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Estudiante, esquizofrénico, leonés y suicida: Tío Vicente

CULTURASIR

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Fulgencio Fernández | 02/12/2018 A A
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Estudiante, esquizofrénico, leonés y suicida: Tío Vicente
Literatura El joven leonés Vicente G. Luelmo se suicidó en Guardo. El hecho se le ocultó a su sobrino Sergio González, periodista, quien al conocerlo lo ha reconstruido y llevado a un libro
El médico que lo examinó estableció como causa de la muerte un shock traumático. Llevaba una máquina de escribir Olivetti Studio 46 y una maleta con pantalones y camisas que le acababa de comprar su hermana. El dueño del Hostal Jay informó de que se había pasado la noche por los pasillos sin dormir. Tal vez durmió algo por la mañana. El dueño del Hostal Jay también informó de que había pagado la cuenta y había estado dando vueltas por la estación. Tal vez había comido algo antes. Tal vez». (...) «A falta de testigos directos, el relato de su prima Tere, entre otros, me ha permitido reconstruir lo siguiente: algunos pasajeros pronto percibieron la agitación del hombre moreno y de escasa estatura que no cesaba de levantarse del asiento y mirar por la ventanilla. Cuando se tiró, uno de los pasajeros estiró la manilla de emergencias y el maquinista frenó la locomotora bloqueando las ruedas. El tren había escupido al suicida, que al ver que el maquinista echaba marcha atrás para recogerlo, se levantó y se apresuró a meterse debajo».

Mi padre no quería hablar del suicidio de su hermano, me llegó a confesar que tenía miedoSon pasajes del blog del periodista Sergio González Ausina. Son pasajes de la reconstrucción que hace de la biografía de su tío, el joven leonés Vicente González Luelmo, futbolista en el equipo del barrio de San Esteban, el suyo; estudiante en León en aquel Colegio Universitaria dependiente de la Universidad de Oviedo; guía de la Cueva de Valporquero y esquizofrénico.

Y con 25 años, en 1977, se suicidó tirándose al tren en Guardo, localidad en la que vivía una hermana de Vicente pero ‘el esquizofrénico’ (como siempre le llama su sobrino) no estuvo en su casa sino en la citada pensión (el hostal Jay). Todo fue extraño y hasta sórdido. El suicidio se produjo en un descampado y trasladaron su cuerpo a Valcuende, donde los vecinos lo velaron dos días esperando a la familia, pero no hay autopsia, no hay expediente judicial.

Y ahí se hizo el silencio.

Sergio González Ausina nada sabía de su tío. Trabajaba en Calpe de periodista y un tema sobre el que trabajaba, en el que se había especializado, era el suicidio. «Sin saber que en mi familia había un suicidio escondido en el armario». Un día su padre se lo confiesa: «Pues tu tuviste un tío que se suicidó».

Sergio González estaba luchando para que el suicidio dejara de ser un tabú y se encontró en una familia en la que lo había sido; no solo su padre, nadie había hecho nada. Y comenzó un trabajo de años, una investigación periodística que se ha convertido en un libro sorprendente que hace pocos días ha presentado en León, ‘Última carta. Un suicidio en mi familia’.

Un gran reportaje periodístico, paso a paso, con visitas a León, encuentros con amigos, los compañeros del fútbol, cartas a la Universidad, los juzgados... que no siempre ayudaron en algo. «Le informo que en el año que Vd. indica no existían aplicaciones informáticas y no se conservan en el Juzgado expedientes de esa antigüedad. En Cistierna, a 22 de noviembre de 2011».

González Ausina jamás cejó en su empeño. Lo tenía muy claro: «Tenía claro que había que romper con el tabú del suicidio, pero no era nada fácil, mi padre cada vez era menos receptivo a contarme más cosas —el resto de la familia menos aún— y me llegó a confesar que le daba miedo hablar de ello». Y reflexiona sobre un esquizofrénico cuya familia más cercana estaba en Calpe o Guardo, solo en León...

Y el reportaje se hizo novela, con prólogo del conocido periodista Arcadi Espada: «En el tabú sobre el suicidio, que los periodistas quiebran con cinismo cuando el protagonista es una persona famosa, influyen otras causas, singularmente la religiosa. Incluso una determinada concepción del derecho a la privacidad y la supuesta voluntad soberana de los suicidas. Como responde un sacerdote a González Ausina cuando le pregunta por la casilla de la causa de los libros de defunciones: «En los libros no se pone lo que desprestigia a la familia. El suicidio no se suele poner. Se deja en blanco».

Es importante contarlo, informar, hay que acabar con el tabú que siempre ha habido con los suicidas Para Julio Valdeón Blanco este volumen es «uno de los libros del año" y elige el párrafo del comienzo de la investigación como muy ilustrativo de lo que es el libro:«Por las noches había ido calentándome. Abría los álbumes de fotos y me imaginaba sus vidas. Me detenía en el semblante de Mary en la boda de mis padres, un mes después (del suicidio). En Vicente y sus botas de cuero, un mediodía portuario. Y en el piso de Maestro Uriarte, con mis abuelos, unas navidades, y de las últimas. El pie de todas aquellas fotos presentaba a mi padre como el testigo mudo de una destrucción familiar. Un hombre cansado y al que nunca había visto leer un libro».

El psiquiatra leonés Juan José Martínez Jambrina, asesor del autor en temas de esquizofrenia y comportamiento es contundente: «El periodista Sergio González Ausina ha escrito, sin apoyarse en la ficción, una crónica que huele a obra maestra. Todo para contradecir a los cobardes que fingiendo proteger al prójimo solo piensan en sí mismos. Sobre esto dudaba mucho Ignacio Aldecoa pero Ausina le muestra que huir nunca explica la huida».

Y el citado periodista insistió en León en la contundencia de los datos que le llevan a mantener su batalla contra el tabú y el silencio que rodean a los suicidios, cuya cifra total anual ya resulta escalofriante: «Hay que formar e informar, incluso en las escuelas».
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