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Feministas

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OPINIóN IR

14/03/2019 A A
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Feministas
El otro día expresé en el bar mi intención de hundir a la Seguridad Social. Lo hice harto de responder a las preguntas, repetitivas y manidas, sobre el estado de salud de mi codo, después de cuatro operaciones para ver si lo logran, los médicos y Dios, volver a ponerlo operativo. ¡Hombre!, ya sé qué es una salida de pata de banco, pero es qué uno está ya hasta la peineta de esta situación. Lo malo fue la respuesta que me dio uno de mis interlocutores: «No lo vas a conseguir..., puesto que ya está hundida». Y lo peor fueron sus argumentos: que se trata mejor y con más medios a los inmigrantes que a los que hemos pagado la cuota toda la vida, que los extranjeros vienen a operarse a España porque es mucho más barato que en sus países, que si patatín, que si patatán... Me parecieron argumentos retóricos y demagogos, propios de alguien muy ignorante o de alguien que se cree a pies puntillas las trolas que cuentan los de Vox. Recordé, entonces, que tres días antes escuché lo mismo en un bar en León. El que lo decía tenía toda la pinta de buena persona, de buen padre, de empleado ejemplar que se puede tener. Y lo decía con rabia, convencido de que todo se puede ir al garete por culpa de personas que lo único que pretenden es tener un poco de la calidad de vida de la que carecían en sus países de origen. Y también, ¡claro!, echaba la culpa al gobierno. Criticar al gobierno, a cualquier gobierno, es un acto de higiene democrático, porque, es indudable, siempre se equivoca. Un gobierno, cualquier gobierno, beneficia a una parte de la sociedad y perjudica a la otra. Es volver siempre a la dicotomía española, al enfrentamiento entre las dos Españas, del que el resto de los españoles, que no estamos ni con los unos ni con los otros, estamos hasta los cojones. Sé que somos cuatro gatos, sí, pero en un sistema democrático hasta los gatos tienen derecho a ser escuchados. Pero vamos a dejarlo. Hoy no es el tema.

¿Por qué se puede ir a la porra la Seguridad Social, dejando a un lado mi humilde aportación? Es bien simple y de todos sabido: nuestra sociedad, España, se ha vuelto vieja; como Europa. Nacen muy pocos niños y, por el contrario, cada día vivimos más tiempo. Por lo que el papá Estado tiene que gastar cada vez más dinero para cuidarnos. Si no nacen niños, cómo es el caso, no habrá en el futuro repuesto para ocupar el lugar de trabajo de los que se jubilan. Y es ahí donde está el gran problema, el gran riesgo de que todo se vaya a la porra. Para aliviarlo sólo hay dos soluciones: o nacen más niños, rompiendo el control de natalidad de facto que impera en la sociedad, o vienen gentes de otros países a trabajar al nuestro. No hay más caminos. Cómo el primer aserto es prácticamente imposible que se cumpla, gracias sobre todo al maltusianismo de todas las feministas del mundo, es menester dejar que vengan y se instalen en condiciones de igualdad todos los inmigrantes a los que les guste el sol, la paella, la tortilla de patatas, el fútbol, la siesta y la movida. No hay más tu tía, por mucho que nos estrujemos la cabeza. A las feministas, no obstante, les voy a dar una información no pedida: Malthus no era progresista; más bien era un facha de aúpa. La ‘Ley de pobres’ inglesa de 1834, de inspiración maltusiana, fue descrita como «una ley que forzaba a los pobres a emigrar, a trabajar por salarios más bajos y a vivir con una cantidad reducida de alimentos».

Y el problema de la despoblación se agrava en las regiones más desfavorecidas de éste país, o sea en todos los lugares menos Madrid, el corredor Mediterráneo y cuatro ciudades que son islas en medio de la nada. Mucho más en nuestra tierra, con una densidad de población parecida a la de Laponia, que manda huevos. Por desgracia no se ven soluciones a corto plazo, sobre todo porque estas son siempre políticas y no ciudadanas. No, no, no se me va la olla a mi refugio ácrata. Está todo inventado en el mundo. Por ejemplo, y muy significativo, podemos poner a las Tierras Altas escocesas. En cincuenta años han recuperado población en una proporción muy estimable, creado muchas nuevas empresas y estableciendo negocios comunales. Y lo han hecho creando una sociedad de estudios y desarrollo apolítica, eminentemente ciudadana que actúa como un ‘loby’ de presión ante las autoridades locales, escocesas, británicas y europeas de las que logran su colaboración por la cuenta que les tiene; porque todas las iniciativas, para que tengan éxito, tienen que nacer del pueblo, nunca del poder. Con ellos colabora la universidad Inverness y no sería mala idea que la nuestra, la de León, hiciese algo parecido, para que sirva para algo más que para crear una nomenclatura de profesores que hacen poco más que cobrar un sueldo.

Salud y anarquía.
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