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Especial: El año que la lucha volvió a ser 'leonesa'

Especial: El año que la lucha volvió a ser 'leonesa'

LUCHA LEONESA IR

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Fulgencio Fernández | 23/10/2021 A A
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Especial: El año que la lucha volvió a ser 'leonesa'
Suplemento La lucha volvió a la actividad en formato reducido, todos los datos y las historias de los 14 corros disputados
Era un año que se presentaba muy complicado. Y además llegaba después de un año en blanco. Se acercaba el verano, el tiempo de la Liga de Verano y la pandemia era una especie de vieja canción, «pasito para adelante mi vida, pasito para atrás...». Nadie se atrevía a asegurar nada y, la verdad, los más optimistas eran pesimistas.

Todo apuntaba a otro verano en blanco que, en lucha leonesa, es casi sinónimo de otro año en blanco. Los entrenamientos no comenzaban, no se autorizaban más bien, los pueblos no se atrevían a solicitar los corros, la Diputación —de ella depende la subvención que hace viables la mayoría de las citas— también estaba a la espera.

Y cuando se acercaba la hora de la verdad y todo parecía más perdido que nunca comienza a abrirse camino una luz. «Habrá Liga. Con mascarillas, con restricciones, con tests de antígenos, con distancia de separación... pero habrá Liga». Ya se habían perdido citas como la Romería de Camposagrado pero...

Quintana de Rueda recupera un viejo privilegio y es quien abre esta Liga, el 11 de julio, con alrededor de 15 corros anunciados, con algunas fechas abiertas... y finalmente se quedan en 14 corros disputados —no lo celebró Liegos, Villaquilambre lo recuperó a final de Liga y Lillo lo aplazó 15 días a causa de la elevada incidencia del Covid—, una cifra modesta pero que permite que haya competición, aunque se pierden citas importantes: Villafañe, La Vecilla, Mansilla, Sahechores, romería de las Manzanedas, por citar algunas. Las chicas, curiosamente, mantienen mucha mejor proporción que temporadas anteriores y pueden disputar nueve corros, siendo en la recta final de la competición prácticamente los mismos corros que en masculina.

Y llegó la cita de Quintana, con los servicios médicos haciendo los tests, algunos miedos en los espectadores y algunas sorpresas en lo deportivo: David Riaño ya avisa en la primera cita que está ahí y le disputa la final a Víctor Llamazares; Adri el de Villavente irrumpe con enorme fuerza y le infringe una derrota al todopoderoso Moisés; Tomasuco deja claro desde el primer minuto que busca una Liga y Jesús Quiñones se convierte en el primer aspirante de pesados, categoría en la que logra la tercera plaza un Pedro Alvarado al que estamos acostumbrados a ver en semipesados pero que ha llegado a la pradera de Quintana con 92 kilos. Con el tiempo bajó de peso, pero los buenos resultados le animaron a seguir compitiendo en pesados... y acabó ganando la Liga.

En Quintana se recordó a Casimiro Burón, el ex luchador local que se había ido en la pandemia. Esa sería otra cara triste, algunas despedidas en esta familia de la lucha, algunas de jóvenes como Tasio.

La cara de la temporada, sin duda, que había ganas de lucha. No faltaron luchadores y, sobre todo, la sensación general fue que, en contra de lo esperado, la asistencia a los corros fue más elevada que en la última temporada disputada, en 2019, pese a los temores, las distancias... pero es evidente que sigue habiendo un problema de asistencia de aficionados a los corros. Este año había ganas de lucha tras un año en blanco, pero con la normalidad tendrán que volver las iniciativas para ganarse aficionados.

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