág. 102).

Y no estamos hablando de política. Ni de infundados prejuicios, sino de un verdadero disparate que está lastrando las posibilidades de varias generaciones, propiciando un déficit de preparación importante. En esas circunstancias, tal vez alguno de nuestros ejemplares escritores como Pedro García Trapiello, autor de ‘Las armas y las letras’ no habrían tenido el coraje de decir, como él hizo en una entrevista a David Mejía, y hablando de la Tercera España: «Los valores republicanos están hoy mejor defendidos por la monarquía que por la mayor parte de la izquierda y los nacionalistas».
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