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Faltar al respeto

Faltar al respeto

OPINIóN IR

05/07/2021 A A
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Faltar al respeto
Cuando a AnGLillo, el de Cármenes, ya anciano, se le acercaban unas jóvenes palomas y le trataban de tú, él las animaba: «Con lo que a mí me gusta que me falten al respeto» y, a renglón seguido las invitaba a una copita de Anís Viriato. Igual que hacen ahora los políticos. Una cosa así, lo de las jóvenes palomas, hizo el otro día en el Congreso de los Diputados el Sr. RuFiÁn, un señorito de la izquierda republicano-catalana, cuando el presidente Sánchez anunció a bombo y platillo que jamás de los jamases habría un referéndum de autodeterminación en Cataluña, y, faltándole al respeto, le endiñó aquello de «denos tiempo».

También pudo preguntarle, como hace Virgilio en la Bucólica VI: «¿Qué locura se apoderó de ti?», pero eso sería suponer al tal una cultura, así que será mejor dejarlo y arrimarse a Toni Cantó, el lingüista castellano, quien acaba de montar un ‘chiringuito’ con la comunidad de Madrid por importe de 75.000 al año después de pasarse toda su vida política despotricando contra estos esmerados establecimientos de reconocido prestigio. Pero, sigamos: Sería mucho suponer que el Sr. RuFiÁn conociera la obra de Virgilio, y eso que es sabido que el poeta latino se terminó arrimando al César para que no le embargaran las familiares tierras de labor, destinadas a ‘chiringuitos’ de los legionarios jubilados. Pero lo de «denos tiempo» es toda una declaración de principios existencialistas.

A los ciudadanos de a pie, sin chiringuitos que cultivar, ni tierras que embargar, tan solo atentos a no caer en la desesperanza del lenguaje inclusivo de las vicepresidentas, ni a participar en ninguno de los festivales de ‘orgullos’ varios, solo nos queda desear que la vida, esa joven paloma que aún nos trata de tú, se apiade de nosotros y nos dé un poco más de tiempo para que podamos ir mirando y escuchando tantas barbaridades como se apelotonan en los noticiarios, reinterpretando la historia, y desdibujando los contornos de la realidad, como si todo se redujera a unas bromas pasajeras.

Siempre podremos alegar, como Juanín, el arcipreste, el compañero inseparable de AnGLillo, que el mareo que nos impide levantarnos viene producido por una indigestión, en este caso de las sorpresas que cada día nos depara la actualidad y que nos hablan de gentes que se decían nobles y aceptan ser sobornadas, de graciosos que se han hecho sospechosamente millonarios, de historiadores de pacotilla que dan la vuelta a la tortilla de la guerra civil, y de graciosos sin ninguna gracia que campean por ahí defendiendo causas infumables. Y faltándonos al respeto, abusando de nuestra confianza. Pero, dadnos tiempo.
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