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ET, Goliat y el tendido de los pobres

ET, Goliat y el tendido de los pobres

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Hermoso mostró su calidad y espectacular cuadra aunque ‘los mejores’ estaban con su hijo en Zamora. | SAÚL ARÉN Ampliar imagen Hermoso mostró su calidad y espectacular cuadra aunque ‘los mejores’ estaban con su hijo en Zamora. | SAÚL ARÉN
Fulgencio Fernández | 28/06/2021 A A
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ET, Goliat y el tendido de los pobres
Toros Dos orejas para Ponce, dos para Pablo Hermoso y una para Fandi fueron ‘la cosecha’ de la segunda corrida de la feria de San Juan en la plaza de toros de León. Los dos primeros salieron a hombros de la plaza algo que no había ocurrido en la jornada anterior por las normas Covid. Doce orejas entre las dos jornadas
La ventaja de que haya festejo con rejoneador es que empieza una hora antes, que son muchos los que se acercan a ver de cerca a los caballos, a compararlos con los suyos. Y más en esta tierra de ganaderos.

Es lo que se llama ‘el tendido de los pobres’, aquellos que después no entran a la corrida. Y en la corrida de ayer volvió a registrar otro lleno.

Tuvo además Pablo Hermoso de Mendoza el detalle de alegrar el tendido de los pobres. Llegó una hora antes. Habló con los caballos, como se lo cuento. También con los aficionados, les contó que tenía familia en León y se fueron a calentar caballos y caballero recogiendo el agradecimiento del singular público.

Acabó el calentamiento y llegaron las furgonetas de los «de a pie». Fandi, siempre cercano, se fue a calentar pues lo suyo además de arte es derroche. Ponce aparece como en el platillo volante de quien sabe que ha accedido a la condición de extraterrestre, por números, corridas, orejas, temporadas... Para uno que lo que más le gusta de los toros es la serie Juncal es muy serio leer: «Tardará mucho tiempo en nacer un torero tan cabal, tan Rabal, tan Juncal, tan Dominguín, tan Bienvenido, tan espléndido, como tú», aunque lo cuente Sánchez Dragó, nadie es perfecto.

El nieto del abuelo Leandro que tanto le enseñó se baja del platillo como desconfiado después de tantas páginas en rosa, como si temiera que le hablen más de amoríos que de que lleva sangre de Rafaelillo. Por eso respira cuando ve la arena. Es su terreno. Sonríe. Saluda.

Al lío, que ya sonó el himno y la plaza volvió a ovacionarlo.

Hermoso, después de agradar al tendido de los pobres, se gana al público nada más que sale a caballo. En realidad la mitad se lo debe al animal, tan bello como lúcido en los engaños. Lo intentó el navarro pero Pajarero, así se llamaba, estaba a pájaros, se cayó varias veces, se levantaba con menos ganas de trabajar que El Dioni y la emoción se fue apagando. La estocada que acabó con Pajarero fue recibida con aplausos para agradecer el esfuerzo.

Y salió el extraterrestre. Bajó del platillo ya sin reticencias, incluso no pareció supersticioso cuando vio que el toro se llamaba Esaborío. A ver si significaba algo, como lo de Pajarero. Incluso se cayó a la salida del caballo pero nada. Ponce siempre sabe qué hay que hacer. Es su secreto. Incluso le brindó el toro a su futuro suegro y le echó una parrafada como si fuera la cena de Nochebuena.

Toreó variado, pinturero, serio y con gestos para la grada, por arriba y de rodillas, con pureza y con adornos, con molinetes y naturales, y el toro no pareció querer estropear nada. Estocada limpia y a por las dos orejas, que paseó como si siguiera la faena. La vuelta en redondo de despedida en los medios es otro arte, con la mano en el corazón.

Dice Fonsín: «Hace siempre la misma faena... pero ¡qué bien la hace!».

Y en el éxtasis de la plaza entregada a Ponce... sale Fandi, al que nunca falta en León el calor de su peña gijonesa y un público que le agradece tantos años seguidos de entrega.

Sabe Fandi que la vida viene muchas veces de nalgas y que él se llama David porque derrotó al Goliat de la muerte ya en el parto, con la valentía de una madre que se la inoculó. Y sabe Fandi que se gana la batalla desde que levantas de la cama. Por eso recibió a Fotógrafo de rodillas, gustó con el capote, arriesgó con delantales... y llegó la hora de las banderillas.

El granadino reúne en las banderillas sus dos vidas, ya que primero fue esquiador con futuro y lo dejó pata ser torero. Los pares son un eslalon sorteando pitones, el remate con el esperado violín. La respuesta una plaza que reza para que vuelva a triunfar. Volvió a iniciar la faena de rodillas para que la emoción no se resintiera y cuando lo tenía todo en la mano... pinchó. Estocada eficaz y una oreja, que ya dice el presidente que «esto es una fiesta para el público y en los tiempos que corren hay que remar a favor de corriente». Claro que sí.

Empezamos la ‘segunda vuelta’ con la revancha para Hermoso de Mendoza, que no la desaprovecha. Esta vez el toro no se rinde, los caballos siguen deslumbrando, aunque dicen que los mejores se los deja a su hijo, que toreaba en otra plaza, en Zamora. Bien. Un hijo... Tal vez por ello no sacaban, como es habitual, las tablillas con los nombres. O no las ví, como nos mandan a trabajar casi a Oteruelo.

Hermoso es un Ponce a caballo. También tiene siempre solución y a poco que le ayudó el toro y su escuela... dos orejas. Otra puerta grande, que ayer sí la hubo, le habían quitado la mascarilla.

Ponce ya había cumplido cuando el quinto, Boticario, dio muestras de desgana. Podría subir al platillo e irse, pero cuando brindó al público después de unos anodinos tercios anteriores pareció querer decir que también con este ladrillo hago pared. Y lo intentó. Hasta le arrancó varias tandas de muletazos pero cuando pinchó... salvo que respetable recuerde que estamos de fiesta. No fue el caso, aunque algunos pañuelos sí aparecieron en la grada.

Ya solo faltaba el tren que pasaba para Fandi y la posibilidad de abrir esa para él habitual puerta grande. Goliat espera y David vuelve a recibirlo a pecho descubierto, de rodillas, la plaza le avisa de que no a dejar que su pasión porque el espectador vibre desde el primer segundo no tenga la merecida recompensa. Por más que Derribado se haga el distraído y hasta quiera irse saltando las tablas. Pero no, Fandi aprieta desde dentro, cambia el tercio y en banderillas vuelve a insistir en su apuesta por darle la vuelta a la vida que viene de nalgas.

Derribado, así se llama, cancaneó, pero la grada corea el nombre de Fandi para ver si se viene arriba porque se ha ganado su cariño. La pelea es desigual, Fandi quiere mucho, insiste, y Derribado nada. David porfía, Goliat se esconde. Un pinchazo baja los ánimos del fin de fiesta, pero la grada le deja claro a Fandi que le espera el año que viene.
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