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Francisco Beltrán

Francisco Beltrán

OPINIóN IR

22/09/2019 A A
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Francisco Beltrán
Fui a verle con un gran respeto. Le admiraba sin conocerle. Me habían hablado muy bien de él muchas personas de Ponferrada: abogados antifranquistas, cristianos por el socialismo, jóvenes sindicalistas, profesores del instituto y otras gentes que sabían que en la zona alta de la ciudad, al frente de la entonces mínima iglesia de San Antonio, había un párroco culto, demócrata, valiente y valioso: Francisco Beltrán.

Me recibió en su casa, un hogar sencillo del barrio. Su despacho era una montaña de libros muy bien ordenados. Casi todos de sociología, de política, de derecho, también de filosofía y teología. Yo iba a entrevistarle para el semanario ponferradino Aquiana en aquel mes de junio de 1973. Le pregunté por la situación política, por cómo veía él las cosas, y me dijo que solo había una fuerza con capacidad para llevar a España a la democracia, y concretó que se trataba del Partido Comunista, una noticia que me dejó muy sorprendido y cautivado. Luego hablamos de otras cosas. De la ciudad de aquel tiempo y de sus carencias. También de su labor pastoral, de sus años en Madrid, aún recientes entonces y de su trabajo en la cúpula más abierta de la iglesia española, en la que militaban diversos obispos muy críticos con la dictadura. Para desesperación de aquel enorme beato y notorio asesino que fue el general Franco.

Tenía encima de la mesa una novela de Mary Luz Melcón, que acababa de formar parte de una operación entre mercantil y literaria que había organizado su editor, el gran Carlos Barral, enorme poeta, brillantísimo y excesivo personaje de la cultura española, y, por cierto, alumno en su adolescencia del berciano Ramón Carnicer, que era buen amigo suyo. Entonces me dijo Francisco Beltrán: Mary Luz es mi sobrina. Sangre de Omaña en ambos casos, tierra troncal de León. Verde, ganadera y muy poco poblada; bella y fuerte.

Me cayó muy bien. Era un hombre directo, llano y sobrio. Tenía un estilo cercano, igualitario. Se le notaba su origen rural y, a la vez, sus años en Madrid. Tenía un aura obrerista y, a la vez, era un atento sociólogo y un hombre que denunciaba desde el púlpito y sus escritos, la indigna realidad de aquel régimen. El párroco y profesor Francisco Beltrán, que ha fallecido a los 90 años, fue un español comprometido con su país y con la libertad, con su ministerio y con los más humildes. En él brilló siempre la inteligencia. Y algunas gotas de ironía muy compatibles con su ingenuidad y con su calor de hombre bueno.
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