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Formar críticos: objetivo del creador de Proyecto Hombre

Formar críticos: objetivo del creador de Proyecto Hombre

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Isaac en una visita a Villafranca los últimos días. | M.I. Ampliar imagen Isaac en una visita a Villafranca los últimos días. | M.I.
Mar Iglesias | 18/05/2019 A A
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Formar críticos: objetivo del creador de Proyecto Hombre
Sociedad Isaac Núñez se plantea regresar en 2 años de Bolivia, donde realiza ayuda humanitaria, para apoyar la construcción de una democracia que no ve aquí
«Hay un déficit impresionante a nivel político. No hay una democracia auténtica», se queja el fundador de Proyecto Hombre, Isaac Núñez, toda una institución a nivel social y también religiosa que desde hace siete años realiza ayuda humanitaria en Bolivia.

En junio volverá a dar continuidad a ese proyecto en el que está inmerso, pero ha querido hacer parada en el Bierzo donde es crítico con lo que ve «hay más política participativa en Bolivia que aquí», apunta. Y culpa a partes iguales a políticos y a ciudadanos de a pie, unos por no tener conciencia de lo que pueden mover y otros por no estimularlo «no se está moviendo nada frente a la desaparición de las minas ¿se han planteado debates para ver lo que se puede hacer y requerir a las administraciones que lo hagan y obligarles a que busquen alternativas, no, no se les ocurre», se pregunta indignado y superando bastante los setenta años.

Por eso ve la necesidad de volver a establecer nuevas formas de ayuda en el Bierzo, ahora en otro tono, no como cuando se creó Proyecto Hombre. En aquel momento, recuerda que fue en 1985, cuando el azote de la heroína obligó a plantear un método de ayuda que partió de él como cura y que se creó, primero en Cubillos del Sil y más tarde se trasladó a Ponferrada «era el boom de la heroína, era una verdadera plaga de jóvenes, pero curiosamente de clase media alta todos. No era gente marginal, sino los más integrados en la sociedad. Era una moda terrible».

Hasta 1994 estuvo implicado con el proyecto y después realizó prevención de dependientes en Bierzo Alto. Después se fue a colaborar con la Comunidad Obrera de Acción Católica hasta el año 2012. Pero Núñez ya había puesto las bases en la construcción de la parroquia en Las Ventas de Albares, donde estuvo desde 1978, cuando llegó desde Pombriego, hasta 2008. Allí se encontró una realidad joven «había una población casi nueva de inmigrantes de trabajadores mineros».

Núñez se dejó la piel en los proyectos bercianos, aunque ahora ya no reconozca aquel Proyecto Hombre de partida «ha cambiado muchísimo en todo». El boom de la heroína pasó, dice, pero hay ludopatías, alcohol, drogas de diseño, cocaína, marihuana «a nivel interno ha cambiado mucho y no lo he seguido de cerca». Pero ya es un proyecto que camina solo y no se plantea regresar para engancharse en él.
De hecho lo que le sigue estimulando es trabajar en Bolivia, tras estos últimos siete años.

Le conquistaron sus necesidades en 2010, en un viaje que realizó, aunque en su cabeza siempre había estado colaborar con esa zona «iba por un año pero me quedé, te engancha la gente y las necesidades». Hay mucha pobreza, dice y a nivel pastoral «hay un trabajo ingente que hacer de evangelización». Aunque reconoce que Evo Morales ha permitido cambios sustanciales en este tiempo, poniendo en valor al mundo indígena, asegura que «hay que fortalecer» lo conseguido y seguir dando pasos. Recuerda que «había mucha discriminación y exclusión social. Hasta el año 60, los aimara no podían entrar en el centro de La Paz, se les echaba por los criollos, que son descendientes de españoles. Ahora se ha potenciado la participación e incluso ofrece bonos económicos para ellos. Ha habido avances amplios».

Allí vuelve en junio y se plantea estar dos años más en ese trabajo que realiza con la agrupación Contexto «es un proyecto de mujeres en La Paz, Potosí y en Sucre. Se les da alfabetización y liderazgo, porque estas mujeres están discriminadas. Hay mucho patriarcalismo, no tenían voz, no se les permitía participar en asambleas vecinales. Le damos promoción personal para quitarles el miedo». Y a raíz de ahí se les da herramientas para que puedan emprender, enseñándoles a coser o a cocinar.

«Voy a hacer 73 años. En 2021 cumplo 50 años de cura. Me he puesto como año final allí ese y volveré. Pero no para descansar», advierte. En estos dos años pretende trabajar con comunidades muy aisladas de la cordillera andina «quería dejar en ellas estructurado el sistema de acompañamiento pastoral a base de catequistas», dice.

Y cuando vuelva a España su trabajo consistirá en suplir la principal carencia que ve, la falta de interés por participar en una sociedad negativamente individualizada. Asegura que la gente está preparada a nivel académico, no como antes, «pero lo que procedería hacer, ya que las ONGS se ocupan de la pobreza y de las necesidades primarias, sería dar un paso más y desde el punto de vista humano y cristiano promover la formación pero no de tipo académico, sino crítica y analítica, de tipo social, económico, político, cultural y eclesial, también, porque la iglesia está viviendo un momento muy difícil».

Estar con la gente, acompañándola, dentro de, no por encima, y aportando, es su invitación, a la reunión y a trabajar en comunidad «para compartir juntos el momento que vivimos a todos los niveles incluso a nivel político, pero no partidista». dice.
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