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Esquizofrenia

Esquizofrenia

OPINIóN IR

08/04/2021 A A
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Esquizofrenia
La verdad es que ya estoy cansado de dar caña al ‘Cómite de Especialistas en el Coronavirus’, o como se llame la película esa que nos han contado que es la que manda en todos los asuntos de la pandemia y cuya cabeza visible (¿única?) es el doctor Simón. Lo que ocurre es que cada día que pasa me atiborran de argumentos para no parar. Sólo a una banda de incompetentes se le puede ocurrir la idea de obligar a la gente a llevar puesto el puto bozal en todos los sitios, incluídas las playas, los caminos de concentración o la montaña, aún estando sólo. Únicamente se me ocurren dos motivos para dictar esa medida: tienen un stock de mascarillas del copón y quieren ayudar a las multinacionales a darles salida o quieren tener entretenidos a los jueces, para que no se aburran, debatiendo hasta la madrugada (siete días a la semana, treinte días al mes) sobre si son válidas o no las multas que pone la ‘autoridad’ a los primaveras que se pasan la jugada por el forro de los... pantalones. ¿Se puede ser más cretino?

Mientras se les ocurren estas ideas, dignas de la mejor época del T.B.O., esa misma ‘autoridad competente’, permite que los extranjeros que disponen de posibles, llenen los aeropuertos y las calles de Madrid, de Barcelona o de Palma, mamándose como perros, sin llevar el susodicho bozal y sin guardar distancia de seguridad alguna, riéndose de los guindillas o de los maderos que les van a reñir. Dice la ‘autoridad’ que tiene las manos atadas para impedirlo. Que si el espacio Schengen, que si las normas de Europa... Uno, la verdad, es que no sabe si fiarse de ellos cuando ponen como excusa a Europa. Se ha demostrado, anteriormente, que han mentido cada vez que han invocado a la Unión: en el IVA de las mascarillas, en el IVA de la luz... Mientras esto sucede, llevo nueve meses sin poder ver a la familia de mi hijo porque tiene la desgracia (o la ventura, vaya uno a saber) de vivir en Madrid y es de los pocos de sus habitantes que cumple a rajatabla con las normas. Debe de ser gravísimo conducir durante tres horas para venir a León, algo por lo que tienes que confesarte ‘ipso facto’, no sea que la palmes y no te libre ni Dios de vivir la eternidad en las calderas de Pedro Botero. Siempre he llevado fatal lo del ‘agravio comparativo’ y, durante este año esquizofrénico que llevamos, lo he sentido en mis carnes muchas más veces de lo que mi salud mental puede soportar. Debe de ser que el ‘Comité de Sabios’ cree que los habitantes de la España vacíada somos ciudadanos de segunda o de tercera regional, para nada comparables a los urbanitas, que ellos sí que sufren al tener que vivir en un puto piso de setenta metros cuadrados, en muchos casos aguantando a los churumbeles, a la suegra, al can y a la madre que los parió a todos. Aquí, en mi pueblo, si tienes la desgracia de tener ochenta años y la suerte de que te llamen para administrarte la vacuna, debes de desplazarte a León, aunque haya un centro de salud con una médica y una enfermera que se pasan, la mayoría de su jornada laboral, mirando pal sol, puesto que hay que echar una instancia para que la doctora te reciba. Una persona que ha llegado a esa edad, más que provecta, normalmente no tiene coche, por lo que tiene que rezar para que alguien la lleve. ¿No sería mucho más sencillo traer al pueblo dos o tres enfermeras que en dos horas, como mucho, vacunasen a todos los viejos del ayuntamiento? Por lo visto, la Junta de Castilla piensa que no.

Y la última: por lo visto y leído, si un municipio tiene la desgracia de llegar a un ratio de ciento cincuenta contagios sobre cien mil habitantes, será obligado a cerrar sus bares y todos los comercios no esenciales. No dice nada la norma (emitida por el Comité de Sabios y abrazada con alborozo por la Junta, según anunció el ‘hombre más odiado de Castilla y León’, el vicepresidente Igea) sobre si la gente de ese municipio puede desplazarse a tomar un café o una caña, al de al lado, que está libre de contagios. Parece que sí, o eso queremos creer. Se puede dar el caso de que mis amigos y un servidor tengamos que andar dos kilómetros y medio, desde Vegas hasta Barrio de Nuestra Señora, para llegar al abrevadero de Pablo y llenar la panza... O al revés, que también puede ocurrir, por lo que veo a Miriam (la dueña del bar de Vegas) rezando a todos los Santos para que los bares de Santa Colomba se cierren y ella pueda completar la caja, aunque se haya contagiado hasta el apuntador.

No me cabe duda de que el ‘Comité’ obra de buena fe, o eso quiero creer. Lo que me molesta es que los que asesoran (al Gobierno de la nación o al de la Junta) sean tan tontos como para hacerles caso. No sé para qué necesitan a los ‘asesores’ que tienen por cientos y que pagamos todos los españoles a través de los Presupuestos Generales del Estado. Por lo visto, estos también sobran... ¡País!... Salud y anarquía.
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