Publicidad
Faltaron los perdones

Faltaron los perdones

OPINIóN IR

02/04/2019 A A
Imprimir
Faltaron los perdones
Fue como una gran romería. El asunto era que el Parlamento español había decidido, con ocasión de la presentación de un libro sobre la afamada Curia de 1188, homenajear a León como Cuna del Parlamentarismo. No era cosa baladí, pues estos actos institucionales, celebrados en la sede misma de la soberanía nacional vienen cargados con un aire de solemnidad especial, que ni siquiera el hecho de que el libro a presentar brillara por su ausencia puede deslucir.

La romería congregó a fieles demócratas de todo signo y color, incluidos los que tienen alguna que otra declaración pendiente que hacer ante la argentina Justicia, que no la Justicia argentina, que también. Y todos y todas hicieron las preceptivas rogativas a favor de que en un futuro la tierra que fue cuna del parlamentarismo y de algunos conceptos claves de la contemporaneidad –que no, sospecho, de la post-contemporaneidad– como son la sujeción de los poder a la ley o la inviolabilidad del domicilio, tenga un papel en la Historia de España tan importante y constitutivo como el de muchos siglos atrás, cuando Hispania era un solo un concepto geográfico que agrupaba culturas y creencias sin que su diversidad fuera por sí misma ningún problema. Más o menos como lo que ocurre hoy en día con Europa.

Fue un día en el que hasta al presidente Herrera no le costó hablar de leoneses y de castellanos viejos. Un día de grandes palabras y de discursos, alguno incluso, toda una guía de autoayuda que hubiera firmado Paulo Coelho.

Y no faltaron los pendones, luciendo alegres y resueltos en la escalinata del Congreso, expresando algo que me temo que muchos de los curiosos y la totalidad de los fotógrafos japoneses que habían coincidido en el lugar no alcanzaban a entender. Pero sí que se echaron de menos los perdones. Como un día cualquiera de San Froilán, hubiera sido apropiado un puesto con avellanas. Pero también hubiera sido el día apropiado para otros perdones. Los que merecían más de treinta años de ciega obcecación por convertir el ser leonés o leonesa en una opción políticamente incorrecta.
Volver arriba
Newsletter