Feve está que 'echa humo'

El incendio de un tren la semana pasada es sólo un desastre más para un servicio sumido en el abandono desde hace ya siete años

Alfonso Martínez
08/04/2019
 Actualizado a 18/09/2019
Imagen del incendio que afectó el pasado 30 de marzo a uno de los trenes de Feve en el apeadero de la Asunción. | SAÚL ARÉN
Imagen del incendio que afectó el pasado 30 de marzo a uno de los trenes de Feve en el apeadero de la Asunción. | SAÚL ARÉN
Ha sido sólo el último de los muchos malos tragos que ha pasado la línea de Feve en los últimos siete años.

El reciente incendio de uno de los trenes en el apeadero de la Asunción no hace más que ratificar el estado de absoluto abandono en el que se encuentra un servicio esencial para las zonas rurales por las que discurre la vía estrecha que une León, Cistierna y Guardo.

Fue el 18 de septiembre de 2011 cuando los trenes dejaron de entrar al centro de la ciudad de León para dar comienzo a las obras de integración de la línea. El plan previsto es que volvieran a principios de 2013 en forma de tren-tranvía y después de que se hubiera elevado la cota de la vía a fin de lograr la permeabilidad entre ambos lados de la misma.

Y esa permeabilidad se ha conseguido con la conclusión de la obra civil, pero el tren-tranvía no ha llegado y los viajeros de Feve siguen viajando en autobús entre el apeadero de la Asunción y la estación de Padre Isla.

Primero fue un proyecto quizá demasiado ambicioso por estar diseñado en los años en los que la crisis aún no había mostrado toda su virulencia (con ramales de tranvía al Hospital y al campus de la Universidad de León). Luego –ya durante la etapa de Rajoy el frente del Gobierno de España– vinieron los recortes, que se tradujeron fundamentalmente en la supresión de los citados ramales y en la electrificación del trazado de la integración.

También ha habido problemas con la adquisición de los trenes-tranvía, que finalmente ha sido anulada por el Tribunal Supremo después de un largo pleito judicial entre el Ministerio de Fomento y la empresa adjudicataria. En 2010, durante la etapa del socialista leonés Ángel Villalba al frente de Feve, se encargaron inicialmente cuatro unidades para la red del tren-tranvía de León por un importe de 15,2 millones de euros. Tras varias modificaciones, el pedido se incrementó hasta 28 unidades y otros contratos de piezas que elevaron el importe hasta 34,6 millones para renovar otras líneas de vía estrecha.

En 2017, ya en la etapa del PP al frente de la administración estatal, se inició una revisión de oficio del contrato y se declaró la nulidad del mismo. La empresa recurrió y la audiencia Nacional determinó que el proceso de compra fue «contrario al interés público». La empresa recurrió al Supremo y su petición ha sido desestimada. Ahora corresponde por tanto liquidar el contrato, ya sea de mutuo acuerdo o mediante otro proceso judicial.

Ahora Renfe vuelve a contemplar la compra de convoyes para la red de ancho métrico en su Plan de Inversiones de Material Rodante, pero pocos detalles más se conocen al respecto.

Otra de las piedras en el camino de la integración de Feve ha sido la referida a la seguridad. La obra estuvo paralizada un año y medio. Fue en diciembre de 2014 cuando las máquinas dejaron de trabajar a la espera, según se explicó entonces desde el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif) de que se redactase un nuevo proyecto sobre seguridad y señalización, además de una normativa que regulase la circulación del tren-tranvía.

Fue el 16 de junio de 2016 –diez días antes de las últimas elecciones generales– cuando se reiniciaron los trabajos para completar la plataforma, algo que sucedió el pasado mes de enero después de numerosos retrasos. Sin embargo, el tren-tranvía sigue sin funcionar y la excusa sigue siendo la misma, la elaboración de una normativa que duerme el sueño de los justos en la Agencia Estatal de Seguridad Ferroviaria.

En definitiva, la nueva plataforma de Feve en su entrada al centro de la ciudad está lista, pero ni hay convoyes ni hay una normativa que ampare su circulación por la misma.
Pero la integración y la retahíla de problemas surgidos en el proyecto no es el único problema que tiene Feve. En estos años han sido constantes además las quejas de los usuarios por los retrasos, las averías de los trenes por falta de repuestos para repararlos y las constantes sustituciones del servicio ferroviario por el del autobús.

A todo ello se suma la falta de maquinistas. Y lo que es más grave, de agentes comerciales, porque su ausencia en numerosos trayectos permite que muchos pasajeros no paguen su billete y no computen en las estadísticas de viajeros. Y no falta quien ve esta situación como parte de una estrategia para cerrar la línea argumentando la escasez de viajeros. Esas cifras oficiales hablan de que en 2010 hubo 329.011 viajeros y en 2017 la cifra fue sólo de 110.280.

Y ante esta situación, el actual ministro de Fomento, José Luis Ábalos, anunció en noviembre 55 millones de euros para modernizar la línea de Feve, una decisión que –por el momento y como ha ocurrido muchas veces con este servicio en etapas socialistas y populares– se ha quedado en un mero titular.
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