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Fumigar desde el aire para cuidar la tierra

Fumigar desde el aire para cuidar la tierra

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El dron para fumigar cultivos con el que cuenta Baltor pesa 25 kilos y requiere de formación específica para su uso. | REPORTAJE GRÁFICO: MAURICIO PEÑA Ampliar imagen El dron para fumigar cultivos con el que cuenta Baltor pesa 25 kilos y requiere de formación específica para su uso. | REPORTAJE GRÁFICO: MAURICIO PEÑA
Cristina Centeno | 10/11/2021 A A
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Fumigar desde el aire para cuidar la tierra
Campo Baltor, una compañía que trabaja con drones entre León y Extremadura, acaba de ser premiada dentro del Programa Puebla por su apuesta por la innovación en el campo
Las nuevas tecnologías han revolucionado en los últimos años el trabajo en el campo. La agricultura tradicional se moderniza progresivamente de la mano de sistemas GPS, aplicaciones móviles o drones. Precisamente con estos últimos aparatos trabajan en Baltor, una empresa surgida del interés por el medio rural de dos pilotos del Ejército del Aire, el leonés Rubén Alonso Morán y el extremeño Miguel Ángel López García. Ambos son compañeros de profesión, manejando en la actualidad aviones de combate de tipo caza en la base aérea de Los Llanos, en Albacete. Su experiencia en aviación «ha transformado nuestra forma de pensar», reconoce Rubén, con mayor capacidad para tomar decisiones rápidas o adaptarse a la innovación.

El segundo de sus puntos en común es que ambos proceden de zonas rurales y han crecido en el campo, por lo que decidieron unir su experiencia en la aviación a la agricultura a través de las nuevas tecnologías, concretamente mediante un dron con el que aplicar a los cultivos los productos necesarios para el control o la prevención de plagas y enfermedades.

Así surgió Baltor, una compañía asentada entre Riolobos (Cáceres) y la localidad leonesa de Santibáñez de la Isla. Tiene carácter «familiar», pues en estos dos puntos trabajan Judith Falagán y María Cuarto, las mujeres de Rubén y Miguel Ángel, que se reparten las tareas del día a día ya que ellos son socios pero mantienen su profesión de pilotos en el Ejército del Aire. Además, la empresa cuenta con un equipo formado por dos personas en Extremadura –un piloto de dron y un asistente de piloto– y otro en la provincia de León. El objetivo es «crear empleo y oportunidades en el mundo rural», asegura Rubén confiando en que los equipos vayan creciendo en función de las necesidades, pues su intención es expandirse en el territorio y abarcar en una primera fase toda la zona de la Vía de la Plata entre sus dos zonas de influencia actuales.

Recibir un premio dentro del Programa Puebla ha sido «una motivación adicional» para seguir creciendo  Su proyecto, en el que llevan trabajando más de dos años, ha sido premiado recientemente en el Programa Puebla, impulsado por Corteva Agriscience y la Alianza por una Agricultura Sostenible (Alas) y que pretende reconocer iniciativas de jóvenes por el futuro del medio rural a través de la innovación. El galardón ha supuesto una «motivación adicional» que dedican a todos los agricultores «que nos han acogido con los brazos abiertos, nos han tratado de impulsar en todo lo posible y nos han dejado sus explotaciones para que hagamos pruebas», celebra Rubén.

Las ventajas

Fumigar desde el aire tiene varias ventajas para la tierra y para los cultivos, defiende Rubén. A pesar de que los drones con los que trabajan «tienen su campo de actuación» y no están orientados a quitar el sitio a los tractores, pueden complementarse y facilitar el trabajo de los agricultores principalmente en momentos en los que acceder a un terreno de forma convencional es más complicado. Por eso, la primera gran ventaja sería moverse por el medio aéreo, «porque se puede acceder a los cultivos aunque no se pueda entrar por un sistema tradicional, porque ha llovido mucho o bien porque la altura ya es suficientemente grande y se pueden causar daños».

Además, la implementación de la tecnología permite hacer un planeamiento «de una zona concreta que se quiera tratar», trabajando con total precisión sobre el terreno. «No hace falta tratar todo por defecto» y los datos utilizados quedan grabados para que el agricultor «pueda utilizarlos para tomar decisiones». Porque el principal objetivo de Baltor, insiste Rubén, es mejorar la competitividad del sector mediante el uso de las nuevas tecnologías.

También es un sistema más rápido que el tradicional. Depende mucho del tipo de cultivo que se quiera tratar y del producto que se utilice, pero de media, el dron con el que trabajan en Baltor fumiga una hectárea en diez minutos. «El ahorro de tiempo es importante», destaca Rubén. El aparato lleva asociado un depósito en el que se diluye en agua el producto que se vaya a utilizar, del mismo modo que se realiza en una sulfatadora tradicional pero con una cantidad mucho menor, por lo que se trata de una fórmula «más sostenible» para llevar a cabo este tipo de tareas. Además, «en función del producto químico que se vaya a utilizar se puede ahorrar hasta un 50 por ciento, que supone un ahorro económico para el agricultor y menor daño para el terreno, por lo que la labor es más sostenible».

Por último en cuanto a ventajas, Rubén destaca que es un sistema más beneficioso para la salud. «Convencionalmente el agricultor va en el tractor a muy poquitos metros de la sulfatadora y está entrando producto, nosotros trabajamos a 200 metros de donde se está realizando la aplicación», apunta.

Es una compañía «familiar» ya que las parejas de ambos socios trabajan en Baltor, una en León y otra en Cáceres  El dron de Baltor puede utilizarse en todo tipo de cultivos, pero hay que tener en cuenta dos cuestiones. Por una parte el espacio en el que se utiliza y las restricciones aéreas que puedan existir, «por ejemplo, no es lo mismo un terreno que esté al lado de un aeropuerto que una zona rural», explica Rubén Alonso Morán. También hay que conocer el tipo de cultivo y la problemática que tiene o que se quiere evitar, para lo que se cuenta con profesionales del sector, «que son los que determinan qué producto hay que echar, en qué dosis y en qué fecha determinada», comenta. «En general se puede acceder a todos los cultivos, pero siempre con una planificación central».

Baltor fue impulsado por dos pilotos del Ejército del Aire que unieron su saber profesional a la agricultura El aparato pesa 25 kilos y no es el dron habitual con el que trabajan en la actualidad algunos agricultores, el que lleva asociada una cámara para acceder a parcelas y comprobar que no haya ningún problema. Para ellos, Baltor también ha puesto en marcha una plataforma de formación en la que ofrecen cursos para que los profesionales del campo «puedan volar de forma legal».

Sin embargo, el uso del dron para sulfatar requiere de una formación específica. «Con nuestros pilotos, que buscamos que sean también del medio rural, hacemos una formación que ofrecemos nosotros para que desde el principio cuenten con nuestros procedimientos y nuestras técnicas», detalla Rubén.

Cuando comenzó la andadura de Baltor, recuerda, se encontraron con alguna «reticencia», sobre todo al explicar que el aparato funcionaba con una cantidad muy inferior de litros de agua. Sin embargo, «hemos hecho varias demostraciones, cuatro de ellas en la provincia de León, y ahí han podido ver que efectivamente funciona». De esas pruebas han surgido agricultores interesados en sus servicios que han visto «resultados esperanzadores y que se consigue no lo mismo, si no más, con su uso, porque pueden ahorrar en otros aspectos».
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